14 de junio de 2024
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FIN DE SEMANA

Conocida como 'La bomba latina' en Hollywood, llegó a conquistar a hombres como el cineasta Anthony Mann o,el empresario mallorquín Pepe Tous

Sara Montiel cumpliría 96 años: La manchega que aprendió a fumar puros con Hemingway

Sara Montiel.
Sara Montiel.
La vida de Sara Montiel está llena de anécdotas. La actriz manchega, que hoy habría cumplido 96 años, conquistó Hollywood, aprendió a fumar puros con Ernest Hemingway y se codeó con intelectuales de la talla del cineasta Luis Buñuel. Mantuvo romances con diversos hombres tan distintos como Anthony Mann, Tony Hernández o Pepe Tous, su último gran amor, con quien tuvo a sus hijos Thais y Zeus. En 2023, un 8 de abril, la actriz fallecía a los 85 años de edad en su domicilio de la capital española.

El 10 de marzo de 1928 nacía en el municipio manchego de Campo de Criptana María Antonia Abad Fernández, más conocida como Sara MontielTodo un icono artístico que llegó a conquistar Hollywood y, que, a lo largo de su carrera protagonizó momentos curiosos como el canto de una saeta en 2001 durante una de las procesiones en el marco de la Semana Santa de la localidad alicantina de Orihuela. 

En la segunda mitad del siglo pasado, la industria cinematográfica nacional e internacional no se podría concebir sin la figura de Sara Montiel. Un hecho que no dudó en destacar su hijo, el cantante Zeus Montiel, durante su participación en la última edición del reality show Gran Hermano VIP.

Este pasado año se cumplía una década del fallecimiento de la a su vez conocida como 'diva de los puros', por su amistad con el célebre escritor Ernest Hemingway, y también gran amiga del periodista manchego Armando Del Moral, creador de los icónicos Globos de Oro.

La vida de la artista manchega está llena de anécdotas, unas reales y otras inventadas por ella. Exagerada en su vestimenta, en sus gestos, se negó a aceptar que las estrellas tenían edad y supo hacer de la extravagancia su carta de presentación. La estrella de cine dio lugar a la máquina mediática capaz de generar titulares y fabular historias imposibles por disparatadas, pero que, eso sí, contaba como nadie cuando Antonia, la manchega, daba paso a Saritísima, la diva con un sufijo de Caudillo.

Su debut en el cine

Nacida en Campo de Criptana (Ciudad Real), supo crear varias versiones sobre lo pobre o no que fue su infancia. Hay tantas especulaciones como ella ha querido transmitir. A veces aseguraba haber sido analfabeta hasta los 16 años cuando el dramaturgo Miguel Mihura la enseñó a leer. En otras, afirmaba que una familia de dinero fascinada por su belleza la educó como una señorita de bien en Orihuela, donde emigró su familia. Lo único cierto sin dudas es que en esta última localidad alicantina ganó un concurso de saetas que hizo que la familia Casanova, dedicada al cine, se fijara en ella.

Bajo el nombre de María Alejandra debutó en el cine con una película hoy perdida, Te quiero para mí (1944). Tenía 16 años. Con la siguiente, Empezó en boda (1944), nacería el heterónimo que la hizo célebre: Sarita Montiel. Sara por el personaje bíblico y Montiel por los campos manchegos que la vieron nacer. Durante la España de la posguerra Sarita era una rara avis en el mundo del cine patrio.

Sara Montiel.

Ni respondía al prototipo de la racial folclórica ni a la de apocada dama del melodrama. Se intuía en ella un potencial erótico que pocas oportunidades de lucimiento podría tener en el cine del primer franquismo. Durante años fue la eterna promesa del cine español, enlazando papeles secundarios en las películas más populares de la época como Bambú (1945), con Imperio Argentina, Mariona Rebull (1945), con Jorge Mistral, o La mies es mucha (1948) con Fernando Fernán Gómez.

