08 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA

El segundo asesino, Miguel Ricart, quedó en libertad en noviembre de 2013 y el 19 de enero de este año fue identificado en un piso okupa de Madrid

El triple crimen de Alcàsser 28 años después: Desi, Miriam y Toñi reclaman Justicia porque Anglés continúa libre

De izquierda a derecha, Desirée, Miriam y Toñi.
De izquierda a derecha, Desirée, Miriam y Toñi.
Antonio Anglés, el asesino más famoso de la historia de la Criminología española continúa libre y no ha pagado por el triple crimen de las niñas de Alcàsser. Los cadáveres de Miriam, Toñi y Desirée fueron encontrados en un paraje por dos apicultores el 27 de enero de 1993. Uno de sus asesinos, Miguel Ricart, fue detenido, juzgado y cumplió su pena. Fue identificado por la Policía en Madrid hace apenas una semana. El principal acusado, Antonio Anglés, nunca fue detenido.

Este 27 de enero se cumplen 28 años de la aparición de los cadáveres de las tres niñas de Alcàsser, Miriam, Toñi y Desirée. La única incógnita que queda por despejar es el paradero del segundo de los autores del triple crimen, Antonio Anglés.

Una rocambolesca huida por media España y un supuesto viaje como polizón por barco a Irlanda lo alejaron de la acción de la Justicia española. Dos hipótesis se barajaron sobre su paradero y, de momento, parece ganar la que lo ubica vivo en Estados Unidos. Para la Policía y Guardia Civil, Antonio Anglés sigue siendo el enemigo público número uno 28 años después.

El asesinato de Toñi, Míriam y Desirée en 1992 pasará a la historia como uno de los crímenes más atroces de la España del siglo XX. Sus dos autores probados, Miguel Ricart y Antonio Anglés, corrieron suertes diferentes. El primero fue detenido y condenado a 170 años de prisión, pero el segundo huyó y continúa en paradero desconocido.

La ficha policial de Antonio Anglés.

Antonio Anglés nunca fue encontrado y el caso está judicialmente cerrado pero policialmente no completado. Hasta el momento, existen dos versiones probables extendidas sobre su paradero.

El 13 de noviembre de 1992, Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández hacían autostop para ir a la discoteca Coloor, de Picassent (Valencia), donde se celebraba una fiesta de su instituto. Tenían entre 14 y 15 años. El vehículo que paró fue el de Antonio Anglés y Miguel Ricart. Las secuestraron, las llevaron a una caseta abandonada en el campo, las torturaron, violaron, asesinaron y luego las enterraron.

El 27 de enero de 1993 dos apicultores descubrieron los cadáveres. La Guardia Civil encontró un volante hospitalario con el nombre de Enrique Anglés, hermano de Antonio, un conocido delincuente de la zona. Cuando los agentes estaban en el domicilio de los Anglés, en Catarroja, se presentó Miguel Ricart a preguntar qué ocurría, pero un guardia civil lo reconoció como "el Rubio", compañero de fechorías de Anglés y fue detenido. Mientras tanto, Antonio Anglés huía hasta una caseta abandonada en mitad del monte en Catarroja, pero cuando llegó la Guardia Civil, el asesino ya no estaba allí.

Antonio Anglés con el aspecto actual que tendría en una recreación.

El Juzgado de Alzira que instruyó el caso abrió una pieza separada del sumario para dar con su paradero. Comenzaba su búsqueda y captura. Miguel Ricart fue condenado a 170 años de prisión, de los que cumplió 21 antes de ser puesto en libertad, en 2013, gracias a la aplicación de la  "doctrina Parot". La presión mediática le empujó a irse de España a Francia.

Ricart en un narcopiso

Apenas hace unos días la policía del madrileño barrio de Carabanchel identificaba a Miguel Ricart en compañía de Saray, "la pelirroja", una toxicómana conocida por los agentes.

