26 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

El Cierre Digital muestra en exclusiva la declaración que hizo ante los instructores del 'Expediente Picasso' el teniente médico Emilio López-Galiacho

Las horas finales en 'El desastre de Annual' (IV): "No recuerdo ningún jefe ni oficial, la mayoría se fueron en el convoy rápido antes de la desbandada"

Exclusiva Declaración en el 'Expediente Picasso' del teniente médico Emilio López Galiacho.
Declaración en el 'Expediente Picasso' del teniente médico Emilio López Galiacho.
El Cierre Digital ha tenido acceso, por primera vez y tras las investigaciones recogidas, a la declaración que reservadamente hizo ante los instructores del Tribunal Supremo el teniente médico Emilio López Galiacho, jefe de montaña de la Compañía Mixta de Sanidad Militar de Melilla, quien el 21 y 22 de julio de 1921 estaba destinado en el puesto de Annual, atendiendo en esas horas de angustia a heridos muy graves. El profesor e investigador Javier López-Galiacho (URJC) nos descubre lo sucedido.

La declaración que reservadamente hizo ante los instructores del Tribunal Supremo el teniente médico Emilio López Galiacho, jefe de montaña de la Compañía Mixta de Sanidad Militar de Melilla, está incluida dentro de la Causa del llamado "El desastre del Annual", realizada en única instancia, e instruida para depurar las responsabilidades en que pudo haber incurrido el Mando, con motivo de los sucesos desarrollados en el territorio de la Comandancia General de Melilla en los meses de julio y agosto de 1921 y cuyo responsable ultimo de la instrucción fue el General Juan Picasso, de ahí que se le conozca como 'Expediente Picasso'.

Dicha instrucción preveía como conclusiones proponer fuertes sanciones para el general Dámaso Berenguer, Comisario de España en el Protectorado español de Marruecos, y en menor medida para el general Navarro, quien rindió las tropas en Monte Arruit, donde fueron masacrados más tres mil españoles por las fuerzas de Abd El Krim.

La instauración en España del directorio militar de Primo de Rivera y una posterior amnistía dejó en el olvido este expediente, que hoy se estudia como un ejemplo de rigor en las investigaciones militares en el mundo.

Expediente que, asimismo, concluye con la nula organización del ejercito en África, el escaso aprovisionamiento o provisión, y las decisiones y ordenes fallidas que condujeron al Desastre.

De esta declaración del teniente médico López Galiacho, que por primera vez se transcribe para ElCierreDigital.com, resulta probado que cuando se dio la orden de evacuación del puesto de Annual en la mañana del 22 de julio, ésta se hizo de forma generalmente desordenada e improvisada, sin que quedaran jefes u oficiales para comandar la columna de retirada, pues estos ya habían escapado de forma motorizada hasta Melilla, poniendo a salvo sus propias vidas.

El teniente López Galiacho, cumpliendo con su deber y sin abandonar su posición, fue sacando heridos en las artolas y poniendo las mulas en las columnas de retiradas. No abandonó el puesto hasta que no hubo salido la última mula artola disponible, asistiéndole solo un sargento de sanidad herido en esta retirada.

Pasó por el desfiladero de Izzumar, al que llamaban por su forma en zigzag “el tobogán de la muerte”. Allí se bajó de las mulas para atender con lo que había, a heridos con gravísimas hemorragias, mientras que el fuego enemigo silbaba por su cabeza y hasta algún herido más pudo montar en la artola. Llegó al puesto de Dar-Drius donde, a pesar de estar abrasado de sed y exhausto, siguió curando heridos.

El Desastre de Annual. 

Al final, pudo llegar al puesto de Tistuin y enganchar en una ambulancia hacia Melilla. Prácticamente todos los jefes de las enfermerías que visitó en su evacuación de Annual, murieron en el puesto o en la retirada.

Tras declarar en esta causa ante el Tribunal Supremo en abril de 1923 dejaría el Ejército, dedicándose a su verdadera vocación que era la medicina, ocupando la dirección del Hospital Provincial de Albacete y convirtiéndose en un referente en la especialidad de digestivo. Hoy, una calle en Albacete le recuerda.

En su tumba se realizó el pasado miércoles 21 de julio de 2021 un homenaje a todos los albacetenses que ofrecieron su vida en Annual en aquellos veinte trágicos días.

 

Tumba del doctor López-Galiacho en el cementerio de Albacete, donde se le homenajeó. 

Una frase puede resumir un titular como el que hoy en exclusiva le ofrece ElCierreDigital.com, y que no es otra que esta: “El Ejército es el reflejo de la sociedad del momento, capaz de realizar grandes epopeyas y tener entre sus filas gente indigna y miserable, esto último en franca minoría”.

Pieza reservada depositada ante el Tribunal Supremo 

"Comandancia General de Melilla. Plaza de Melilla. Año de 1923. Exhorto para diligenciar en el Teniente Médico Don Emilio López Galiacho que se hallaba en el puesto de Annual el 21 de julio de 1921. Juez Instructor: comandante de infantería José Manuel Ramírez González. Secretario: teniente de infantería Don Joaquín Garcia-Morato y Ruiz.

Declaración del teniente médico don Emilio López-Galiacho. En Melilla a 7 de abril de 1923, previa citación compareció el testigo citado al margen, el que enterado que iba a prestar declaración y de la obligación que tiene de decir verdad, prometió por su palabra de honor decir la verdad de cuanto supiera y fuera interrogado y siendo por las generales de la Ley.

Documento del interrogatorio al doctor López Galiacho.

Dijo: llamándose como queda dicho, mayor de edad, soltero, teniente del cuerpo de sanidad militar y con destino en hospitales militares de Melilla desde principios de este mes y antes prestando servicios en la compañía mixta de sanidad militar.

