07 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

El cambio se produjo de forma súbita entre los participantes el segundo día, cuando empezaron los abusos de los falsos guardias sobre los presos

El Experimento de Standford: La trágica investigación que dejó graves secuelas psicológicas

Dos voluntarios durante el experimento.
Dos voluntarios durante el experimento.
El Experimento de la Cárcel de Stanford fue un estudio llevado a cabo por el psicólogo Philip Zimbardo con ayuda del Gobierno de los Estados Unidos para conocer los límites de la moral humana y el abuso del poder. La mecánica era simple. Los sujetos de prueba se dividían en dos grupos; unos serían prisioneros y otros guardias. Estos últimos tendrían un claro poder sobre aquellos que eran reclusos. El objetivo era conocer las reacciones de ambas partes y como se relacionaban entre ellos.

En el campo de la Psicología se han hecho experimentos que a día de hoy la humanidad recuerda con curiosidad, estos experimentos han encontrado explicación a muchos fenómenos presentes en nuestra sociedad y han desvelado algunos de los secretos de nuestro comportamiento como personas.

A pesar de que la Psicología es una de las ciencias cuyos experimentos carecen de riesgo físico, lo cierto es que no todos son tan inofensivos como el realizado en los perros de Pavlov, estudio clave para el desarrollo de la Psicología conductista, o las teorías de Sigmund Freud sobre el Psicoanálisis. La Psicología también ha dado pie a investigaciones y experimentos de carácter cuestionable.

Iván Pavlov sentó muchas de las bases de la psicología conductista

El experimento de la Cárcel de Stanford en agosto de 1971 supuso un antes y un después en la manera en la que los seres humanos concebimos y entendemos la autoridad. El objetivo de este experimento era realizar un seguimiento de dos tipos de sujetos de prueba para el estudio, quienes tenían que adaptarse y cumplir con un papel: Unos eran prisioneros, otros eran guardias. Esta situación no tardó en descontrolarse y mostrar resultados de cómo reaccionan los individuos cuando se les dota de poder sobre otro que no puede defenderse.

Un comienzo controvertido

La mente detrás de este experimento fue el psicólogo Philip Zimbardo, quien deseaba delimitar la frontera entre el bien y el mal, quería saber hasta donde puede llegar la moral humana cuando al individuo se le dota de poder frente a otros más vulnerables.

Para conseguir a los sujetos voluntarios Zimbardo publicó un anuncio en los periódicos locales ofreciendo 15 dólares diarios por participar en el experimento de una cárcel simulada durante dos semanas. El dinero del presupuesto procedía directamente del Gobierno de los Estados Unidos, que deseaba conocer el por qué de los conflictos diarios en su sistema penitenciario.

Philip Zimbardo.

Se seleccionaron a 24 sujetos, todos hombres, la mayoría de clase media y, sin que estos supieran, se les asignó un rol aleatoriamente. En ese momento el experimento ya había sido puesto en marcha.

Con ayuda de oficiales de policía reales, los sujetos a los que se les había asignado, sin saberlo, el papel de prisioneros fueron detenidos en sus domicilios de manera auténtica y llevados a comisaría, donde fueron fichados. Posteriormente, los sujetos de prueba detenidos fueron trasladados con los ojos vendados al sótano del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford, que había sido adaptado para parecerse a una prisión real.

El proceso mediante el cual los sujetos del experimento ingresaron en la prisión también fue llevado de la manera más realista posible. Los “prisioneros” fueron despojados de sus ropas, inspeccionados y aseados. Recibieron un uniforme con un número bordado, esto tuvo especial importancia durante todo el experimento ya que, con el fin de lograr una despersonalización de los apresados, sus nombres eran ignorados y los “carceleros” siempre se dirigían a ellos por su número. También les fueron puestos grilletes en los tobillos.

Una prisión sin reglas

Para mantener el experimento en marcha se impusieron varias reglas, la más importante y significativa de ellas era que los carceleros no podían tener contacto físico con los prisioneros, mucho menos recurrir al castigo o abuso físico. El papel que debían tomar los sujetos fuera de las rejas era el de incomodar e incordiar a los presos, pero nunca ir más allá de eso. El aspecto que más preocupaba a los reclusos era el hecho de que no contaban con ninguna privacidad, eran monitoreados y vigilados constantemente y ni siquiera podían satisfacer sus necesidades fisiológicas sin estar ante la atenta mirada de alguno de los guardias. El objetivo de esto era observar cómo estas circunstancias afectaban al comportamiento y la toma de decisiones de ambos grupos.

