18 de mayo de 2024
|
Buscar
FIN DE SEMANA

Además de dormir, disponen de baños públicos donde asearse y mantener una higiene mínima que les haga pasar por un pasajero más

El aeropuerto de Madrid-Barajas se convierte en un gran 'hotel' para las personas sin techo

El Cierre Digital en Uno de los muchos vagabundos que duermen en el aeropuerto de Barajas.
Uno de los muchos vagabundos que duermen en el aeropuerto de Barajas.
Por el aeropuerto de Barajas circulan aproximadamente 50,6 millones de pasajeros. Es el centro de trabajo de muchas personas y se ha convertido en "hogar” de otras muchas que no tienen dónde dormir. La condición es que su estancia sea pacífica y no generen ningún tipo de conflicto. Elcierredigital.com ha podido hablar con algunos de los vagabundos que pernoctan en las terminales. Uno de ellos sostiene que "no puedo dormir en los albergues, hay muchas peleas. Es mejor aquí".

Desde hace años muchos indigentes viven en el Aeropuerto Adolfo Suarez-Madrid Barajas. Son algo menos de un centenar los que acostumbran a deambular durante el día cargando con maletas o bultos que contienen sus pertenencias. Se dejan ver por cualquier punto de las instalaciones.

Comentan que vivir en el aeropuerto es mucho más seguro que en la calle, donde pueden sufrir agresiones o el robo de sus pertenencias. “Me iré el día que pase a ser un lugar privado. Hasta ahora estoy en un lugar de libre circulación y público”, comenta Manolo.

"Pasajeros invisibles"

Manolo es uno de los muchos vagabundos que reside en Barajas. Su aspecto es pulcro y porta una maleta donde guarda sus recuerdos. Este “sin techo” podría ser un viajero más en busca de su vuelo. La única ley no escrita para que no les echen de las instalaciones es que no genere problemas, no se meta en peleas y no se haga notar. De esta forma, aseguran la continuidad en la terminal. Son los llamados “pasajeros invisibles”. Se conocen entre ellos y cúal es la historia de cada uno. Hay más hombres que mujeres en las terminales.

Uno de los vagabundos que duermen en el aeropuerto de Barajas.

Se les reconoce fácilmente, se pasan horas vagando por el aeropuerto sin destino alguno. Muchos de ellos han perfeccionado el arte de camuflarse. Cuentan con la ayuda ocasional de otros pasajeros, que piensan que se trata de un viajero en apuros. También consiguen algún maletín que queda olvidado, tarjetas de embarque, etc.

Tienen a su disposición los baños públicos donde asearse, afeitarse y mantener una higiene mínima. Pero no todos tienen ese perfil, algunos no cuidan su imagen y se les reconoce como personas sin hogar. Para todos, las terminales son lugares calientes en invierno y frescos en verano, con baños limpios y grandes, conexión a internet, enchufes donde recargar sus teléfonos móviles, seguridad y bares abiertos las 24 horas, de donde rescatar restos de comida o donde ver un partido de fútbol.

Una de las personas sin hogar que pernoctan en Barajas.

Carlos, un indigente que deambula por las terminales del complejo aeroportuario, dice que un conocido le comentó que en el aeropuerto dejaban dormir a las personas sin techo. Confiesa que se alimenta a partir de “lo que la gente tira a la basura”. Son viejos conocidos de la policía y de los miembros de seguridad privada que custodian el aeropuerto así como de los trabajadores del aeropuerto madrileño. La crisis incrementó el número de estas personas sin techo en el aeropuerto.

Su presencia en las instalaciones de AENA no es ilegal ya que el aeropuerto es un espacio público. En ningún caso, ni AENA ni las Fuerzas de Seguridad del Estado permiten que estas personas puedan afectar a la seguridad de las instalaciones. Gran parte de los mendigos comentan que sus familias no saben cuál es su situación ni el lugar en el que viven.

Buscan conseguir algo de dinero entregando carritos a los turistas a cambio de monedas, ofrecer envoltorios con celofán para las maletas, pedir dinero alegando haber perdido un vuelo o el pasaporte, entre otras cosas. A las cinco de la mañana los vigilantes se ven obligados a despertarles y a indicarles que, en vez de estar tumbados, se sienten. Muchos hacen caso omiso a estas recomendaciones y se instalan en los lugares más discretos del aeropuerto donde no haya demasiado tránsito de pasajeros.

Nuevos residentes involuntarios

La pandemia de coronavirus incrementó el número de residentes involuntarios en el aeropuerto. Numeras personas sin hogar se refugiaron en las instalaciones por el estado de Alarma. Albir es un refugiado húngaro que cuenta su situación: "No puedo dormir en los albergues, hay mucho ruido, peleas y borrachos. Es mejor el ambiente de aquí".

Imagen de un vagabundo en el aeropuerto de Barajas.

Según los vigilantes de seguridad del aeródromo, muchos de estos indigentes han convertido el aeropuerto en su domicilio legal y es ahí donde reciben su correo, gracias a la decisión de una juez. También reciben las citaciones judiciales. Es una situación anómala, en un espacio público, pero para unos cuantos sin techo, un lugar donde vivir con menos miedo.

COMPARTIR: