15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

El presidiario catalán Juan José Moreno Cuenca, quien falleció en 2003, fue una figura de inspiración para canciones de grupos como 'Los Chichos'

'El Vaquilla', 20 años de la muerte del mito de la delincuencia juvenil: Crónica negra generación 'kinki'

El Cierre Digital en Juan José Moreno Cuenca, el Vaquilla.
Juan José Moreno Cuenca, el Vaquilla.
El 19 de diciembre de 2003 el delincuente catalán Juan José Moreno Cuenca, más conocido como 'el Vaquilla', fallecía a los 42 años de edad víctima de una cirrosis. Delinquía desde los 7 años, fue diagnosticado de sida y 'Los Chichos' le dedicaron una canción. Como él, otros personajes como 'El Torete', José Luis Manzano o 'El Pirri' integran lo que ha pasado a la historia como la 'generación perdida', la que sucumbió a los excesos durante la década de los ochenta.

El 19 de diciembre de 2003 el género 'kinki' perdía a uno de los personajes que, para muchos jóvenes marginales de los ochenta, se había convertido en un mito al que mostrar admiración. El delincuente catalán Juan José Moreno Cuenca, más conocido como 'el Vaquilla', fallecía a los 42 años de edad víctima de una cirrosis en el hospital Can Ruti, en el municipio catalán de Badalona.

En el momento de su muerte, el catalán se encontraba cumpliendo condena, que le mantendría en prisión hasta el 3 de febrero de 2007. El Vaquilla ha sido uno de los muchos rostros delincuenciales nacionales que ha pasado a la historia como un icono, que sucumbió a los excesos como otros tantos jóvenes de lo que se conoce como 'generación perdida'.

El Vaquilla, el mito de la delincuencia juvenil

El 19 de noviembre de 1961 nacía en el poblado de Torre Bar, en el cinturón suburbial de Barcelona, Juan José Moreno Cuenca, más conocido como el Vaquilla. Aquel niño, que creció en los arrabales de la ciudad condal, se convertiría en un mito de la delincuencia juvenil española durante la década de los ochenta al que incluso el grupo Los Chichos le dedicó uno de sus grandes éxitos. 

La infancia del catalán no fue nada fácil. En su familia la criminalidad estaba a la orden del día, pues sus hermanos el Julián, el Carica y el Antonet eran tres rostros muy conocidos en el mundo de la delincuencia. Al igual que el Vaquilla, a lo largo de los años ochenta fueron muchos los jóvenes que crecieron en los barrios suburbiales de las principales ciudades españolas, en los que personajes como el Pera, el Jaro, el Pirri o el Torete eran considerados leyendas que, con el paso del tiempo, llegaron a la música o al cine. 

La carrera delictiva del Vaquilla comenzó de manera prematura cometiendo pequeños hurtos junto a sus compañeros de clase. Con siete años adquirió fama entre las autoridades policiales por robar vehículos y escapar con gran rapidez durante las persecuciones. Su trayectoria le llevó a entrar a los 13 años en un reformatorio juvenil por haber atropellado a una mujer tras intentar robarle el bolso. Los intentos por conseguir su reinserción fueron fallidos. Dos años después ingresó en la prisión Modelo de Barcelona, donde alcanzó mayor popularidad si cabe por sus intentos de fuga.

El Vaquilla: la pasión por robar coches

'El Vaquilla'.

Durante su estancia en prisión se convirtió en una leyenda para el resto de los presos, aunque su salud se vio mermada por su adicción a la heroína, un hábito que le hizo contraer el virus del sida. En 1986 el Vaquilla acumulaba la mayor petición de condena de su historia penitenciaria: 180 años por 25 delitos cometidos. Durante los años que el catalán pasó en prisión cursó estudios en periodismo y derecho e incluso ofreció diversas entrevistas, en las que afirmaba que temía que su imagen de delincuente no le dejara vivir y que “estaba dolido porque había sido muy maltratado”.

En 1994 contrajo matrimonio con su novia Isabel Faya. Tras una vida forjada en los suburbios catalanes, el Vaquilla fallecía a causa de una cirrosis el 19 de diciembre de 2003. Su leyenda fue tan conocida que el cineasta José Antonio de la Loma creó y dirigió Yo, el Vaquilla, una película que narra la vida del delincuente.

Los juguetes rotos del cine 'kinki'

La delincuencia juvenil se convirtió durante la década de los ochenta en una realidad oculta. Los jóvenes que habían crecido en las barriadas marginales de Madrid o Barcelona se vieron obligados a sobrevivir a base de cometer pequeños actos delictivos y la adicción a las drogas, en especial a la heroína, no ayudaba.  La visibilidad de las historias de las que eran protagonistas personajes como el Jaro llegaron a la gran pantalla gracias a directores como Eloy de la Iglesia o Carlos Saura, quienes reflejaron la situación de los jóvenes en algunos barrios como Villaverde Alto (Madrid) o El Raval (Barcelona) con cintas como Deprisa Deprisa. 

Para escoger el elenco y que la trama fuera lo más real posible, los cineastas recurrían a jóvenes de la calle que se convirtieron en estrellas de un nuevo género cinematográfico denominado el cine quinqui. Uno de los referentes fue José Luis Manzano, que protagonizó cintas como Colegas, El Pico o La estanquera de Vallecas. 

El actor comenzó su andadura profesional en 1978 y, de hecho, a raíz de entablar amistad con el director vasco decidió rehabilitarse y superar su adicción a la heroína. Aunque consiguió gran éxito como icono del cine quinqui, en la década de los noventa volvería a cometer pequeños hurtos que le llevaron a ingresar en la prisión de Carabanchel donde retomó su adicción a las drogas. En 1992 obtuvo el tercer grado y decidió ingresar en un centro de desintoxicación que abandonó días después. El joven de Vallecas apareció muerto por una sobredosis en un piso cercano a la estación de Atocha y en 2002 sus restos fueron enterrados en una fosa común por impago de la sepultura.

Los últimos 'shares' de 'El Torete'

El Torete.

En una de las cintas que protagonizó Manzano coincidió con José Luis Fernández Eguia, al que llamaban el Pirri por su afición futbolística. El joven fue criado por sus abuelos al ser repudiado por sus padres. Compartió cartel con el actor vallecano en varias ocasiones y falleció a los 23 años a causa de una sobredosis.

Al igual que el Vaquilla, Ángel Fernández Franco, más conocido como el Torete, compartió con él la adicción a las drogas y los robos de vehículos ya que vivían en la misma barriada. Sus inicios en el cine fueron de lo más casual. El director José Antonio de la Loma buscaba protagonista para el biopic sobre Moreno Cuenca y llegó hasta la barriada de La Mina, donde el patriarca intercedió para que fuese Fernández Franco quien encarnase al delincuente. El Torete aceptó y, aunque no interpretó al criminal del barrio de Torre Baróprotagonizó la trilogía de Perros Callejeros, una de las joyas del cine quinqui. Su vida fue tan intensa como su carrera cinematográfica y murió a los 31 años víctima del sida. 

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