El edificio donde Miguel Ricart fue identificado, en el número 7 de la calle José Garrido, está ocupado por medio centenar de personas, en su mayoría toxicómanos. Ricart, según fuentes policiales, estaba allí de paso, en compañía de esta mujer, una novia de su época colegial. Pasó allí la noche.

En cualquier caso, Ricart ya tiene todas sus penas con la Justicia cumplidas, no llevaba drogas encima y no había cometido ninguna ilegalidad, así que la Policía lo identificó y le dejó marchar. Salió de la cárcel en 2013, en vez de en 2023, en aplicación de la "doctrina Parot". Otras versiones apuntan a que Ricart se habría acercado hasta allí en compañía de otra persona, para adquirir drogas. ¿Por qué ha generado tantos problemas la presencia de Ricart en Madrid?

La presencia del condenado por el triple crimen de Alcàsser también generó sorpresa porque se creía que estaba viviendo con su hija en Valencia, tras emigrar a Francia durante unos meses, nada más salir de la cárcel, sin demasiada suerte.

La historia de Ricart

El 5 de septiembre 1997, Miguel Ricart fue condenado por tres delitos de asesinato como cooperador necesario, tres de rapto con la agravante de despoblado y ensañamiento, y cuatro de violación, en tres de ellos como cooperador necesario.

Ricart fue condenado a treinta años de reclusión mayor por cada delito de asesinato y a veinte años de reclusión menor por cada delito de violación, haciendo un total de 170 años, así como al pago de las costas y a la multa de cincuenta millones de pesetas a cada uno de los padres y madres de las víctimas, que fueron las tres niñas de Alcàsser, Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández. En el caso de la madre de Desirée  Hernández, además, tendría que haber pagado otros cincuenta millones por el fallecimiento de su esposo con posterioridad a los hechos.

En teoría, Ricart debería haber salido de la cárcel en enero de 2023, pero tras la aplicación de la doctrina Parot dejó la prisión de Herrera de la Mancha en noviembre de 2013. Miguel Ricart Tárrega nació el 12 de septiembre de 1969 en Valencia. Hijo de Miguel Ricart y Encarnación Tárrega, tuvo que afrontar la muerte de su madre cuando sólo tenía 6 años.

Miguel Ricart durante el juicio de Alcàsser.

Lo poco que se conoce de su infancia es que estudió en el colegio de niños Huérfanos de San Juan Bautista junto a su hermana Encarnación, hasta que cumplió 13 años. Fue al finalizar quinto curso de EGB cuando consiguió una beca para estudiar en régimen de internado en la Universidad Laboral de Cheste. Ahí fue donde todo cambió.

Según contaba la revista valenciaculture.com Ricart pasó de ser un estudiante ejemplar a frecuentar malas compañías y con 16 años ya le gustaba salir por las discotecas de Valencia y comenzó a tener contacto con las drogas y el alcohol.

Con solo 18 años inició una vida en común con su novia Loli, en Benetússer, provincia de Valencia. Con ella tuvo a su única hija, Rosa, en 1990, pero Ricart abandonó el hogar familiar en 1991, seguramente Rosa estaría harta de los problemas de toxicomanía de Ricart. Hasta ahora, todos los indicios hacían pensar que Miguel Ricart vivía con su hija Rosa en Benetússer, a pesar de que Rosa dijo que "nunca lo he visto en persona" en el famoso documental de Netflix, y nadie ha podido comprobarlo.

Antecedentes penales

Ricart, en contra de lo que pudiera pensarse, no tenía antecedentes penales muy graves, apenas el robo de dos coches en 1992. Su relación con Antonio Anglés comenzó tras conocer a Loli, ya que Antonio Anglés era quien facilitaba las drogas a Ricart y acabaría viviendo con él tras abandonar a su mujer e hija.

