26 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

EL 1 DE AGOSTO DE 1980 RAFI ESCOBEDO ACABÓ "SÓLO O EN COMPAÑÍA DE OTROS" CON LA VIDA DE SUS SUEGROS Y FUE CONDENADO A 53 AÑOS DE PRISIÓN

Las dudas sobre el crimen de los Marqueses de Urquijo: El caso que desde hace 41 años marca la crónica negra en España

Los Marqueses de Urquijo.
Los Marqueses de Urquijo.
En el verano de 1980 se cometió uno de los asesinatos más famosos de la historia reciente de España, el de los Marqueses de Urquijo. Sexo, dinero y traiciones en el seno de la alta sociedad se entremezclaban en un caso lleno de errores, tanto en la investigación como en la instrucción. Se remató con un único condenado, Rafi Escobedo, y una sentencia con una de las frases más desafortunadas de la historia judicial española: "el acusado cometió el asesinato sólo o compañía de otros".

Sucedió en el verano de 1980. La crónica negra española estaba a punto de escribir una de sus páginas más célebres. En la madrugada del 1 de agosto, se cumplen hoy 41 años, los marqueses de Urquijo eran asesinados en su mansión de Somosaguas.

Eran años de Transición tras la dictadura y, por primera vez, los españoles asistían a las miserias de la alta sociedad. Aquella historia contenía todos los componentes y personajes necesarios para escribir el mejor de los thrillers: la mala relación de los hijos de los marqueses con sus padres, los extraños movimientos del administrador del marqués, la chica de servicio que aquella noche durmió en la casa y no escuchó nada, líos de faldas, dos asesinatos con demasiadas dudas y una investigación que, con la perspectiva de los años, fue el colmo de las chapuzas y los errores, cometidos de forma involuntaria o no.

Los Urquijo y los Escobedo en la boda de Miryam y Rafi. 

La madrugada del 1 de agosto de 1980 los Marqueses de Urquijo dormían en camas separadas. Él, Manuel de la Sierra, de 55 años, lo hacía en la habitación matrimonial. Ella, Lourdes Urquijo, quien verdaderamente ostentaba el título, en una austera habitación contigua. Supuestamente, junto a ellos pernoctaba en la mansión su criada, más tarde se sabría que durante la noche se había ausentado para mantener un encuentro sexual con el mayordomo del banquero Claudio Boada, vecino de los asesinados.

En plena noche uno o varios asaltantes -se cree que al menos fueron tres, pero es una de las dudas que todavía persisten- saltaron la valla de un metro y medio que rodeaba la propiedad y se dirigieron a la mansión. Subieron a la primera planta y entraron en la habitación del marqués, al que dispararon un tiro en la nuca, justo detrás de la oreja. Murió en el acto. A Lourdes, en la boca y, después, en la vena carótida.

Los cuerpos de los aristócratas fueron descubiertos a las nueve de la mañana por el personal del servicio. Después de dar la voz de alarma, llegó la Policía y, con ella, comenzaron los errores en las actuaciones.

El arma, la caja fuerte y el administrador 

El jefe del Grupo IX de Homicidios, el inspector Luis Aguirre, determinó que los casquillos hallados en la escena del crimen se correspondían a una Star, calibre 22 Long Rifle, un modelo difícil de encontrar. No obstante, tras las primeras indagaciones, los investigadores abandonaron el inmueble sin hallar el arma del crimen ni tampoco molestarse en darse cuenta de que la caja fuerte estaba intacta, así como los objetos de valor de los marqueses.

Un detalle que no pasó por alto el administrador de la familia, Diego Martínez Herrera, que se hizo con el contenido y le prendió fuego en una pequeña hoguera en el jardín, que no pasó desapercibida para ciertos testigos. Además, algunas versiones recogidas por las crónicas de la época, señalan que fue él quien ordenó que limpiaran las manchas de sangre de los dormitorios y que lavaran los cuerpos de los marqueses. Otras, indican que fueron propios hijos. Fuera quien fuera, la acción no tuvo ninguna consecuencia judicial.

La condena

La sentencia de folio y medio firmada por Bienvenido Guevara en julio de 1983, condenó a Rafael Escobedo, exmarido de Myriam, hija de los Marqueses de Urquijo, a 53 años de cárcel por matar a sus suegros. En palabras del juez, aquella noche Escobedo "por sí solo o en unión de otros" accedió al interior del chalet haciendo un agujero en el cristal del ventanal de la piscina. Con un soplete hizo un boquete en la puerta que daba acceso a la casa, metió el brazo y accionó la manivela por fuera. Subió hasta los dormitorios, entró en la habitación del marqués, se acercó hasta oírle respirar y le mató de un solo disparo. Tal y como Escobedo confesó a la policía, "lo de la marquesa fue un accidente". 

'Rafi' Escobedo. 

Según contaría el propio Rafi años después, la policía le sometió a torturas físicas y psicológicas, algo habitual en pleno posfranquismo, y consiguieron arrancarle una confesión. Sobre una cuartilla que firmó aseguró haber matado a sus suegros. Esta cuartilla, al igual que los casquillos, desaparecieron misteriosamente en el momento del juicio.

Los inspectores que llevaron el caso tampoco creyeron nunca su motivo para acabar con la vida de los marqueses, un móvil pasional que no parecía suficiente: meses antes del crimen, Myriam le había dejado por Richard Dennis Rew, conocido como ‘Dick el americano’, el jefe de ambos en la empresa Golden Paradise. 'Rafi' siempre culpó al marqués de su separación porque nunca aprobó que su hija se hubiera casado con un chico sin oficio ni beneficio. 

Escobedo sólo cumplió siete años de cárcel. En julio de 1988 fue hallado muerto en su celda del penal del Dueso, en Cantabria. La versión oficial apuntaba a que 'Rafi' se había suicidado ahorcándose con una sábana. Sin embargo, su abogado, Marcos García Montes, encargó una segunda autopsia que determinó que los pulmones de Escobedo tenían restos de cianuro. 

Un giro inesperado y un segundo juicio 

En octubre de 1983, dos meses después de conocer la sentencia firme contra 'Rafi', el caso Urquijo dio un giro inesperado. La revista Interviú colocó en el disparadero a Mauricio López-Roberts, V marqués de la Torrehermosa, al publicar que él, muy amigo de Rafi y un apasionado de la caza, encargó días antes del crimen un silenciador para un arma en un taller de Lavapiés. El 26 de febrero de 1990, López-Roberts fue condenado a diez años de cárcel por encubridor.

Javier Anastasio de Espona, que también fue detenido en octubre de 1983 como presunto coautor del crimen, se fugó un mes antes de la celebración del juicio. Durante años vivió en varios países de Latinoamerica y en 2010, tras prescribir el caso, volvió a España.

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