28 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

Niños Gratis* edita un estudio crítico del guion de Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea que nunca pudo rodarse por presiones institucionales

'Galopa y corta el viento', el amor prohibido de un abertzale y un guardia civil que nunca se pudo rodar

Eloy de la Iglesia.
Eloy de la Iglesia. / El cineasta vasco junto a Gonzalo Goicoetxea escribió un guion maldito para la industria.
Eloy de la Iglesia y su coguionista Gonzalo Goicoechea pudieron realizar en 1981 una película que hubiese revolucionado el cine español. Se trata de 'Galopa y corta el viento', la historia de amor entre un militante abertzale y un miembro de la guardia civil. Ahora, Niños Gratis* edita con un estudio crítico de Eduardo Fuembuena este guion que nunca pudo rodarse por presiones institucionales, tanto del ámbito de la izquierda abertzale más cercana a ETA como del Gobierno Central de UCD.

Galopa y corta el viento es una de esas historias del cine español sobre la que todo el mundo ha oído hablar en algún momento. Ahora la editorial Niños Gratis* saca al mercado el guion de Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea con una edición crítica de Eduardo Fuembuena, quien relató gran parte de la vida de Eloy de la Iglesia, en el periodo de su relación con José Luis Manzano, su actor fetiche, en el libro Lejos de aquí (2021).

Portada del libro. 

El libro recupera el guion literario que nunca se pudo llevar a la pantalla. En concreto, de las dos versiones existentes, una de 1981 y otra de 1985, se ha optado por la primera "por ser la más cercana a la idea original", según Eduardo Fuembuena. 

En el ensayo de Eduardo Fuembuena que acompaña a la edición queda reseñada la primera versión del guion como mucho más caustica en lo político. Eso no es extraño si tenemos en cuenta que en los cinco años que van, casi, de una versión a otra el contexto político había cambiado completamente y la postura del Gobierno central, ya en manos del PSOE, con respecto al conflicto vasco también era distinta, así como la percepción de la sociedad. 

Instantánea de un país 

El guion de De la Iglesia y Goicoechea es, en lo formal, un melodrama romántico aunque sin renunciar a sus momentos de humor. Como era costumbre en el cine de Eloy de la Iglesia, la historia cuenta con personajes secundarios que representan puntos de vista y realidades que convivían en Euskadi en los primeros años ochenta. 

El papel de la iglesia respecto al conflicto político, las divergencias entre las facciones de la izquierda abertzale con respecto a la legitimación de la violencia, la homosexualidad, la extensión en el consumo de la heroína y cierto cambio en la estrategia de ETA por este motivo, el papel del Batallón Vasco Español... son aspectos que se ven reflejados en la obra.

Como en todas sus películas, hay elementos que nos ayudan a situarnos perfectamente en el año en el que se producen y desarrollan. No hay filme suyo en el que una radio, una portada de periódico o una instantánea de telediario no nos recuerden claramente en qué España se sitúa el relato. 

Galopa y corta el viento no es diferente, y arranca en su 'secuencia 0' con las imágenes de la huida por las ventanas del Hemiciclo que terminaba con el intento de Golpe de Estado de Tejero. Las imágenes deberían acompañarse de Mi jaca, de Estrellita Castro. Uno de los miembros de la Benemérita que huyen de la Cámara Baja es Manolo, uno de los dos protagonistas de esta historia de amor. 

Manolo es trasplantado a Euskadi en uno de los momentos de mayor tensión política. Pronto conocerá a Patxi, un hombre que el guion nos presenta como el prototipo de vasco militante en la izquierda abertzale. Se le presupone en la órbita de Herri Batasuna (HB) pero, en ese sentido, el guion es parco en detalles. 

Sin embargo, conforme avanzan las secuencias descubrimos detalles sobre su personalidad que lo convierten en un sosias del propio Eloy de la Iglesia.  

Manuel Torres, protagonista de 'La mujer del ministro' estaba llamado a interpretar al guardia civil de 'Galopa y corta el viento'. 

A lo largo del guion asistimos a una historia donde la pasión tiene tanto peso como el amor. La atracción por lo que se se repudia está presente siempre en el guion. 