Tras salir de la cárcel en 2013 Ricart se dirigió a Madrid, donde fue localizado en una pensión por un equipo de Telemadrid. En la capital permaneció cuatro días, hasta el 4 de diciembre, que tomó un AVE en dirección a Córdoba. Luego viajó en compañía de un sacerdote hasta Barcelona en autobús. Allí se le perdió la pista en la estación de autobuses Barcelona Norte. Tras su salida de la cárcel nunca contactó con su hija Rosa, o eso dijo ella, aunque mucha gente creía que vivía recluido en casa de su hija en Benétusser. Sin embargo, aunque se pensara, nadie sabía con claridad donde estaba Ricart. Hasta la segunda semana de enero cuando apareció en el madrileño barrio de Carabanchel.

A Ricart solo le quedan cinco familiares, su hija Rosa, su hermana Encarna y tres hijos de ésta, sus sobrinos. Son los únicos allegados que le podrían prestar ayuda. La única que quiere saber algo de él todavía es su hija que ha manifestado en muchas ocasiones que desearía reunirse con su padre "para escuchar sus explicaciones". Quizá ya las haya escuchado y ése fuera el motivo de la presencia de Ricart en Madrid. 

La huida de Anglés

La huida de Antonio Anglés, principal condenado por el triple crimen, fue rocambolesca, dos días después de iniciar la fuga y tras haberse teñido el pelo en una peluquería, el 29 de enero, varios testigos lo reconocieron en la estación de autobuses de la capital valenciana, entre ellos la peluquera que lo atendió. Allí se perdió su pista durante doce días, hasta el 10 de febrero, cuando robó una furgoneta a punta de pistola en Vilamarxant y la abandonó en Minglanilla, una localidad de Cuenca, en la carretera que une Valencia con Madrid.

La Guardia Civil sospechaba entonces que intentaba dirigirse a la capital de España. Pero la pista se perdió de nuevo, hasta el 10 de marzo de 1993, cuando un agente del Cesid (actual CNI) en Lisboa mandó una nota a sus superiores para informar de que había visto ese mismo día a Anglés en casa de un delincuente portugués. Inexplicablemente esta información tardó quince días en llegar a la Guardia Civil.

El viernes 26 de marzo de 1993, dos agentes se trasladaron a Lisboa, solo para constatar mediante la obtención de huellas dactilares que el fugitivo había estado en casa de Joaquim Carvalho, un delincuente común portugués que se dedicaba al trapicheo de drogas y que había dado cobijo a Anglés. La Guardia Civil tenía sus huellas de anteriores detenciones por trapicheo de drogas.

En un barco desde Lisboa

Mientras tanto, unos días antes, el 18 de marzo de 1993, el buque de carga City of Plymouth zarpaba desde Lisboa a Liverpool con un polizón a bordo que, según la versión oficial, era Antonio Anglés. A las 2.45 horas del día 23, un marinero británico, Jo Hanneghan, encontró al pasajero clandestino en la cocina del barco, intentando robar comida. Lo atrapó y lo confinaron en un camarote con la llave echada. A las 7.30 del mismo día, el contramaestre, Gwilym Jones, descubrió que el polizón había escapado por la ventana. Entonces el barco, en medio del mar, cerca de la costa irlandesa, comenzó a trazar círculos en su búsqueda, hasta que a las 9.50 horas un avión francés de reconocimiento encontró al huido en una balsa a la deriva. El barco lo rescató, lo subieron a bordo y lo encerraron de nuevo.

El barco donde supuestamente huyó Anglés.

El supuesto Anglés, que para el forense Luis Frontela no era tal, como dijo en el programa Cuarto Milenio de Cuatro, quedó recluido nuevamente en un camarote a las cinco y media de la tarde. El barco atracó en el puerto de Dublín, al mando del capitán Kenneth Farquharson Stevens, sin más novedades, alrededor de las once de la noche. La policía irlandesa subió entonces a bordo para detenerlo, pero no encontraron al polizón, aunque sí una cuerda y un gancho lo suficientemente largos para llegar al muelle desde la cubierta.

