21 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

Dos miembros de la Santa Sede intercambiaron correspondencia de un presunto “acoso” de Mario Meneguzzi a la hermana de la chica perdida hace 40 años

Desaparición Emanuela Orlandi: Una carta apunta su tío y la familia acusa al Vaticano de “desviar la atención”

El Cierre Digital en La Ciudad del Vaticano y la joven Emanuela Orlandi.
La Ciudad del Vaticano y la joven Emanuela Orlandi.
Una cadena de televisión italiana ha dado a conocer una carta entre el secretario de Estado del Vaticano y un sacerdote sobre la desaparición de Emanuela Orlandi en 1983. En la carta se apunta a un presunto “acoso” de Mario Menguzzi, tío de la joven de 15 años desaparecida, hacia la hermana de esta, Natalina. Los Orlandi han desmentido que Menguzzi pudiera estar implicado y acusan al Vaticano de intentar “descargar responsabilidades”.

Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983 en el Vaticano, donde residía porque su padre trabajaba para la Santa Sede. Más de 40 años después, el caso conocido como el de ‘La chica del Vaticano’ —debido a la reciente docuserie estrenada bajo este nombre en Netflix— sigue ofreciendo nuevas pistas. Una de las últimas la difundió la cadena de televisión italiana La7, que ponía bajo sospecha al tío de Emanuela: Mario Meneguzzi. La familia de la joven desaparecida no tardó en mostrar su indignación.

Según informaba esta cadena a través de un reportaje del caso, tres meses después de la desaparición de Emanuela Orlandi hubo un intercambio de correspondencia entre Agostino Casaroli —por aquel entonces, secretario de Estado del Vaticano— y un sacerdote sudamericano que había sido consejero espiritual y confesor de los Orlandi antes de ser enviado a Colombia por Juan Pablo II. En la carta, el secretario preguntaba al confesor si era cierto que Natalina —hermana mayor de Emanuela­— había sido “acosada” por su tío, Mario Meneguzzi.

El sacerdote afirmó que era cierto: “Natalina fue objeto de atenciones morbosas por parte de su tío, me lo confesó, aterrada”. Según continuaba el medio, Natalina no dijo nada para evitar ser despedida, ya que su tío le había conseguido el trabajo en el que estaba. Siempre según la cadena, las autoridades investigaron esta pista ya que se “parecía” a un retrato robot que unos testigos habían hecho. Este retrato pertenecía a un hombre que se encontraba en un coche en el que Emanuela se subió, aparentemente, antes de desaparecer.

La respuesta de la familia de Emanuela

La familia no tardó en responder a la información difundida por la cadena italiana. Y lo hizo con indignación. Natalina confesó que su tío había intentado seducirla, pero solo fue de forma verbal y que, cuando ella le mostró su negativa, se apartó de inmediato. Solo se lo confesó a su marido y al sacerdote ya mencionado.

Pietro Orlandi con un cartel de su hermana desaparecida.

No obstante, a pesar de admitir esto, no dudaron a la hora de defender a Meneguzzi —ya fallecido—, quien el día de la desaparición de Emanuela se encontraba fuera de Roma por vacaciones. Para los familiares de ‘La chica del Vaticano’, el hecho de que esta información haya salido a la luz es un modo del Vaticano de “descargar cualquier tipo de responsabilidad sobre otros y hasta sobre la familia”.

Los familiares de Emanuela siguen sosteniendo que la desaparición de la joven de 15 años tendría que ver con “tres o cuatro cardenales pedófilos” sobre los que la policía del Vaticano les habría informado.

Dichas acusaciones de pedofilia sobre un círculo cercano al papa Juan Pablo II o de integrantes de la mafia en los lindes de la Santa Sede, ya fueron expresadas con anterioridad. Algunos de los miembros del Vaticano, como el cardenal Stanislaw Dziwisz, histórico secretario de san Juan Pablo II durante años, y el propio Papa Francisco respondieron de forma tajante negándolo: "Un pensamiento a la memoria de san Juan Pablo II —señaló Francisco—, en estos días objeto de suposiciones sin fundamento", argumentó el Pontífice desde el balcón del Palacio Apostólico tras el rezo del Regina Coeli el pasado 16 de abril.

Más tarde, Pietro Orlandi  —hermano de la desaparecida— se retractó de sus palabras, aunque reiteró sus críticas a la poca transparencia del Vaticano.

Una reunión entre el hermano y el Papa Francisco

Pietro Orlandi fue escuchado el pasado 11 de abril en el Vaticano. Era la primera investigación que corría a cargo de la justicia pontificia, por deseo personal del Papa Francisco al objeto de arrojar luz sobre uno de los episodios más misteriosos de la crónica negra italiana. La fiscalía de la Ciudad del Vaticano ordenó la reapertura del caso el pasado 11 de enero.

