12 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Ha sido encontrado sin vida en su celda de aislamiento en la prisión pontevedresa de A Lama, donde permanecía en régimen cerrado tras numerosas peleas

Se investiga la muerte de Fabrizio Joao Silva, el 'Hannibal Lecter' de las cárceles españolas que sembró el pánico en ellas

Fabrizio Joao Silva Ribeiro, el preso conocido como el
Fabrizio Joao Silva Ribeiro, el preso conocido como el "Hannibal Lecter" de las cárceles españolas
Fabrizio Joao Silva Ribeiro fue hallado muerto en su celda de la prisión de A Lama (Pontevedra) este miércoles. Es el criminal más peligroso de las cárceles españolas y se encontraba en un régimen de aislamiento especial, sin tener comunicación con otros internos y en el que los funcionarios tenían que extremar sus precauciones cada vez que tenían contacto con él. Ha pasado por diferentes centros penitenciarios donde ha protagonizado agresiones a funcionarios y ha matado a otro reo a golpes.

Fabrizio Joao Silva Ribeiro ha sido durante años el interno más peligroso recluido en las cárceles del sistema penitenciario español. Se trata de un hombre originario de Guinea Bisseau, de 36 años, con un historial delictivo extremadamente violento. De gran envergadura, 1,80 metros de altura y llegando a pesar 120 kilos, ha sido apodado como el ‘Hannibal Lecter’ de las cárceles españolas, donde, tanto funcionarios como compañeros de celda han sufrido en diferentes ocasiones sus brutales ataques.

Sin lugar a duda la fama que le precede no está basada en exageraciones, sino que sus actos son los que han hecho que este preso haya pasado los últimos años aislado del resto de internos y de los trabajadores penitenciarios. Su historia se remonta al año 2004, cuando violó y asesinó asestando hasta 25 cuchilladas a su novia, Adama Aua Bari, en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga. Antes de acabar con su vida llegó a decirle “Muérete puta: si no te acuestas conmigo, no te acuestas con nadie”.

Por estos hechos fue condenado a 22 años de prisión y no volvería a protagonizar un incidente similar hasta diez años después, durante su estancia en el centro penitenciario de Córdoba en 2014. Fabrizio golpeó a su compañero de celda hasta acabar con su vida, aumentando su condena en 17 años. Cuando se le juzgó, los presos declararon sentir pánico por compartir prisión con él. El propio Fabrizio declaró: “Por estar en el régimen en el que estamos, somos machacados”.

Después de este suceso el Hannibal Lecter de origen africano fue trasladado por primera vez al penal de Puerto III, en Cádiz. A partir de este momento, los funcionarios de prisiones no volverían a olvidar su nombre. El 21 de julio de 2016, durante un registro rutinario, mandó al hospital a cinco trabajadores que intentaron cachearle.

Los funcionarios no sabían que Fabrizio Joao tenía un pincho de fabricación casera escondido en el zapato. El peligroso interno les sorprendió y agredió produciéndoles diferentes lesiones: uno recibió un corte en la yugular, otro acabó con la dentadura rota, al tercero le rompió la nariz, el cuarto terminó con una lesión en los ligamentos de la rodilla y el quinto sufrió un corte en el brazo, que le dejó una herida de cuatro centímetros. A mediados de 2018 la Audiencia Provincial de Cádiz le condenó a 19 años y medio de prisión por esta agresión de extrema violencia.

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Centro penitenciario de A Lama (Pontevedra), donde Fabrizio Joao Silva pasó sus últimos días en aislamiento

También protagonizó un ataque con arma blanca en la cárcel de Morón y, tras esos violentos incidentes, fue trasladado a la prisión de Teixeiro (A Coruña). Permaneció completamente aislado hasta principios de este año, cuando se le trasladó al centro penitenciario de A Lama con el mismo régimen. Estaba clasificado como FIES 1 de control directo, el acrónimo de “ficheros de internos de especial seguimiento”, y su condición era la de “la cárcel dentro de la cárcel”.

La situación de Fabrizio era excepcional en el sistema penitenciario debido a su alta peligrosidad. De hecho, estaba solo en una galería, donde solo él ocupaba una de las celdas y en aislamiento. No tenía ningún tipo de contacto con el resto de los internos y los funcionarios tenían que tomar todo tipo de precauciones cada vez que se acercaban a él. Así, los trabajadores le suministraban la comida a través de una puerta metálica, salía al patio solo, se duchaba en su celda y era controlado a través de una pantalla. Una situación única y extrema.

Su aislamiento y su escaso contacto con otras personas desgastaron a Fabrizio Joao, quien no hace mucho remitió una carta a la dirección de la cárcel de A Lama para advertir que desobedecería a los funcionarios si seguía en este régimen. Incluso había iniciado hace nueve días una huelga de hambre que abandonó el día en que apareció muerto.

Ha estado controlado por los servicios médicos durante este tiempo y no se detectó ningún problema de salud, incluso su peso reflejaba en la mañana de este jueves 107 kilos. A falta de los resultados de la autopsia, no se ha observado ningún indicio de posible suicidio. Ha aparecido muerto en el baño de la celda, tirado en el suelo y con una herida en la cara, al parecer debido al golpe al caer. El ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, ha asegurado que su muerte "será investigada desde el primer momento".

Con la muerte de Fabrizio Joao Silva Ribeiro se pone fin a una situación extrema en el sistema penitenciario español en la que un solo preso ha conseguido atemorizar a los funcionarios de prisiones y a sus propios compañeros. Hasta el año 2047 este Hannibal Lecter de las cárceles españolas no hubiera disfrutado de la libertad.

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