Al día siguiente, otro barco encontró en el mar un chaleco salvavidas perteneciente al City of Plymouth. Ese mismo día llegaba a la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil la nota del Cesid advirtiendo de la presencia de Anglés en Lisboa. ¿Pudo llegar nadando hasta la costa irlandesa? Sus amigos y compañeros de andanza durante su juventud, como "El Calígula" o "El Raulillo", que lo conocían bien, y sus familiares dijeron que sí, confirmaron que "nadaba como un pez". El capitán del barco también lo creía y así lo manifestó en la televisión durante un documental.

Anglés es el fugitivo más buscado desde entonces en España, y tanto policías como guardias civiles han recorrido miles de kilómetros tras su sombra. Lo han buscado en Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Brasil, México y República Dominicana. Muchas de estas pistas parecían buenas, pero no hubo éxito. Incluso siete años después de desaparecer, en enero de 2000, la Policía Científica analizó los restos de un cráneo encontrado en Cork (Irlanda) en 1995 por si pudiera corresponder al fugitivo, con resultado negativo. Su rostro, modificado para mostrar el paso del tiempo, está todavía entre la cara de los criminales más buscados por Interpol. Si está vivo, Anglés tiene ahora 53 años.

¿Es posible que Anglés eludiese a todos los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado que lo buscaban? Los policías y guardias civiles, en su mayor parte ya jubilados así lo afirman. Anglés no era un delincuente estúpido, era hábil, agresivo, rápido de pensamiento y brutal en la ejecución de sus acciones y además siempre iba por delante de la Policía.

¿Vive en Estados Unidos?

Desde entonces, dos son las teorías más importantes sobre su desaparición que han perdurado casi 30 años después. La primera, que Anglés se ahogó en el Mar del Norte y que en realidad el barco no lo rescató tras caer al mar y que, por tanto, la tripulación mintió sobre su posterior huida para evitar engorrosos interrogatorios y papeleos tras llegar a puerto. Esta hipótesis no ha quedado, hasta el momento, demostrada y fue desmentida por el capitán del barco.

La segunda versión es la más inquietante porque es la más creíble. El comandante de la Guardia Civil Juan Miguel Pérez, responsable de la detención de Miguel Ricart, y el que continuó con la búsqueda de Anglés durante años, declaró públicamente estar convencido de que "sigue vivo" y explicó que la hipótesis de su muerte en el mar era una "hipótesis no confirmada".

Luis Frontela en Cuarto Milenio, de Cuatro.

De hecho, la Guardia Civil lo buscó por medio mundo. Allá donde surgía una pista se desplazaban un agente y un sargento y a veces, incluso, el propio comandante de la UCO. Siempre con resultado negativo. La pista más consistente lo situó en Estados Unidos, pero no lograron encontrarlo en la gasolinera donde el testigo lo "señaló" unos días antes. Sería en este país donde con más probabilidad podría vivir en la clandestinidad.

La única realidad es que la Interpol mantiene su ficha policial abierta y sitúa a Antonio Anglés como uno de los delincuentes más peligrosos. Sin embargo, si Antonio Anglés decidiera ahora darse a conocer, sería un hombre prácticamente libre, ya que los delitos que cometió prescriben a los 20 años. Esa es la teoría, en la práctica la presión mediática y policial sería seguramente insoportable.

La última "bomba" la soltó el forense Luis Frontela, al asegurar que Anglés estaba en España, pero no dijo si vivo o muerto, si siempre estuvo en España o abandonó nuestro país y luego regresó. Lo hizo en el programa Cuarto Milenio, de Cuatro, pero no adelantó nada más.

De momento, los que tampoco han tirado la toalla son guardias civiles y policías, jubilados y en activo, que continúan a día de hoy convencidos de que Antonio Anglés, alias Asuquiqui, Roberto Ruiz, Carlos Carvalho, Francisco Partera o Rubén Romero, será encontrado y puesto a disposición de la Justicia española, antes o después. Tres niñas muertas lo reclaman.

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