Una historia que, a pesar de lo marciano del planteamiento para muchos, surgió de una noticia de sucesos: un policía nacional y su amigo, un peluquero, caían abatidos en una acción de ETA. 

La censura del miedo

Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea quisieron producir su película en 1981 después de terminar su filme La mujer del ministro (1981) con Amparo Muñoz y Manuel Torres, un joven de efímera carrera que sustituyó un tiempo a José Luis Manzano en la vida del cineasta vasco. Precisamente, el atractivo Torres iba a interpretar al número de la Guardia Civil. 

A finales de octubre de 1981, en varios artículos en prensa, por ejemplo en Fotogramas, se hablaba del inminente rodaje. Sin embargo, éste nunca se produjo. 

El proyectó contó con todo tipo de trabas. La más importante, una amenaza nada sutil publicada el 3 de noviembre de 1981 en el diario Eguin, prácticamente el oficial de la izquierda abertzale más radical y cercana a ETA, firmada por el intelectual José Bergamín pero con pseudónimo. En concreto, J. Abiraneta.

No fue la única traba. Desde el gobierno central también hubo oposición a que la película se llevara a cabo. El director general del Cine, Matías Vallés, bajo el Gobierno de UCD de Leopoldo Calvo-Sotelo insinuó a la productora que de estrenarse la película lo haría bajo la calificación S.

José Bergamín. 

Las películas S, categoría creada principalmente para filmes de alto contenido erótico, tenían sus propios canales de distribución. Esto perjudicaría la carrera comercial de Galopa y corta el viento. Anteriormente otras obras de De la Iglesia habían recibido esa clasificación, como La mujer del ministro, pero el público que acudía a ver las producciones S no era el principal para una historia de amor homosexual de esta índole. 

Además, era un momento, el posterior al 23-F, en la que censura cinematográfica era especialmente virulenta con los filmes de contenido político. Hubo escándalos como el secuestro de El crimen de Cuenca de Pilar Miró y los problemas que tuvo el binomio documental Después de tantos años de los hermanos Cecilia y José Bartolomé para estrenarse. 

La izquierda vasca más radical y el gobierno ucedista impidió que esta historia de amor llegase a las pantallas. Algo similar a lo que ocurre en el guion. Manuel y Patxi, como unos Romeo y Julieta trasladados al Euskadi ochentero, perecen asesinados tras recibir amenazas cada uno del universo al que, en teoría, permanecen. Es decir, unas fuerzas de seguridad del Estado influenciadas por el involucionismo político en el caso del guardia civil y el entorno político de la banda terrorista ETA en el caso de Patxi. En el guion, en su versión de 1981, se juega voluntariamente a la ambigüedad. No sabemos si son unos u otros, dos fuerzas represoras de la sexualidad en ambos casos, quienes acaban con los protagonistas. 

Lo identitario 

Las identidades, evidentemente, tienen su importancia en el guion. Patxi representa el vasco abertzale tradicional, mientras Manolo representa cierto patriotismo español aunque no milita abiertamente en ninguna formación política. "En Madrid me he acostado con tíos de todo tipo: socialistas, comunistas.... hasta con uno de Fuerza Nueva, que cuando se enteró que era guardia civil se mosqueó porque dijo que estaba deshonrando al cuerpo", dice en una secuencia.

En un momento determinado del guion, Manolo muestra cierta conciencia política al echarle en cara a Patxi que él viene de una familia acomodada dedicada al comercio mientras que él pertenece a una familia humilde de Jaén que se vio obligada a emigrar a Madrid. 

El discurso identitario más fuerte lo pronuncia en escena Alberto, amigo de Patxi.  Vasco como él y abiertamente homosexual, cuando su amigo Patxi le recrimina su poco compromiso con el nacionalismo euskaldun, éste afirma: "Los mariquitas no tenemos patria". Junto a Alberto está la constante referencia a la música de las folklóricas españolas, en concreto de Estrellita Castro, a cuya canción Mi jaca pertenecen las frases de las que se toma el título como representantes de la construcción de la identidad homosexual en una España donde todo se movía en un lenguaje de sobreentendidos. Constituyendo una banda sonora que casi se erige en himno de apátridas forzados por su identidad homosexual. 

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