Preguntado a tenor de lo siguiente dijo: que el día 21 de julio de 1921, estaba en la posición de Annual, encargado de la sección de montaña de la compañía mixta de sanidad militar de esta plaza; en la posición estaban los heridos como consecuencia de los convoyes a la posición de Igueriben que fueron debidamente evacuados a Annual e instalados en la tienda hospital y tiendas de tropa que reunían las mejores condiciones y garantías de no ser mortalmente heridos, utilizándose para este fin incluso la tienda del General, haciéndole las curas rectificadoras en cuyo papel intervino muy eficazmente el teniente que declara en unión de los demás médicos de la posición que no dejaron un instante a su importante misión.

En el aspecto militar no observó nada digno de mención, estando dedicado exclusivamente a la asistencia de heridos, hasta el punto que le pilló de sorpresa la evacuación de la posición aunque había oído que los convoyes no se podían hacer.

Preguntado a tenor de la posición, dijo: que él no recibió orden directa de nadie de abandonar la posición, únicamente el comandante médico Carlos Gómez Moreno le ordenó saliera todas las artolas que acampaban en la parte baja del campamento y que fuera cargando en ella los heridos sobrante del convoy de camiones que él iba a organizar. El vio como efectivamente movía un convoy rápido utilizando ambulancias y camionetas después disponía mandando en ellas a los heridos más graves de cabeza, pecho y vientre; el que declara cumpliendo la orden con la urgencia del caso y una vez las artolas estaba dentro de la posición, era fácil pues por la misma puerta salían a la vez fuerzas que ya evacuaban la posición, fue de tienda en tienda recogiendo heridos que ayudaba a cargar en las artolas, mientras hacía la clasificación de heridos que la premura de tiempo permitía y sin resultado positivo ninguno pues disponía de un solo medio de transporte, que forzosamente tenía que utilizar para todos los heridos, sin distinción, ordenando al sargento de la sección que se pusiese a la cabeza del convoy de artolas y siguiera en dirección a Izumar por donde la columna marchaba, quedándose el que suscribe en la posición organizando la evacuación de los heridos, ordenando la salida de las artolas a medida que iban ocupándose y no abandonó la posición hasta que no tuvo ninguna artola disponible.

Que como antes dijo no abandonó la posición hasta no disponer de ninguna artola, saliendo en la última bajo fuego intenso, y como las demás artolas salieron con bastante anterioridad ignora si la marcha fue ordenada o con precipitación, teniendo en cuenta que con las artolas salían más fuerzas de la posición y por tanto mezcladas con ellas, pero sabe por referencias que los sargentos pusieron de su parte cuanto pudieron para la mayor ordenación de la marcha, personal facultativo no había más que el oficial que suscribe, y como personal auxiliar los sargentos, uno de ellos herido dentro del campamento cuando ayudaba a rectificar curas y los otros dos que salieron a la cabeza del convoy de artolas.

La salida de la posición la hizo en la última artola no se separó de ella hasta pasada la posición de Izumar que ya estaba evacuada, pues habiendo encontrado en el camino heridos algunos con grandes hemorragias, se detuvo en el camino asistiéndoles con los escasos medios que disponía y utilizando lo que a mano encontraba, cargando otro herido más en la artola en el que iba y parando otros mulos que veía pasar; así continuó parándose a socorrer a heridos hasta unos cinco kilómetros de Ben Tieb en que ya falto de fuerzas y por la sed que le abrasaba se dirigió a una ambulancia automóvil que se hallaba parada a un lado del camino en espera de heridos, marchándose en la ambulancia hasta Dar-Drius, no habiendo encontrado ninguna artola entre el recorrido Annual-Drius. En esta posición reunió todas las artolas que allí habían llegado que eran muy pocas y cuyos heridos habían sido entregados en la enfermería de la posición.

El Desastre de Annual. 

A última hora de la tarde no habían llegado las restantes artolas, encontrándose por tanto con las secciones deshechas y sin material curativo ni de transporte. En estas condiciones se fue a la enfermería de la posición que estaba llena de heridos ayudando a curar y organizar el conjunto de camiones y ambulancias que los trasladarían a Tistutín, pero dado el número de heridos resultaban insuficientes. Él se encontraba enfermo, extenuado por las fatigas de tantos días y a pesar de las reiteradas indicaciones del capitán médico de la enfermería, don Víctor García Martínez, de que se fuera a la Plaza, no quiso hacerlo. A última hora de la tarde, el mismo capitán médico le dijo que según una orden del general Navarro, las fuerzas llegadas de Annual y que estuvieran desorganizadas e inservibles que continuaran hacia la Plaza. Comprobando esta orden y viendo cómo la artillería que había venido de Annual se preparaba para la marcha, entonces reunió el escaso personal que tenía, con muchos heridos extenuados y con artolas inservibles y a continuación de las baterías de artillería salió de la posición llegando a Batel donde pernoctó. Continuó de mañana a Tistutín donde estuvo con el capitán Rebollar, jefe de aquella enfermería, mientras las baterías continuaron el camino emprendiendo la marcha hacia la plaza, sin encontrar durante el camino obstáculo alguno llegando a Melilla a las diez de la noche.

Según escuchó al jefe de la enfermería de Tistutín se organizaría un tren sanitario exclusivamente para heridos y recuerda que un alférez de infantería dijo que tenía orden del jefe de la posición de no dejar marchar en él a nadie.

Preguntado si tiene algo más que decir dijo: que no, que lo dicho es la verdad, en descargo de la palabra empeñada y leída que fue esta su declaración se afirmó y ratificó en ella, firmando a continuación.

En Melilla a 9 de abril de 1921".

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