21 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA

Desde el comienzo en marzo de la cuarentena cientos de trabajadores circenses viven en la calle y no tienen acceso a alimentos u otras necesidades

Una navidad sin magia: El circo en una situación crítica con más de 2.500 familias afectadas

El circo, entre los sectores más afectados por la pandemia.
El circo, entre los sectores más afectados por la pandemia.
La temporada navideña es la última oportunidad del año para que los circos se recuperen económicamente. No obstante, las expectativas son bajas y estiman tiempos críticos para los cerca de 10.000 trabajadores circenses, hasta 2.500 familias que dependen del mundo del espectáculo. La crisis sanitaria, junto con las muchas dificultades planteadas incluso por los Ayuntamientos, han empeorado una situación que ya se tilda de crítica para el circo.

La crisis sanitaria originada tras la llegada del Covid-19 ha hecho temblar la economía, a escala mundial. Muchísimos sectores se han visto afectados por las nuevas restricciones y cientos de miles de personas sufren las consecuencias de la normativa vigente. Uno de los campos más desfavorecidos, que puede haber pasado desapercibido pero del que dependen miles de familias, es el circo.

La temporada navideña, una época clásica para el circo y su gente, se ha visto empañada en 2020 con el miedo de una población desprotegida frente al virus. Limitaciones de aforo, menos trabajadores y un público excesivamente inferior a otros años anteriores son algunas de las preocupaciones de los trabajadores bajo las carpas.

El semanario católico Alfa y Omega, en una entrevista al padre José Aumente, director del Departamento de Pastoral de Ferias y Circos de la Conferencia Episcopal Española, ha ofrecido una serie de datos que evidencian las dificultades que atraviesan las 2.500 familias que viven del circo. El sacerdote, que ya ha presentado en el pasado declaraciones similares sobre la situación de estas personas, se muestra preocupado y califica el escenario actual de “crítico”.

Un total de 40 circos en España traspasan una crisis realmente complicada, con muchos trabajadores viviendo a la intemperie y sin acceso a alimentos u otras necesidades básicas. La Navidad, que suele convertirse en un empujón económico importante para todas las familias que dependen del espectáculo, no aportará beneficios suficientes el presente año.

De hecho, la situación es tal que hay quienes se han decantado por no abrir este fin de año. Los costes que tendrían que afrontar para el transporte y contratación de trabajadores, de haberlos dispuestos, así como los derivados de las revisiones, los seguros y los supuestos invertidos en publicidad y marketing, junto con el alquiler de los terrenos apropiados, son complicaciones de mucho peso que no aseguran ningún éxito. Al fin y al cabo, desconocen si el público acudirá al circo y si, por tanto, los posibles beneficios superarán a los costes.

Espectáculo cuesta abajo

El comienzo de la cuarentena, a principios de año, trajo consigo las verdaderas consecuencias de la pandemia al país. Muchos negocios que funcionan de cara al público vieron mermadas sus ventas, y sectores como el hostelero han tenido que reinventarse para sobrevivir, como fue el caso de la iniciativa navideña propuesta por la empresa española Arcos, líder mundial de la cuchillería.

El circo, en cambio, no ha tenido tantas oportunidades. Aumente explica que “con el confinamiento dieron por perdida la Semana Santa, y el verano fue un fracaso rotundo. Algunos no se movieron de donde estaban, y los que en julio y agosto decidieron abrir se encontraron que la gente no iba porque estaba asustada. A algunos, el ayuntamiento los echó por miedo a que transmitieran el coronavirus a los del pueblo”.

Circos Reunidos.

El septiembre pasado, la asociación Circos Reunidos se manifestó frente al Congreso de los Diputados en pos de reclamar una serie de ayudas públicas con las que poder subsistir. Los trabajadores manifestaron su preocupación a través de una nota de prensa, donde aseveraban al Gobierno de Pedro Sánchez que se dejase “de pantomimas”. No en vano los datos que ofrecían matizaban que había hasta 10.000 artistas circenses sin trabajo, más de 2.000 familias, que llevan desde marzo sin recibir ingresos, una situación que parece no cambiar por estas fechas.

Según las estimaciones de la entidad, únicamente tres de los cuarenta circos que hay en nuestro país han encontrado localidades donde se les permite desplegar su “carpa de la ilusión”. Las familias viven en la carretera, donde deben elegir el camino a seguir hasta llegar a los lugares donde puedan montar sus espectáculos.

Show de complicaciones

Estas dificultades para establecer su ‘campamento’ y las pocas ayudas recibidas por los Ayuntamientos pertinentes contrastan con las precauciones tomadas por los circenses. Han reducido el aforo de sus circos, han impuesto la obligatoriedad de las mascarillas, controlado las distancias de seguridad e incluso habilitado zonas de desinfección en las entradas o contratado vigilantes para controlar los perímetros.

Sin embargo, continúan encontrando obstáculos: las autoridades les impiden organizar sus shows y no han recibido el dinero de la subvención que les fue concedida. Bajo el amparo de Cruz Roja, su única fuente de alimentos, sobreviven.

Algo que sí continúa uniforme es la aglomeración de gastos que tienen. Los circos están haciéndose cargo de los seguros de los vehículos y el desembolso que generan los animales en forma de comida, veterinario y recintos donde desarrollarse. En el caso de estos últimos, desde esta organización destacan que “a pesar de la crisis, siguen teniendo un trato exquisito y no les falta de nada”.

El panorama, desolador, no se compara con otro tipo de actividades también enfocadas al ocio. Los centros comerciales y otro tipo de establecimientos, si bien han notado el golpe de la pandemia, no cuentan con tantas medidas restrictivas impuestas como las que enfrentan en el circo.

Desde Circos reunidos ya se pronunciaron al respecto, mostrándose disconformes con una situación de agravio comparativo: “No entendemos cómo están los centros comerciales, cines, teatros, bares, parques de ocio y un largo etcétera abiertos y con mucha afluencia de gente, y a nosotros que cumplimos con todos los requisitos no se nos de autorización para trabajar por miedo a los contagios, pero los ayuntamientos siguen organizando todo tipo de eventos, incluso conciertos”.

En la última Asamblea Plenaria en la que intervinieron los obispos españoles se presentó un informe al respecto de la crisis sanitaria. En el escrito, más allá de la crisis de inmigrantes que ha azotado Canarias en los últimos meses o el desempleo, está la mención a la situación de los circenses y feriantes, quienes se mantienen a la espera de recibir una ayuda con la que poder seguir “creando sonrisas y magia”.

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