19 de mayo de 2024
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FIN DE SEMANA

Este 6 de mayo el rey Carlos III ascendía al trono británico junto a Camilla Parker en un acto histórico tras siete décadas de reinado de Isabel II

Las otras coronaciones 'Royals': De la emoción de la reina Máxima a la ausencia de Juan de Borbón en la de su hijo Juan Carlos

El Cierre Digital en El rey Carlos III y la reina Camilla de Inglaterra.
El rey Carlos III y la reina Camilla de Inglaterra.
Este pasado sábado 6 de mayo Londres se vestía de gala para acoger la coronación del rey Carlos III de Inglaterra. Tras cuatro décadas de reinado de la monarca Isabel II, su primogénito ascendía al trono en una ceremonia celebrada en la Abadía de Westminster. Esta proclamación ha sido la última del panorama 'royal', aunque han sido muchas las entronizaciones históricas a lo largo de la historia. Desde la de Don Juan Carlos dos días después de la muerte de Franco a la austera en Bélgica.

Este pasado sábado tuvo lugar la proclamación del monarca Carlos III de Inglaterra en la Abadía de Westminster. Una coronación histórica tras casi siete décadas de reinado de su madre, la reina Isabel II, quien falleció el pasado 8 de septiembre de 2022. El acto comenzó a las 11.00 horas (hora local) y el cual, estuvo marcado por diversas anécdotas que han pasado a la historia como la entrada de la mano de los príncipes Louis y Charlotte, el nerviosismo de la reina Camilla al desfilar por la Abadía o el look de la reina doña Letizia, firmado por la diseñadora venezolana Carolina Herrera. 

Este evento ha reunido a diversos representantes de casas reales de todo el mundo como Holanda, Luxemburgo, España, Noruega, Bélgica o Suecia,  así como mandatarios que se han desplazado hasta la ciudad del Támesis para acompañar al padre del príncipe Guillermo de Gales y, a su esposa, la reina Camilla. Una nueva coronación, histórica a la par que inolvidable, se suma a la historia de los ‘royals’.

Una coronación esperada

El 2 de junio de 1953 ha pasado a la posteridad como una fecha histórica para el pueblo británico. Una coronación inesperada en la que la joven princesa Isabel asumió el cargo como monarca, un cargo que ya había puesto en práctica puesto que ante el empeoramiento de la salud de su padre, el rey Jorge VI quien luchaba contra una larga enfermedad, se vió obligada a reemplazarle en los actos que componían la agenda real.

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La Reina Isabel II y el Príncipe Felipe de Edimburgo durante la coronación de la monarca.

A principios de la década de los cincuenta, la joven princesa y su esposo, el príncipe Felipe de Edimburgo iniciaron una gira por diversos estados. El 6 de febrero de 1952 aterrizaron en Kenia donde se alojaron en el ya conocido Hotel Treetops. Fue allí donde la hija de la reina Isabel recibió una terrible así como inesperada noticia por parte de su esposo. Su padre había fallecido y ella debía de regresar a Inglaterra para asumir el cargo. La joven, quien había sido educada desde su infancia, no lo dudó ni un instante y ante la presencia de Martin Chateris, su secretario privado, pronunció un firme “por supuesto”.

Tras 14 de meses de preparación y ante un total de 8.000 invitados, la ya reina Isabel II desfiló por la Abadía de Westminster enfundada en un vestido de seda en color blanco y bordado con los emblemas florales de los países de la Commonwealth de la época, diseñado por uno de los modistos de referencia para la monarca, Norman Hartnell. Sus hombros iban cubiertos por una gran capa de terciopelo y lució unas sandalias en piel dorada con la flor de lis en el empeine, emblema que aparece en la Corona de San Eduardo y la Corona Imperial del Estado, obra de Roger Vivier.

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La reina Isabel, junto al príncipe Carlos y la princesa Margarita.

La imagen de la ya nueva reina fue retransmitida por televisión. Casi 27 millones de telespectadores siguieron el acto en directo y más de 11 millones escucharon el acto por la radio. Fue un evento histórico a la par que masivo para el cual se acreditaron más de 2.000 periodistas y 500 fotógrafos de 91 países. Las cámaras lograron captar con detalle algunos de los momentos más significativos de la ceremonia como la emoción de la monarca, el orgullo dl príncipe de Edimburgo o el ‘aburrimiento’ del pequeño Carlos quien se encontraba junto a su hermana pequeña, la princesa Ana. 

