02 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA

La investigación al actor Luis Lorenzo acusado junto a su mujer del presunto asesinato de su tía usando metales pesados trae este tema a la actualidad

Los crímenes por envenenamiento en España: De la envenenadora de Valencia al caso de los laxantes

Pilar Prades y Luis Lorenzo Crespo.
Pilar Prades y Luis Lorenzo Crespo. / Los crímenes por envenenamiento son habituales en la crónica negra española.
El caso del actor Luis Lorenzo Crespo, acusado junto a su esposa Arancha del presunto envenenamiento de la tía de ésta, trae de actualidad los crímenes por envenenamiento en España, un tipo de asesinato muy habitual en la crónica negra. El perpetrado por Pilar Prados, 'la envenenadora de Valencia', fue uno de los más recordados de la España del franquismo. Más reciente es el caso de los laxantes de Paterna.

El caso de Luis Lorenzo y su mujer Arancha, acusados del presunto asesinato de la tía de ella, Isabel, vuelve a traer de actualidad los crímenes cometidos en España por envenenamiento. 

Usar venenos o productos tóxicos para eliminar a alguien es más común de lo que pueda parecer. En el caso de Luis Lorenzo Crespo, los metales pesados pueden ser la clave para entender lo que le pasó a Isabel. 

El crimen de los laxantes de Paterna

También conocido como el 'crimen de los laxantes' de Paterna (Valencia). Tuvo lugar el 16 de abril de 2021 y la víctima fue Salvador, un hombre de 70 años que se pasó siete meses ingresado de manera intermitente en el Hospital IMED de Burjassot por una diarrea crónica. 

Cada vez que el hombre era ingresado, su salud mejoraba como por arte de magia. Pronto los médicos comenzaron a sospechar de su esposa, María de Carmen, doce años menor que él. Finalmente, la Policía Nacional la detuvo y la justicia la imputa el delito de haber envenenado a su marido hasta la muerte con laxantes y diuréticos. Además, ella tuvo acceso a sus cuentas corrientes que vieron mermadas sus cifras.

María del Carmen. 

Aunque en un principio, al despertarse la sospecha de envenenamiento, se buscó en el organismo de Salvador restos de arsénico y cianuro, finalmente un médico del citado hospital de Burjassot descubrió el tipo de sustancia que utilizaba tras observar que, de vez en cuando, María del Carmen introducía en el hospital brics de zumos para que Salvador los tomara al margen de la dieta del hospital. 

Los encargados de la investigación creen que estos zumos eran la vía de administración de los laxantes y los diuréticos durante la larga hospitalización de Salvador. La investigación dejó claro que la mujer había comprado 2.000 fármacos en apenas dos meses. 

La envenenadora de Valencia

Valencia, 1955. Pilar Prades tiene 27 años y para esa época ya es una mujer mayor. Corre el peligro de ‘quedarse para vestir santos’. Ha visto cómo todas sus amigas se han ido casado mientras ella sigue trabajando como sirvienta desde hace quince años. Como muchas, llegó a la ciudad del Turia siendo una niña, tenía doce años cuando dejó su Bejís (Castellón) natal donde había nacido en 1928. Recién acabada la Guerra Civil, Valencia era la ciudad con más posibilidades del Levante español. Pilar enlazó una casa con otra hasta llegar a la del matrimonio Vilanova-Pascual.

Sin embargo, Pilar está en una casa donde la cuidan bien y tiene tres días libres, aunque es verdad que no tiene mucho que hacer. Casi no le quedan amigas con las que ir a los bailes y cuando lo hace, no consigue encontrar novio. 

La casa de los Vilanova es casi suya, ya que se pasa horas sola. Los propietarios, Enrique y Adela, regentan en la misma calle Sagunto un próspero negocio de carne. Hasta realizan exportaciones. En la primavera de ese 1955 algo cambia en la mente de Pilar. La señora le tiene lástima porque la considera “una solterona” y Pilar empieza a cogerle manía y a pensar que si Adela no estuviera, el señor se fijaría en ella, al fin y al cabo, ella podría darle hijos cosa que no podía hacer la señora.

Una mañana cualquiera se cruzó en su camino un bote de Diluvión. Su etiqueta tenía una calavera y dos tibias cruzadas. Un más que contundente aviso. Este veneno que contenía grandes dosis de arsénico y se usaba para matar hormigas. Pilar comenzó a aderezar con él los cafés de la señora.

El caso de Pilar impactó a la prensa de la época. 

A partir del 11 de mayo, Adela Pascual comenzó a sentirse mal y su salud se deterioró a marchas forzadas. Ningún médico supo dar con el mal que estaba acabando con la vida de la señora de Vilanova. Pilar, por su parte, se hizo más imprescindible que nunca. Ayudaba a Enrique en la tienda y acompañaba a su señora día y noche. Doña Adela se lo agradecía todo. “Qué buena eres Pilar”. Ella se acercaba a la iglesia de la parroquia para que recibir hostia con la que su señora pudiera comulgar, le ayudaba a asearse y hasta le cantaba canciones de Celia Gámez y Concha Piquer para hacer más amable su convalecencia. Y, por supuesto, le seguía suministrando tisanas y tés aderezadas con Diluvión.