La reunión entre el hermano y el pontífice duró ocho horas. En ella se aportaron datos de las recientes investigaciones y algunos documentos que prueban las sospechas infundadas del pasado. A la salida de la reunión, Orlandi explicó que había entregado todas las pruebas de las que disponía, incidiendo en las más recientes, que se refieren a la posible pedofilia e incluyen el audio de un integrante de la mafia, cercano al papa Juan Pablo II, que habla de abuso sexual a menores dentro de la Santa Sede.

Cartel de la desaparición de Emanuela Orlandi.

Y es que, entre las pruebas figura una conversación de WhatsApp donde se cita a dos personas vinculadas al Santo Padre: el cardenal español Santos Abril y Castelló y el sacerdote del Opus Dei Lucio Ángel Vallejo Balda.

A la salida de la reunión, en la plaza de San Pietro, Orlandi, por primera vez en casi 40 años, se mostró optimista: “No excluyeron a nadie, aceptaron y tomaron en consideración las cosas que dije. Por primera vez en cuarenta años me escucharon en profundidad”.

El caso de Emanuela Orlandi

La joven Orlandi era la cuarta hija de una familia afincada en la Ciudad del Vaticano. Su padre trabajaba como funcionario de la Prefectura de la Casa Pontificia. Con gran interés por la música y las artes, Emanuela tomaba clases de flauta travesera, piano y canto.

El 22 de junio de 1983, como todos los miércoles y viernes, se fue a sus clases de música. A la salida de clase, la joven llamó a su hermana para contarle que un desconocido le había ofrecido un trabajo como vendedora de Avon. Esa fue la última vez que alguien mantuvo una conversación con Emanuela.

A lo largo de estos años Orlandi ha asegurado contar con pruebas que apuntan a dos personas cercanas al Sumo Pontífice, y pide que de una vez por todas se asuman responsabilidades. “Tengo que decir que he encontrado una gran disponibilidad del fiscal para aclarar las cosas. Si hay responsabilidades, incluso en los rangos más altos del Vaticano, tienen que salir".

Esa misma noche la familia Orlandi comenzó a inquietarse al no regresar la menor al domicilio. Sin embargo, cuando fueron a la comisaria a denunciar su desaparición, la policía les comunicó que no habían pasado las horas suficientes para ordenar la búsqueda. Ante la negativa, su hermano Pietro decidió empapelar las calles de la ciudad con fotografías de Emanuela. El caso abría los informativos y se convirtió en un suceso que revolucionó a toda la comunidad italiana, incluido al Vaticano.

Hipótesis: mafia, pedofilia y terrorismo

Fueron muchas las hipótesis planteadas a lo largo de los años. Muy diversas y algunas incluso inverosímiles. Una de ellas, relacionada con la Santa Sede y con el papa Juan Pablo II.

La familia Orlandi junto al Papa Juan Pablo II.

Juan Pablo II llegó a intervenir y pedir por la joven, lo que provocó una llamada telefónica que devolvió la esperanza a los familiares. En esa llamada, un ciudadano, al que más tarde apodaron como “el americano”, les informó de que había hablado con Emanuela la noche anterior. El autor de la llamada les puso una grabación de la voz de la joven. Los Orlandi no tenían ninguna duda, Emanuela continuaba con vida.

Según esta teoría, la desaparición estaba vinculada al atentado que sufrió Juan Pablo II en mayo de 1981 a manos de Mehmet Ali Ağca. Ağca fue condenado a cadena perpetua, por lo que una de las llamadas telefónicas que recibió la familia, de nuevo por parte de “el americano”, tuvo como objetivo exigir la liberación del terrorista a cambio de la libertad de la joven.

Los medios de comunicación de la época señalaron que, a raíz de las diversas llamadas, se planteó la idea de que el intento de asesinato del Papa guardara relación con la KGB. El terrorista turco tenía datos sobre la desaparición de la niña y fue la KGB quien quería sacarle de prisión para que así pudiera guardar silencio.

Otra de las hipótesis que surgieron fue la de una supuesta venganza de la Cosa Nostra. Las investigaciones apuntaban a una posible implicación del capo Enrico de Pedis en el secuestro de la menor. El italiano era el supuesto líder de una de las organizaciones criminales activas en la ciudad de Roma. La organización mantenía fuertes vínculos con las altas esferas eclesiásticas del Vaticano ya que solía hacer negocios con el Banco Ambrosiano, propiedad de la Santa Sede.

De Pedis fue asesinado en 1990 y es el único capo enterrado en la Basílica de San Apolinar. Las especulaciones sobre su participación eran cada vez más intensas y, años más tarde, Sabrina Minardi, una de sus examantes, confesó que el italiano había estado detrás del secuestro de la joven por un ajuste de cuentas con la Santa Sede tras la quiebra del Banco Ambrosiano.

La última hipótesis apuntó directamente a la Santa Sede. La joven le confesó a una amiga suya que durante una de las tardes en las que iba a sus clases de música, Gabriel Amorth, un sacerdote cercano al Papa Juan Pablo II, "la había acosado sexualmente". Los casos de pedofilia en la Iglesia eran habituales y en 2012 se filtraron una serie de documentos donde aparecían una serie de gastos sufragados por el Vaticano a nombre de Emanuela.

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