03 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA

Este viernes declaraba por simulación de delito por su ataque sexual inventado, que desencadenó una tormenta política durante tres días

Condena de 480 euros de multa al joven que conmocionó a España al denunciar una falsa agresión homófoba en Malasaña

Última hora Calle de la Palma en el barrio madrileño de Malasaña.
Calle de la Palma en el barrio madrileño de Malasaña.
El Juzgado de Instrucción número 52 de Madrid ha condenado este viernes a una multa de 480 euros al joven de 20 años investigado por simulación de delito, que inicialmente se enfrentaba a una pena de multa de entre seis y doce meses de cárcel por denunciar una infracción penal inexistente, provocando la apertura de actuaciones judiciales. Tardó tres días en confesar los hechos a la policía y lo hacía de nuevo este viernes ante el juez.

El joven que el pasado 5 de septiembre denunció que ocho encapuchados le dieron una paliza y le grabaron la palabra “maricón” en las nalgas por su condición sexual, ha sido condenado este viernes a una multa de 480 euros por el Juzgado de instrucción 52 de Madrid, que le llamó a declarar. El juez le acusaba de simulación de delito por la denuncia de una agresión inventada que conmocionó a toda España y desencadenó una tormenta política durante tres días, el tiempo que el joven mantuvo la mentira para ocultar a su pareja que las heridas se las produjo durante una cita concertada por internet con dos hombres para mantener sexo sadomasoquista.

Los policías de la comisaría del distrito Centro, con su comisario a la cabeza, se sorprendieron ante el relato inverosímil del joven, pero trabajaron desde el inicio aplicando el principio de veracidad a la víctima, tal y como manda su oficio. Nunca dejaron de prestarle su apoyo y una treintena de policías se movilizaron para detener a los presuntos culpables, registraron el barrio madrileño de Malasaña buscando el arma que usaron para tatuarle las palabras homófobas, recogieron las imágenes de decenas de cámaras de seguridad, la policía científica examinó a conciencia el portal donde supuestamente se había producido la agresión, y todo sin éxito.

Manifestación contra la homofobia en Madrid.

El segundo día tras la denuncia falsa, la investigación ya se bifurcó en dos vías, la que investigaba la agresión y otro camino que investigaba una presunta falsedad de la denuncia. Finalmente, al tercer día, la investigación se inclinó del todo por la posibilidad de que los hechos denunciados fueran inventados. Los policías, con las pruebas en la mano, consiguieron que la presunta víctima confesara la verdad en un sincero cara a cara con el comisario de Centro que, anteriormente, había sido uno de los expertos negociadores de la policía en casos de secuestros, atracos y delitos de máxima gravedad.

Con la información recabada por elcierredigital.com hemos podido reconstruir la línea temporal que siguieron los policías durante las 72 horas de una investigación repleta de tensión, parte de ella tendrá que explicarla hoy el acusado ante el juez. Así desmontó la policía, paso a paso, el falso ataque homófobo que conmocionó a todos los madrileños.

Domingo 5 de septiembre 23:00 horas. Comisaría del distrito Centro


El asunto era alarmante y se movilizó gran parte de la comisaría desde que se interpuso la denuncia a las 23 horas en la comisaría de la calle Leganitos. El chico narraba unos hechos espeluznantes, tan chocantes que parecían irreales, pero los agentes se mueven por el principio de credibilidad de la víctima. No dudan de su relato, y se vuelcan con el joven que acaba de entrar cojeando ostensiblemente en la comisaría. Sin embargo, la primera contradicción ya brillaba en las primeras líneas de la denuncia. 

Según el denunciante la agresión tuvo lugar a las 17:15 en el portal de su casa del barrio de Malasaña, pero el parte médico que aportaba de la Fundación Jiménez Díaz reflejaba que a los médicos les contó que los hechos tuvieron lugar una hora más tarde a las 18:30. Tampoco coincidía el lugar del asalto. Según la denuncia, ocho sujetos entraron antes que la víctima en el portal y dentro comenzaron a agredirle. Según el relato de la presunta víctima en el parte médico los asaltantes le increparon por la calle, le persiguieron y le dieron caza en el portal.

Hay un tercer detalle. En la denuncia cuenta que una mujer presencia la agresión en el portal, grita y aporrea el cristal provocando que los agresores huyan. A los médicos les contó que la mujer interviene en plena agresión en la calle. El resto de detalles sí son similares entre la denuncia y el relato del parte médico.

A pesar de las contradicciones, la policía sigue sus protocolos de investigación de forma profesional. Le consuelan, le leen los derechos que tiene como víctima para denunciar y le piden la ropa que llevaba hace unas horas, cuando le agredieron. Quizá ahí encuentren restos biológicos de los agresores. No van a encontrar nada de eso aunque, según la víctima, habían pasado menos de seis horas desde la agresión, y el joven dice que ha lavado la ropa. Los policías no se lo esperaban, le dicen que entienden que estuviera en estado de shock después de una agresión tan brutal. Se despiden y le ruegan que se cuide, que intente recordar el mayor número de detalles posibles y vuelva a comisaría.

Antes de que se marchen le preguntan, para centrar el lugar de la agresión, y él insiste en que tuvo lugar en el interior del bloque de viviendas. Los policías mandan unos “zetas” para buscar el arma por la calle, alcantarillas y papeleras, pero el arma no aparece. Entonces, se centran en preservar la escena de la agresión y comienzan a interrogar a los vecinos por si habían escuchado algo o habían visto a la mujer que intervino en favor de la víctima. Nadie había visto nada.

