04 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA

Apuesto y exitoso, el fallecido exjugador merengue se acompañaba de exóticas damas en los cincuenta, hasta que conoció a la bailarina Mari Luz Real

Las mujeres de Paco Gento: De los caprichos de la noche madrileña al amor de su vida

Paco Gento.
Paco Gento.
La reciente muerte del exfutbolista del Real Madrid Paco Gento, conocido como 'la galerna del Cantábrico', ha puesto en el foco detalles de su vida privada que siempre permanecieron discretos ante la prensa. En las décadas de los cincuenta y sesenta Gento frecuentaba la noche madrileña, donde conoció a alguna de 'sus mujeres', como Naïma Cherky o Francisca España. Sin embargo, solo una ocupó su corazón durante gran parte de su vida, la bailarina Mari Luz Real.

El fallecimiento de Paco Gento a los 88 años ha traído a la palestra algunos aspectos de su vida privada que durante décadas siempre trató de preservar de la mirada curiosa de seguidores y, sobre todo, de la prensa. Además de ser uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol amparado por el Real Madrid, en su día a día volvía locas a las mujeres. Apuesto, con buena planta y exitoso, por su vida pasaron algunas de las mujeres más explosivas de la noche madrileña.

Si ahora los jugadores de primera división tienen prohibido salir por las noches, en la década de los cincuenta y sesenta quemaban el último cartucho hasta altas horas. A Gento le gustaba dejarse caer por la sala 'Morocco' donde se ofrecían algunos de los mejores números de music hall y cabaret, con las voces de Lolita Garrido, el cuerpazo de Maruja Iglesias, el humor de Cassen y… la voluptuosa Naïma Cherky, una exótica bailarina egipcia que movía la cintura y enseñaba el ombligo cual diosa de la época de los faraones y con gran habilidad para esquivar la censura.

Cherky causó el mismo impacto que tuvo Aiché Nanà en Roma. Esta bailarina de origen libanés protagonizó en 1958 el striptease que dio origen a la Dolce Vita en el Rugantino del Trastevere romano durante la celebración del cumpleaños de la condesa recientemente fallecida Olghina de Robilant, uno de los amores del Emérito. Aquella noche la inmortalizaron varios fotógrafos que alcanzaron el estatus de paparazzi gracias al filme de Fellini, La dolce vita (1960).

Gento se encaprichó de Cherky. Formaban una pareja ideal. Estuvieron saliendo un par de años hasta que ella cortó para irse con el actor Sumner Williams, sobrino del realizador Nicholas Ray a quien dirigió en España en el clásico Rey de reyes. En este filme intervino una espléndida Carmen Sevilla que estuvo cortejada en todo momento por el intérprete protagonista, Jeffrey Hunter, y que a punto estuvo de convertirse en su pasaporte para ir a Hollywood.

Poco después, Gento se encaprichó de la bailarina Francisca España, de cuya breve relación nació Paquita, que acaba de ser reconocida judicialmente como hija legítima de la Galerna del Cantábrico. Este jamás quiso saber nada de ella porque encontró al único gran amor de su vida, Mari Luz Real, una despampanante madrileña que triunfaba como una de las súper vedettes más bellas y carismáticas de la época.

Mari Luz Real y Paco Gento.

Cuando debutó en el Teatro Martín, conocido como la catedral de la revista musical, Mari Luz tenía unos 18 años y recorría todos los pueblos de España con la compañía de Alfonso del Real (no eran familia), que había alcanzado una gran popularidad con la revista Un matraco en Nueva York (1958), escrita por José Muñoz Román. Este fue, ironías del destino, empresario del teatro Martín.

El gran amor de Gento, Mari Luz

Mari Luz, según cuentan, tenía un cuerpo que quitaba el hipo, una voz que hipnotizaba y bailaba maravillosamente. Casi siempre le acompañaba su madre y como aún no era una gran figura, si alguien se acercaba a ella para pedirle un autógrafo, no disponía de fotografías para firmar, pero en alguna ocasión echaba mano a su estuche de maquillaje donde por arte de magia aparecía alguna imagen casera en blanco y negro.

Con Alfonso del Real estrenó en el Alcázar de Madrid, y poco después actuó en el Calderón junto a Lina Morgan y Esperanza Roy. Más tarde, la ciudad apareció inundada de afiches para la nueva temporada del teatro Martín. En esos carteles llamaba la atención un primer plano de Mari Luz con mirada verdosa sugerente de cuyo cabello prendía una gran moneda de oro. Un estilo que popularizó tiempo después Sara Montiel.

Que te fichara Muñoz Román era como si lo hiciera Fellini. Artífice de los temas Pichi y Los Nardos, el autor y empresario zaragozano era como un demiurgo. Era un tipo avispado que descubrió a Queta Claver y le escribió casi todas las canciones a la inconmensurable Celia Gámez, que una vez fallecido su querido amigo, no dudaba en cantar “dónde están que ya no están, Alonso y Muñoz Román, que aunque están lejos de aquí siguen vivos para mí…”.

Mari Luz estuvo un año representando ¡Qué cuadro el de Velázquez esquina a Goya! (1963), un sainete escrito por el propio Román que se convirtió en una de las representaciones más vistas de la época y que captó la atención de Gento, que acudía a numerosos espectáculos. En cuanto la vio, se quedó prendado. Junto al camerino había una sala de maquillaje con sillas de barbero donde todas las artistas iban a retocarse. Gento quería conocer a la estrella en privado y se acercó al camerino. Saltaron chispas. Y se casaron.

Mari Luz tenía un porvenir buenísimo pero su marido hizo que se retirara de las tablas. Tuvieron dos hijos, Francisco y Julio, quienes a su vez les dieron dos nietas, Aitana y Candela. A lo largo de sus más de cincuenta años de matrimonio jamás hubo ningún escándalo, nunca acudieron a cócteles sociales y llevaron una vida tremendamente discreta. La retirada del futbolista en 1971 le convirtió en mito. Ha sido el único jugador de la historia en ganar seis Copas de Europa.

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