El trampolín al estrellato

Su verdadero salto a la popularidad se produjo con Locura de amor (1948), uno de los grandes éxitos de taquilla del cine español en esos años. Juan de Orduña, el director, convirtió el proyecto de la vida de Juana la Loca que apuntaba a ser un proyecto típico del cine propagandista del cine franquista en un melodrama y Sara se lució frente a la estrella del momento que era Aurora Bautista. La Bautista era la Reina castellana loca de amor y Sara, la mora Aldara que hacía que Felipe el Hermoso perdiera hasta las pestañas. En la calle se hizo por entonces famoso un comentario respecto a su papel en la película: “La que está buena es la mala”.

Cartel de la película 'Locura de amor'.

Sara pensó que, al fin, sería una estrella importante, pero Juan de Orduña le volvió a soltar un papel secundario en Pequeñeces (1949), de nuevo a mayor gloria de Aurora Bautista. Sara, harta de ninguneo, siguió el consejo de su primer novio, el escritor Miguel Mihura y aceptó irse a México. Por entonces el país azteca era el que dominaba el mercado cinematográfico de habla hispana.

Allí, Sara rodó con las principales estrellas del país como Pedro Infante o Katy Jurado. Sus mayores éxitos fueron Se solicitan modelos (1953) y Cárcel de mujeres (1954). Pero también rodó en la Cuba de Batista films exitosos, como Piel canela (1953).

Como a la manchega nunca le gustó perder el tiempo, en aquellos años en América Latina se codeó con intelectuales republicanos en el exilio, como Luis Buñuel o León Felipe, y también llegó a visitar en la cárcel a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. Además, en Cuba aprendió a fumar puros con Ernest Hemingway. Y, según el día o el año, confesaba haber tenido, o no, amores con este Nobel.

Hollywood, la última frontera

De México dio el salto definitivo a Hollywood. La “meca del cine” abrió de par en par sus puertas a la actriz manchega, una belleza exótica para el espectador norteamericano, que no dejaría escapar una oportunidad así.

El western Veracruz (1954) fue su consagración en la cinematografía yankee. Interpretó el papel de Nina, que consiguió gracias a la intermediación de Norma Anderson, esposa de Burt Lancaster. En el reparto coincidió con el inolvidable Gary Cooper. Los créditos de la película consagraron el apelativo con el que sería conocida en el país norteamericano por siempre: Sarita Montiel. Después, “La bomba latina”, como se la conocía de verdad en Hollywood, rechazó un contrato de siete años del magnate de Columbia Pictures, Harry Cohn, para no encasillarse en papeles de habla hispana.

El año 1956 sería testigo del imparable crecimiento de Sara. La actriz manchega acumulaba éxitos en el terreno profesional tan rápido como conquistaba los corazones de las estrellas más brillantes del firmamento fílmico. En el rodaje de su segunda película en Estados Unidos, Serenade (1956), conoció al legendario Anthony Mann, que dirigía la cinta y que no dudó un segundo en acabar con su matrimonio con su esposa Mildred para casarse con la Saritísima en 1957.

Su romance, no obstante, acabaría con el divorcio de la pareja en 1961. Para entonces, Sara llevaba ya años codeándose con lo más selecto de Hollywood. En aquellos tiempos, presumía de amistad con Marlon Brando, a quien Sara decía haber hechizado con sus huevos fritos con puntilla, o James Dean, con quien la rumorología apunta que pudo tener un intenso affaire amoroso.

Entretanto, aún le quedaba tiempo para seguir rodando en España, donde en 1957 protagonizó El último cuplé, que la elevó a los altares del cine hispano y la convirtió en la actriz mejor pagada del momento. Cuando luego regresó a Estados Unidos, siguió ampliando su círculo social al tiempo que los contratos le llovían.

