07 de marzo de 2021
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FIN DE SEMANA

Una persona por gastos básicos de subsistencia consume un mínimo 180 euros en alimentación, vestuario e higiene, calculado a 6 euros diarios

El coste que supone un divorcio: Analizamos los casos más comunes y sus consecuencias económicas

Los divorcios generan problemas económicos.
Los divorcios generan problemas económicos.
Cada vez crecen más las peticiones de divorcio en España, pero de lo que no se habla tanto es del empobrecimiento económico que a corto y medio plazo produce un divorcio en la familia, pues se deben cubrir con los mismos recursos económicos, necesidades duplicadas, principalmente mantener dos viviendas.

Nada mejor para entender la ruina económica del divorcio que reflexionar sobre el empobrecimiento familiar que puede generar un divorcio con dos ejemplos muy claros:

Ejemplo 1. Familia media real que se divorcia, con dos hijos, con custodia monoparental de madre y una casa hipotecada en España:

INGRESOS: Con suerte ambos cónyuges tienen trabajo con unos ingresos de 1.200 euros al mes.

GASTOS: Ambos cónyuges son propietarios de una vivienda que, con suerte, tiene una hipoteca de solo 600 euros mensuales que deben abonar a medias, o lo que es lo mismo, cada uno de ellos 300 euros al mes.

Se acuerda el pago de pensión de alimentos por importe mínimo de 150 euros por hijo, sumando por tanto 300 euros al mes a cargo del progenitor no custodio.

En este caso, el padre, como progenitor no custodio, se enfrenta a una vida postmatrimonial ruinosa con 600 euros disponibles sin contar con una solución habitacional. Evidentemente la decisión de alquilarse una vivienda adecuada para atender a los hijos le puede suponer un coste de otros 600 euros que directamente le puede dejar sin comer. La otra opción es tener un familiar que le acoja o compartir vivienda, lo que compromete su independencia, intimidad y desarrollo personal propio y familiar respecto de los hijos. Si no tiene la suerte de tener ayuda, si quiere “tener para comer”, tiene que ahorrar y alquilarse una habitación en la que no podrá atender adecuadamente a sus hijos, pero será su única opción en la que de no saber administrarse solo sobrevivirá malviviendo.

Los divorcios generan problemas de todo tipo.

Ejemplo 2. Familia media real de un matrimonio que se divorcia, con dos hijos, con una custodia compartida en España:

INGRESOS: Seguimos con el caso anterior en el que con suerte ambos tienen trabajo con unos ingresos de 1.200 euros cada uno de ellos.

GASTOS: Cada uno cubre sus necesidades de vivienda de manera independiente por importe de unos 600 euros al mes ya sea de propiedad hipotecada o alquiler.

Aquí nos enfrentamos de partida al problema de la pérdida de ahorro de unión familiar. El hecho de que ambos progenitores tengan que costear vivienda independiente supone que se les va la mitad de sus ingresos en cubrir su solución habitacional. Con 600 euros deben atender la mitad del mes a los dos hijos, cubrir sus propias necesidades y los propios gastos de vida.

En ambos casos, cuando la familia estaba unida tenían unos ingresos de 2.400 euros mensuales y gastos de vivienda de 600 euros al mes por lo que podían disponer de 1.800 euros mensuales con los que podían vivir desahogadamente con calidad de vida. En cambio, divorciados, a ninguno le llegará el dinero a final de mes y no cabe ofrecer jurídicamente una solución satisfactoria para ambas partes pues para ambos el divorcio supone un gran sacrificio. Este es el motivo real de muchos matrimonios infelices que no se divorcian o de matrimonios contenciosos que se ven obligados a mal convivir.

Por desgracia los sueldos que he indicado sí son ajustados a la realidad, pero el precio de vivienda no, pues en las ciudades grandes de España (donde muchas personas tienen que ir a trabajar por no tener trabajo en su lugar de origen) suelen tener un precio incluso más caro.