Durante la proclamación, la monarca llevó los símbolos más relevantes de la monarquía británica. Uno de ellos fue la Corona de San Eduardo, que recibió, de la mano del arzobispo de Canterbury, en el altar de la Abadía. Fue en ese momento cuando los asistentes al acto entonaron “Dios salve a la Reina”. Otro de los símbolos que la reina Isabel II llevó en su coronación fue el Cetro de la Cruz y el Orbe del Soberano.

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La Reina Isabel II durante su proclamación como monarca en la Abadía de Westminster.

Una de las anécdotas del acto fue en relación a un anillo que deben de llevar los monarcas en el dedo meñique. Según la tradición, cuanto más dolor provoca, más largo será el reinado. A Isabel, hubo que quitárselo tras tener el dedo en agua muy fría para bajar la inflamación. Casualidades de la vida. 

La sombra del Caso Noós y un vestido muy español

Otra de las coronaciones históricas del panorama 'royal' fue la del rey Emérito, Don Juan Carlos de Borbón. Tras cuatro décadas de Régimen Franquista, Don Juan Carlos ascendía al trono ante los asistentes reunidos en el Congreso de los Diputados. Vestido con el uniforme de Capitán General junto a las distinciones militares de la Orden de Carlos III y la Gran Cruz del Mérito militar con distintivo blanco, Don Juan Carlos asumía el cargo en un acto solemne a la par que marcado por una ausencia notable.

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Don Juan Carlos junto a Doña Sofía y sus hijos el día de su proclamación.

Sus padres, los condes de Barcelona no asistieron a la proclamación de su hijo como nuevo rey de España. La tensión entre padre e hijo era patente puesto que el conde de Barcelona jamás aceptó la traición por parte de su hijo quien aceptó el trono de la mano del general Francisco Franco.

Si asistieron sus hermanas, la infanta Margarita junto a su esposo Carlos Zurita y la infanta Pilar en compañía de Luis Gómez Acebo. La familia real griega también estuvo entre los invitados. El ya monarca, estuvo acompañado por sus hijos, las infantas Elena y Cristina, vestidas con un vestido de terciopelo verde musgo y el príncipe Felipe de Borbón, heredero de la corona española así como de su esposa, Doña Sofía de Grecia quien destacó por su elegante estilismo.

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Don Juan Carlos en el interior del Congreso de los Diputados durante su proclamación como rey.

La hija de la reina Federica de Grecia sorprendió a los congregados con un vestido de aire 'español' firmado por María Antonia y Pilar, las hermanas Molinero. Las diseñadoras ya habían confeccionado diversos estilismos para la reina Emérita, sin embargo, la noche antes de la proclamación recibieron su encargo más especial.

El estilismo, partia de la idea principal de emular un capote de torero y estaba compuesto de vestido y abrigo, confeccionado en silueta evasé, con mangas acampanadas y bordados artesanales,en color fucsia. Doña Sofía completó su estilismo con un bolso y salones de la misma tonalidad que el look elegido así como unos guantes en color blanco. El estilismo de Doña Sofía ha pasado a la historia como la nota de color en un acto marcado por el luto por la muerte del dictador. Cinco días después fue coronado en la solemne misa de Espíritu Santo que tuvo lugar en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid.

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La familia real española frente a la Iglesia de San Jerónimo el Real (Madrid).

Si la ausencia del conde de Barcelona destacó en la coronación de Don Juan Carlos de Borbón, la de la infanta Cristina empañaría, 39 años después la del rey Felipe VI. La hermana de Don Felipe y su entonces marido, Iñaki Urdangarin habían sido imputados por el Caso Noós. Tras casi cuatro décadas de reinado, el rey Emérito anunciaba su renuncia al trono el 2 de junio de 2014, una decisión que se formalizó el 18 de junio de ese mismo año en un evento histórico, al igual que lo fue el de su padre. 

La Cámara Baja fue testigo del ascenso al trono del entonces príncipe de Asturias en un acto al que asistieron parlamentarios así como miembros de la familia de los ya nuevos monarcas o allegados. Asistió Doña Sofia, recibió una cálida ovación por parte de los miembros del Hemiciclo, al igual que las infantas Pilar y Margarita junto a su esposo Carlos Zurita fueron testigos. También la infanta Elena quien acudió junto a su hijo, Froilán quien compartió bancada con el ex jugador de Baloncesto Pau Gasol.

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Don Felipe VI junto a su esposa, la Reina Letizia y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía.

También estuvieron presentes los padres de Doña Letizia, Jesús Ortiz quien acudió junto a su esposa, Ana Togores, y Paloma Rocasolano quien se sentó junto a si padre,  Francisco Rocasolano, y su ex suegra, Menchu Álvarez del Valle. Dos de las protagonistas de la proclamación del monarca fueron sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía quienes siguieron atentas el transcurso del acto y siguieron las directrices de su madre. 