Era una estrella, todo el mundo la adoraba. El desfile de celebridades a las que conoció esos años no tiene fin: Frank Sinatra, Kirk Douglas, Alfred Hitchcock, Marilyn Monroe, Charles Chaplin… toda una danza de los más ilustres de los años 50 y 60 haciendo cola por conocerla. De sobra conocida es su amistad con la cantante Billie Holiday. Con ella acudió al archiconocido restaurante “Four Seasons”, donde rechazaron servir a la afroamericana por motivos racistas. No se les olvidará a los propietarios del local la reacción de Sara, que, llevada por la furia, rompió un plato contra la pared.

Sea como fuere, su canto de cisne en Hollywood llegaría con Yuma (1957), del director Samuel Fuller, pero su producción no acabaría hasta mucho después: La Violetera (1958), Carmen la de Ronda (1959), Mi último tango (1960), Pecado de amor (1961) o Cinco almohadas para una noche (1973) son tan solo algunos de los trabajos en que participó hasta su retirada, años más tarde.

Mientras tanto, los cambios experimentados por nuestro país no dejaban de sucederse. El dictador agonizaba y la incipiente apertura parecía empezar a resquebrajar el régimen. En este sentido, el mundo del cine no sería ajeno a toda esta novedad. Y pese al sempiterno estatus de paradigma sexual en España de Sarita Montiel, con la llegada del “destape” a nuestro país, la actriz manchega tomó una decisión inesperada abandonando la gran pantalla.

Los romances de 'Saritísima'

La ingente cantidad de películas en las que participó solo encuentra parangón con lo prolífico también de su vida amorosa. Indalecio Prieto, a quien conoció durante su exilio en sus últimos años de vida; Giancarlo Viola, siempre con ideas y venidas;, o dicen que, incluso, Severo Ochoa fueron otros de sus muchos romances. Éste último siempre puesto en duda.

A su ya mencionado matrimonio con Mann le sucedería otro compromiso en  el altar junto a José Vicente Ramírez Olalla, que tuvo lugar en la Iglesia de Montserrat, en plena ciudad de Roma en 1964. No sería precisamente eterno el romance, puesto que la aventura duraría solo dos meses.

Poco después conocería al que, según el propio testimonio de la diva manchega, fue el hombre de su vida, el periodista y empresario mallorquín Pepe Tous, una pareja que le aportaría estabilidad en lo personal, como también en lo económico. Con él, adoptó dos hijos: Thais y Zeus. Tous, quizá haciendo uso de su "amplio conocimiento en el gremio musical", intentó relanzar la carrera de su madre Sarita Montiel cuando, a principios de los 80, esta parecía estar tocando a su fin.

Cuando el cáncer acabó con la vida de su tercer marido Pepe Tous en 1992, Sara inició una lucha titánica con el administrador Francisco Fernández Peñalver por la descomunal fortuna que había legado el empresario mallorquín, una contienda que ensombreció en parte su carácter indómito y que le afectaría gravemente.

Aun así, Saritísima se repondría y aun tendría tiempo para iniciar una última intentona matrimonial en 2002, ya en sus últimos años, con el cubano Tony Hernández, 37 años menor que ella. La relación, continuamente salpicada por el escándalo, no se prolongó más de un año. 

TONY HERNÁNDEZ | Qué fue de Tony Hernández, el superfán de Sara Montiel que  logró casarse con la diva

Tony Hernández junto a Sara Montiel.

Habiendo construido una trayectoria fílmica, discográfica y documental sin precedentes y tras un sinfín de premios y condecoraciones, Sara nos dejaba el 8 de abril de 2013 a los 85 años. Fallecía en su residencia del barrio de Salamanca en Madrid, tras sufrir una crisis de la que no trascendieron detalles.

En el madrileño cementerio de San Justo reposan hoy sus restos mortales junto a los de su madre y su hermana, tal como deseaba. Se apagaba así la luz de una de nuestras grandes embajadoras internacionales, de inconfundible voz, una manchega que rompió todos los moldes. Este 10 de marzo de 2023, Sarita Montiel hubiera cumplido 96 años.

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