Además, habrá que incluir posibles créditos personales o tarjetas de crédito. También habrá que añadir los préstamos de vehículo, mantenimiento, combustible o en su defecto los de transporte público. Por si resultara poco, hay que añadir gastos de suministros que, por poco que sea, cada uno de los progenitores abonará unos 100 euros: luz, agua, teléfono… etc. Por poco que consuma una persona, en gastos básicos de subsistencia se gasta un mínimo de 180 euros en alimentación, vestuario e higiene, muy prudentemente calculado a 6 euros diarios. Además, ocio e imprevistos y gastos extraordinarios tanto individuales como de los hijos.

En este contexto general de divorcio de una familia media en España, ¿creéis que la minuta del abogado y el procurador no supone un obstáculo añadido? Evidentemente estoy convencido de que sí, pues lo veo todos los días en matrimonios que, cuando nos conocen, tramitan su divorcio de mutuo acuerdo y en ocasiones nos confiesan que han aguantado y sufrido años de matrimonio contencioso o infeliz por no poder costear los gastos de la separación.

Tal vez cuando rehaga su vida su situación sea más desahogada, pero eso solo será de manera estable si es una relación enriquecedora y en la que no se crean más vínculos, compromisos y responsabilidades.

La unión familiar genera la mayor eficiencia posible. Una familia junta y unida tiene gran capacidad de superación ante cualquier problema. Una familia en discordia es vulnerable a cualquier tipo de contingencia:

- Organización para el cuidado de los hijos que, de no ser flexible y considerada, puede suponernos graves problemas de compatibilización con nuestro horario laboral. Durante el matrimonio, el apoyo mutuo y coordinación permite adaptar las posibilidades de cuidado de los padres a las necesidades de los hijos.

- Posibles enfermedades y dolencias de cualquier miembro de la familia.

- Ahorro en vivienda, suministros, transporte, tareas domésticas, apoyo mutuo familiar.

¿Os imagináis que alguno de los progenitores en cualquiera de los ejemplos se queda sin ingresos? En España contamos con una gran inestabilidad laboral y a mí personalmente me choca el gran nivel de vida general que se observa en la sociedad: cafeterías y restaurantes llenos, móviles de última generación, ropa de marca, caprichos, buenos coches, viajes, eventos...

Muchas personas, parejas y matrimonios viven imprudentemente por encima de sus posibilidades y en los divorcios están tan condicionados por las vinculaciones materiales que no es posible desarrollar el proyecto de vida que cada cónyuge querría. Por eso, deberíamos tender a la moderación y volver a tener vidas más austeras, humildes y ahorrativas que adaptaran nuestra vida a nuestra capacidad económica real para construir un proyecto sostenible. Evitaríamos matrimonios contenciosos que no se divorcian y divorcios que no son capaces de gestionarse de mutuo acuerdo. Hay una mala administración en general a todos los niveles, pero donde deberíamos empezar a cambiarlo por ser la base de la sociedad es en las familias. Vivir por encima de nuestras posibilidades nos puede generar una vida materialista con crecientes necesidades insatisfechas, lo que limita nuestro proyecto individual y familiar actual, así como nuestra capacidad para comenzar futuros proyectos en los que tal vez vayamos con una mochila demasiado pesada que nos impida desarrollarlo con plenitud y ejercer nuestra libertad de una manera efectiva.

Lo queremos todo y, en ocasiones, perdemos lo que más vale, que es la familia por no haberla construido ni valorado adecuadamente como una de nuestras prioridades existenciales básicas. Nos centramos demasiado en el egoísmo de nosotros mismos y demasiado poco en el nosotros y en nuestra pareja y familia y, de no ser capaces de rectificar después de cada error, cometeremos otros sucesivamente que nos complicarán aún más la vida e iremos de charco en charco emocionalmente con el agua al cuello de manera inconsciente y cada vez entenderemos menos y nos gustará menos nuestra vida. Tendemos a victimizarnos y sentir que es injusta nuestra situación, pero la realidad es que en muchos casos hemos sido nosotros mismos los que nos hemos dejado llevar sin ser capaces de tomar decisiones conscientes y desarrollar comportamientos justos, considerados y adecuados en nuestra vida.

 

 

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