Lunes 6 de septiembre. Barrio de Malasaña


A primera hora de la mañana un equipo de la policía científica se traslada al portal para realizar una inspección del lugar, pero allí no encuentra ni una sola pista de la agresión. La víctima había contado que le habían golpeado, tirado al suelo, cortado el labio con un cúter, bajado la ropa y mientras le sujetaban, rajado los glúteos marcando la palabra “maricón”. Los policías no encuentran nada, no hay positivos a los reactivos por sangre, no observan restos biológicos que pudieran estar relacionados con una agresión.

A la misma hora, un coche oficial para frente al portal de la víctima. Los policías, con el comisario de distrito al frente, han venido a buscar a la víctima y a su pareja para llevarlos a comisaría y tener una charla más relajada que pudiera arrojar más detalles para dar con los presuntos agresores. Ante un hecho de tal magnitud y una agresión tan salvaje, el comisario ha querido venir a recogerles tras enterarse de que no disponen de trasporte propio.

Calle del barrio de Malasaña en la que situó el joven los hechos de la agresión que nunca sucedió.

Se trata de atender a una víctima de un delito de odio, herida y traumatizada, y los policías se esmeran. Sin embargo, la víctima no aporta nuevos detalles y los policías parten de vuelta con ellos hasta el portal, para hacer una reconstrucción de los hechos. Ese mismo lunes 6 de septiembre hacen una de las reconstrucciones más cortas que se han hecho en esa comisaría. La víctima no aporta muchos datos y otros no coinciden, tales como dónde se sitúan y qué hace cada agresor.

A la investigación se une la sección de Delitos de Odio de la Brigada Provincial de Información de Madrid. Ellos ya saben que no se ha detectado ninguna banda en Madrid que se dedique a dar palizas a homosexuales, sí agresiones concretas que además están creciendo, pero no “partidas de caza organizadas”. Entre tanto, los policías van puerta por puerta en el barrio de Malasaña buscando testigos. Se toman las primeras declaraciones y se recogen decenas de grabaciones de las cámaras del barrio, comenzando el visionado de imágenes.

Martes 7 de septiembre. Comisaría del distrito Centro


La policía habla otra vez con la víctima por teléfono en busca de más datos y chequeando su estado. En la comisaría hay orden de llamarle todos los días por si los atacantes o algún otro descerebrado intenta amenazarle o insultarle. La policía protege al máximo la identidad del joven.

A mediodía, la investigación que partió por un solo sendero se bifurca en dos. A fuerza de ir descartando hechos y aflorando contradicciones, la hipótesis principal del ataque homófobo ya no es la única. La segunda línea de investigación plantea que la denuncia del delito de odio no sea cierta. A final del día, dos detalles empiezan a inclinar la balanza hacía la segunda opción, la que nadie quería pensar que podía ser cierta, ni siquiera los policías.

Los investigadores terminan el visionado de todas las cámaras menos una y no encuentran ni rastro de los agresores o del asalto en ellas. A la vez, se ha comenzado a interrogar a personas del círculo próximo a la víctima que confirman que el joven denunciante tiene una vida muy complicada donde se entrelazan ciertos aspectos marginales de su existencia con una larga variedad de personas y desconocidos. La policía le pide el móvil a la víctima y comienza a volcar sus datos.

A última hora del martes los policías ya han tomado 30 declaraciones. La más importante va a producirse en ese momento. Una persona muy cercana al denunciante del ataque homófobo cuenta que la víctima es proclive a relaciones sexuales de carácter masoquista en las que se producen golpes, cortes con armas blancas… y que es usuario de una aplicación que pone en contacto a personas que llevan a cabo ese tipo de prácticas de manera libre o bajo pago. Se decide esperar hasta analizar el último fleco.

Miércoles 8 de septiembre. Comisaría de Leganitos


Los policías han terminado de visionar todas las cámaras de la zona. Ni rastro de agresores. Quedan pocas dudas, pero falta que el protagonista les confiese la verdad. Urge confirmar las sospechas de los policías para desactivar la situación de tensión que se vivía en Madrid y tranquilizar al colectivo LGTB, sin dejar de investigar qué es lo que de verdad le había ocurrido a la víctima.

Los agentes llaman de nuevo al denunciante. Se sientan con ellos, llega el comisario y se sienta frente a él. El policía es veterano de la sección de secuestros, formado en psicología, también en cursos del FBI y, por tanto, acostumbrado a diálogos interminables con víctimas y autores de secuestros.

Comisaría de Leganitos en Madrid. 

Le comenta con voz tranquila a la víctima un sencillo “Esto hay que pararlo ya, ¿no crees?”, ya le han mostrado hace un rato el resultado vano de las pesquisas. Todo está en contra de la versión del ataque homófobo. Él asiente al policía y empieza contarle “su verdad”:  Que había quedado con dos personas a través de una aplicación y que estos le habían grabado con un objeto cortante la palabra “maricón” en las nalgas durante unas prácticas que “se fueron de las manos”

No hay ataque homófobo, ni banda que “caza homosexuales”. Se desactiva la situación de tensión máxima y se le pregunta por las personas que le han hecho eso. La víctima no quiere identificarlos, ni contar detalles de cómo sucedieron las cosas. Insiste en que fue consentido. Nada más. Pide disculpas a los policías y les agradece su trabajo. Los policías deciden hacer unas diligencias detalladas para el juez, y que sea el fiscal el que decida si acusa de algo al joven. La víctima, antes de marcharse cojeando, pide discreción a los agentes.

Este viernes, el juez le interrogaba por primera vez, concluyendo para el joven una multa de 480 euros por su falsa denuncia.

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