Destacó una emocionada Doña Letizia, quien ante el procedente de su suegra, escogió un look que a día de hoy, figura como uno de sus mejores estilismos. La excomunicadora confío Felipe Varela, uno de sus diseñadores de referencia. La monarca lució un abrigo y vestido de color blanco inmaculado con detalles joya en el escote que completó con una cartera de mano también firmada por el modisto y salones de la firma Magrit Shoes.

De izda a dcha: El exjugador de baloncesto Pau Gasol junto a Froilán, Doña Sofía junto a la infanta Elena, Paloma Rocasolano junto a Menchu Álvarez Del Valle y Francisco Rocasolano, Jesús Ortiz y su esposa, Ana Togores.

Posterior al acto, la familia real se desplazó hasta el Palacio Real donde comenzó un larguisimo 'besamanos'. Un total de 2.500 asistentes tuvieron la ocasión de saludar a los ya reyes de España y entre los que figuraban rostros de la política, cultura o deporte como los cantantes David Bisbal, Pablo Alboran, Alejandro Sanz en compañía de su exmujer Raquel Revuelta, la socialista Isabel Preysler, el presidente del Real Madrid Florentino Pérez, las actrices Ana Duato o Carmen Machi, el cineasta Alejandro Amenabar o los deportistas Mireia Belmonte, Marc Márquez,  Dani Pedrosa o el que fuera as del tenis, Manolo Santana.

De izda a dcha: La actriz Ana Duato, Enrique Ponce y Paloma Cuevas, Isabel Preysler, Alejandro Sanz y Raquel Revuelta, David Bisbal, Mireia Belmonte, José María Manzanares y su mujer, Rocío Escalona, el extenista Manolo Santana y su viuda, Claudia Rodriguez.

Del mundo del toreo también hubo representación. Asistió Enrique Ponce con su exmujer, la empresaria Paloma Cuevas, Javier Conde junto a su esposa la cantaora Estrella Morente, 'El Juli' junto a su esposa Rosario Domecq, Jose Maria Manzanares o Juan José Padilla. Posteriormente, los invitados disfrutaron de un cóctel en el que se sirvieron vinos como Flor de Vetus Verdejo o Finca Villacreces. Dos de los favoritos del monarca.

Una ceremonia sombría y un look brillante

 

Del panorama real europeo, las monarquías de Holanda y Bélgica abrieron paso a un tiempo nuevo puesto que ambas coronaciones fueron las primeras de la nueva generación de herederos. El 30 de abril de 2013 los entonces príncipes Guillermo y Máxima ascendían al trono en una ceremonia muy significativa. Tras 33 años de reinado de la reina Beatriz, marcado por el rechazo del pueblo holandés hacia su esposo Nicolás de Amsberg quien había servido en las Juventudes Hitlerianas, su hijo Guillermo asumía el cargo.

Fotos: Paso a Guillermo de Holanda | Internacional | EL PAÍS

Coronación de los reyes de Holanda.

Previamente a la proclamación, los monarcas celebraron una cena previa en el Museo Nacional de Ámsterdam, el Rijksmuseum en el que la argentina confío en el diseñador italiano Valentino para que confeccionara su estilismo. La anécdota de aquel evento la protagonizó la emperatriz Masako, quien no acudió a la cena ya que se encontraba indispuesta por la depresión que padecía desde hace años. Su esposo, el emperador Naruhito acudió solo. 

El acto tuvo lugar en la  Iglesia Nueva de Ámsterdam, en el que la emocionada monarca desfiló de la mano de su esposo, quien vestía el tradicional mantón de armiño, y ante la atenta mirada de sus hijas, las princesas Amalia, Alexia y Ariane, así como de la familia real de Orange y diversos mandatarios que asistieron a la proclamación. La reina Máxima destacó por su elegante estilismo, un vestido-capa en color azul klein firmado por el diseñador Jan Tamimiau. Diez años después de su  investidura como reyes, Guillermo y Máxima es una de las parejas ‘royal’ más queridos de Europa.

Fotos: Paso a Guillermo de Holanda | Internacional | EL PAÍS

Imagen de los reyes de Holanda junto a los miembros de diversas casas reales.

Dos meses después de la investidura de los reyes de Holanda, el 21 de julio de 2013, día de la fiesta nacional de Bélgica, el entonces príncipe Felipe de Bélgica era coronado como rey.  Tras veinte años de reinado del monarca Alberto II de Bélgica, el cual estuvo marcado por la aparición de hijos ilegítimos y las constantes infidelidades hacia la reina Paola, abdicaba en favor de su heredero. No obstante y a pesar de las polémicas, el monarca era uno de los más queridos.