Un día oyó una conversación del matrimonio con un médico amigo. Se llevarían a Adela al hospital para hacerle nuevas pruebas. A Pilar no le que más remedio que aumentar la dosis. Adela falleció el 28 de mayo. El camino estaba libre pero el final le guardaba una sorpresa a Pilar. Enrique decide venderlo todo y marcharse de Valencia. Pilar se quedaba sola otra vez.

Un nuevo objetivo

Durante los meses siguientes vivió en una pensión mientras esperaba que surgiese un nuevo trabajo. A principios de 1956 conoció a Aurelia Sanz, una cocinera más joven y guapa que ella. Conectaron enseguida y unos días más tarde le informa de que sus señores, de mucho postín, necesitan una sirvienta. La casa del doctor Manuel Berenguer en la calle Isabel la Católica es grande y necesitan cocinera y chica para servir. El último puesto se ha quedado libre porque la anterior ha dejado la casa para casarse.

Una tarde acuden las dos empleadas del hogar a un baile cerca de la playa de la Malvarrosa. Ese día, la mente de Pilar volvería a jugarle malas pasadas. Conocen a un joven, moreno y atractivo. Éste se acerca a Pilar y la saca a bailar, un baile que dura eternamente en la cabeza de Pilar y un hombre al que ella ya siente como su marido. Pronto caerá del guindo. Él, guapo pero tímido, solo se ha dirigido a ella para acercarse a Aurelia. El viejo amigo de Pilar, Diluvión, vuelve a su vida. Comienza suministrar sus particulares cafés a su compañera de trabajo.

Durante semanas la salud de la hasta entonces robusta cocinera comienza a menguar. El doctor Berenguer decide que lo mejor es que ingrese en un hospital. Allí comenzará a mejorar su salud. Sin embargo, la de la señora de la casa comienza a deteriorarse presentando los mismos síntomas que los de Aurelia. Pilar está desatada. Ha cambiado de objetivo, mientras su carácter es cada vez más agrio.

Terele Pávez se puso en la piel de 'la envenenadora de Valencia' en 1985. 

El doctor Berenguer empieza a sospechar. Decide visitar la antigua casa en la que sirvió Pilar. Los vecinos de la calle Sagunto le ponen en contacto con Enrique Vilanova. Ambos hombres intercambian impresiones y deciden exhumar el cuerpo de la fallecida Adela. El análisis no da lugar a dudas: en su hígado hay restos de arsénico.

Manuel Berenguer no pierde el tiempo y despide a Pilar. Un análisis de orina de su mujer, lo deja claro. La misma sustancia: arsénico. Se procede a la detención de Pilar. Se encontró entre sus efectos el bote de Diluvión. Durante 36 horas sufrió el interrogatorio de la Policía. Ni comió ni bebió. Un careo con su amiga Aurelia que la insultó hizo que finalmente confesase.

La ejecución

A pesar de su confesión a la Policía en el juico se declaró inocente y alegó que confundió el veneno con un producto para combatir la fiebre debido a su analfabetismo. Por los dos intentos de asesinato fue condenada a 20 años y a la pena capital por el asesinato de Adela Pascual.

Durante dos años el Gobierno recibió presiones para no ejecutar a Pilar. Asociaciones católicas consideraba que era desmesurado aplicar a una mujer la pena capital. Se alargó el complimiento de la pena todo lo posible para esperar la llegada de un indulto.

Finalmente, llegó el día de la ejecución: el 19 de mayo de 1959. Se programó para las 6 de la mañana, pero se decidió esperar por si llegaba el indulto. Dos horas más tarde se celebró la ejecución en la cárcel de Valencia. Debido a la hora y la situación de la prisión, los gritos de Pilar fueron escuchados por los vecinos colindantes, así como por la prensa que esperaba fuera de la cárcel el final. De acabar con la vida de Pilar se encargó el verdugo Antonio López Serra, que también ejecutó a Jarabo, considerado el primer asesino en serie español. Años después, López Sierra relataría su experiencia en la ejecución de Pilar en la película Queridísimo verdugos (1977) de Basilio Martín Patino. Fue ejecutada mediante el llamado garrote vil. 

El caso de Pilar impactó tanto en la sociedad y en la prensa de la época que, desde entonces, de facto, nunca se aplicaría la pena capital a una mujer en España. El relato de su ejecución inspiró a Luis García Berlanga para dirigir una de sus obras maestras El verdugo (1963). La historia de Pilar en sí sería recreada por el cineasta Pedro Olea en uno de los capítulos de la serie La huella del crimen en 1985.  Pilar sería encarnada por Terele Pávez. Su historia ya había inspirado años más tarde un culebrón radiofónico en Argentina titulado La galleguita de cara sucia.  La sordidez de su historia y las características de la asesina han ayudado a que ‘la envenenadora de Valencia’ sea uno de los casos más recordados de la crónica negra española.

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