El primer día no ocurrió nada verdaderamente reseñable, de hecho, tanto guardias como prisioneros parecían rechazar cumplir con sus papeles de manera estricta. Sin embargo, la situación cambió repentinamente al segundo día. Los guardias empezaron a notar que podían ejercer otro tipo de violencia aparte de la física. Empezaron a interrumpir el sueño de los reclusos, un tipo de tortura que se remonta a varios siglos atrás y hoy en día son bien conocidos los efectos que puede tener la falta de sueño en una persona.

Universidad de Stanford, donde se llevó a cabo el experimento.

Fue en ese momento que estalló una revuelta, los presos decidieron trabar las puertas con sus camas para evitar que los guardias les quitaran los colchones. Este motín fue prontamente apaciguado por los carceleros utilizando el gas de los extintores para controlar a los disidentes. Se cruzó la línea, los sujetos del experimento que representaban la autoridad habían atacado a los reclusos. No se puede decir que este acto no fuese letal, ya que el gas de los extintores en aquella época era altamente tóxico y rociar a alguien con ellos podía ser considerado un acto de violencia. Sin embargo, el experimento no fue detenido. Estaba claro que los carceleros tenían el poder.

Abuso de autoridad y conclusión 

A partir del incidente con los extintores hubo un cambio en la prisión falsa: Los carceleros reafirmaron su autoridad y los reclusos asumieron su situación de inferioridad y vulnerabilidad.

Los maltratos y humillaciones por parte de los guardias a los presos empezaron a ser más frecuentes, los sujetos con la autoridad empezaban a sentirse empoderados por ésta y habían perdido completamente el contacto con la realidad. Se hallaban totalmente inmersos en su papel, habiendo olvidado que se trataba simplemente de un experimento monitoreado por científicos.

La situación degeneró de una manera tan rápida que el mismo doctor Zimbardo tuvo que interceder. Se mudó a la oficina que tenía en las instalaciones del experimento para estar en contacto constante con los sujetos de prueba. A pesar de ello, no realizó ningún esfuerzo para frenar el abuso.

El actor estadounidense Adrien Brody protagonizó la segunda película basada en el experimento

Hacerlos permanecer desnudos, negarles la comida u obligarles a hacer el ridículo se convirtieron en prácticas frecuentes junto con el abuso físico como los empujones, las zancadillas y los zarandeos. Ninguno de los investigadores detuvo el experimento.

Zimbardo concluyó, gracias a las declaraciones de los involucrados, que la situación influye en la conducta a nivel de comportamiento. Encasillar en un papel a un individuo acabará por alienarlo y comportarse acorde a su papel, o lo que se espera de éste. De manera que, si un individuo goza de una situación de superior frente a otro, este intentará ejercer un control de forma abusiva. El experimento se detuvo prematuramente antes de cumplir la primera semana, previsto para dos, al sexto día. La situación se salió de control y finalmente los investigadores optaron por detener el simulacro. Muchos de los prisioneros desarrollaron desórdenes emocionales e incluso algunos de los que ejercieron como guardias admiten a día de hoy no comprender las causas de su comportamiento durante el experimento.

Los investigadores insisten en que los sujetos de prueba fueron elegidos de manera aleatoria y ninguno manifestaba ningún tipo de predisposición a la violencia antes del experimento. Todos eran sujetos sanos a los que corrompió la situación en la que se encontraban y empezaron a actuar en consecuencia de su papel y situación de poder.

Todas estas conclusiones fueron recopiladas por el propio Zimbardo en su libro El Efecto Lucifer: el porqué de la maldad y, a pesar de los fallos éticos, este experimento supuso un gran paso para la psicología y permitió ahondar en los abusos cometidos en cárceles reales por funcionarios pertenecientes al Gobierno estadounidense. Dentro de este marco se encuentran las torturas cometidas por agentes de la CIA a los reclusos de la prisión de Abu Ghraib en Irak y de cuya existencia tenemos conocimiento a día de hoy gracias a la denuncia efectuada por el sargento Joseph Darby en 2004.

Prisionero en la Abu Ghraib.

En el caso de la prisión iraquí las vejaciones iban incluso más lejos, en 2005 The New York Times publicó algunas de las torturas y abusos más frecuentes de los soldados norteamericanos a los prisioneros, en estos se incluían: Orinar sobre los prisioneros, saltar sobre sus extremidades para evitar que las heridas sanaran, verter ácido fosfórico sobre los reclusos y numerosas violaciones.

El Experimento de la Cárcel de Standford fue tan insólito para la sociedad que ha inspirado tres películas que retratan los abusos y situaciones vejatorias que se dieron en el sótano de una universidad norteamericana con total impunidad. Estas son: Das Experiment, de 2001; El Experimento, de 2010 y El Experimento de la Cárcel de Stanford, de 2015.

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