La coronación de Felipe de Bélgica, paso a paso

Foto oficial de la coronación de los reyes de Bélgica en el que aparecen junto a los reyes Alberto II y Paola.

La ceremonia fue de lo más austera e incluso sombría sin apenas representación de Casas Reales y en la que no faltaron las lágrimas de emoción de la madre del nuevo rey así como de la reina Fabiola, quien se encontraba en silla de ruedas. Durante el acto de entronización, el ya rey de los belgas, prestó juramento como nuevo jefe de Estado en tres idiomas: alemán, flamenco y francés.

Posteriormente se llevó a cabo la tradicional misa Te Deum en la Iglesia de San Miguel y Santa Gudula de Bruselas. La ya reina Matilde mostró una gran emoción y ataviada con un vestido en blanco inmaculado, respaldó el discurso de su esposo, unas palabras esperanzadoras y cargadas de intenciones para el pueblo flamenco. 

La tensión entre Mónaco y España

En noviembre del año 2005, Alberto II asumía el trono de Mónaco en un solemne acto en el que se congregaron mandatarios internacionales y miembros de la realeza europea como Suecia, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo o Inglaterra. De la lista de invitados, tan solo una generó debate puesto que la familia real española declinó la asistencia a los actos de entronización.

El hijo de la princesa Gracia asumió el trono de Mónaco con la finalización de todas los ritos previstos en el ceremonial del pequeño Estado. La muerte de Rainiero III el 6 de abril, al que sí acudió el rey Emérito ya que era “un gran amigo”, supuso la sucesión automática inmediata y Alberto pasó a ocupar la jefatura del Estado, que como regente desempeñó desde algunos días antes debido a la postración de su padre.

No obstante, el protocolo monegasco impone una serie de ritos para formalizar la entronización y, en este punto, Alberto quiso imitar a su padre y celebrar los actos en dos fechas distintas.La primera, el 12 de julio de ese mismo año cuando adoptó la forma de un encuentro entre el príncipe y su pueblo, con actos sobrios y circunscritos a la participación de los monegascos.

Imagen de la coronación de Alberto II de Mónaco.

Previamente, Alberto recibió el juramento de fidelidad en el Palacio de los Grimaldi por parte de las principales autoridades del país y no dudó en contar con la presencia de delegaciones extranjeras. Los actos, que coincidieron con la Fiesta Nacional de Mónaco. El principado tiene como religión de Estado la católica, por lo que era obligatorio un oficio, que se celebró en la catedral y en el que el arzobispo Bernard Barsi definió al titular del Principado como "garante de la unidad nacional y del bien común", y le pidió "espíritu de servicio”.

Alberto II siguió la ceremonia con gesto contenido, vestido con uniforme militar en el que relucían varias condecoraciones, flanqueado por sus hermanas Carolina y Estefanía, quienes se mostraron visiblemente emocionadas,  así como otros miembros de su familia. De aquella ceremonia todavía se rumorea acerca de la tensión entre Mónaco y España.

Durante los días posteriores a la toma de posesión de Alberto II de Mónaco se especuló acerca de la ausencia de los miembros de la dinastía de los Borbones y todo apuntaba a que se debía a una especie de malestar por una serie de preguntas y comentarios desafortunados que había realizado el príncipe durante la 117ª Sesión del Comité Olímpico Internacional (COI) el 6 de julio en Singapur (Malasia). 

A lo largo del acto, Madrid era una de las ciudades candidatas como sede para la celebración de los Juegos Olímpicos de 2012. Tras la aplaudida intervención de la Delegación Española, el jefe de estado del Principado formuló una pregunta que no fue del agrado del grupo español ni de la reina Emérita, quien se encontraba en el país asiático. Alberto II lanzó un dardo envenenado a la delegación española sobre la garantía de seguridad que ofrecía la capital española ante las acciones de la banda terrorista ETA, quien había colocado un coche bomba a la salida del Estadio de la Peineta.

Uno de los actos de la entronización de Alberto II de Mónaco.

Como colofón final y para gran disgusto de los miembros de la delegación española que allí se encontraban, el segundo hijo de la Princesa Grace Kelly se interesó por el posible ingreso de Gibraltar en el COI. A partir de aquel acto, los vínculos entre ambas familias fueron inexistentes. En 2011, el jefe del principado pasó por el altar junto a la exnadadora Charlene Wittstock con quien tuvo a sus hijos, los pequeños Gabriel y Jaime, heredero a la corona del Estado monegasco. 

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