23 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Según fuentes de la investigación el hombre que siempre estuvo en el punto de mira pero no fue imputado pudo entregar esa ropa a una tercera persona

Novedades 'Crimen Déborah Fernández': Fibras encontradas en sus uñas son de la ropa de cama de un sospechoso

Déborah Fernández.
Déborah Fernández.
La familia de Déborah Fernández a través de su abogado, Ramón Pérez Amoedo, han conseguido un informe a cargo del Despacho Criminológico y Jurídico Balfagón y Chippirrás que aporta dos nuevas líneas de investigación. Así, las fibras halladas bajo las uñas de la joven que en su día no se recogieron según fuentes consultadas por Elcierrdigital.com, podrían pertenecer a ropa de cama que en su día el principal sospechoso del crimen habría entregado a una tercera persona. 

El caso de Deborah Fernández prescribirá el 30 de abril de 2022 pero la familia de la joven está luchando por descubrir nuevos datos que ayuden a reabrir el caso. La investigación de Balfagón y Chippirrás puso el dedo en un aspecto importantísimo: en su momento no se realizó la correspondiente inspección de las uñas de las manos de la joven. Un examen de vital importancia que se realizó el pasado mes de mayo en base al informe que en abril aportó el criminólogo Óscar Tarurruella que propició la exhumación del cadáver de Déborah. En este nuevo examen se confirmó la aparición de pelos y fibras que podrían ayudar a resolver este caso. Las fibras halladas, según fuentes consultadas por Elcierredigital.com, podrían pertenecer a ropa de cama que en su día el principal sospechoso del crimen habría entregado a una tercera persona. 

Un dato que en su momento no se tuvo en cuenta y que vuelve a poner sobre la mesa los errores de la investigación. Pero no fue el único error, el ordenador de la joven, que se encontraba guardado en dependencias policiales desde el año 2006, nunca fue estudiado para buscar pruebas de lo sucedido

Campaña que pide justicia para Deborah.

Ahora, con la nueva información genética de la que disponen, han solicitado al Juzgado de Instrucción número 2 de Tui un "cribado masivo" y voluntario a más de treinta personas que de alguna forma han estado relacionadas con este caso.

Esta información, junto a la del disco duro recuperado, son las claves del informe a cargo de la criminóloga Carmen Balfagón, experta en recuperar crímenes 'dormidos' y aportar cambios de rumbo a investigaciones que, aparentemente, entran en vía muerta. 

Un crimen cometido en 2002

El 30 de abril de 2002 era un día normal para Déborah Fernández, fue a clase de Diseño Gráfico pero salió antes porque se sentía mal. Déborah, viguesa de 22 años, se fue desde clase a su casa en la avenida Atlántida de Alcabre y a mediodía acudió a la peluquería. Después de comer, por la tarde, salió a correr por la playa de Samil, se encontró con su prima e hicieron juntas parte del recorrido. A la altura del puente de Langares se despidió de ella, le dijo que no iba a salir aquella noche, que iba a alquilar "Amelie" en el videoclub.

A las nueve menos cuarto de la noche fue vista por última vez en la zona de Alcabre cuando un conocido, supuestamente, se cruzó con ella a 500 metros de su casa. Diez días más tarde, el 10 de mayo, una vecina, Adelaida, que paseaba a su perro por O Rosal, encontró su cuerpo a más de 40 kilómetros de Vigo. La joven estaba a tres metros del arcén de la carretera, desnuda y medio tapada con ramas de acacia, acostada de lado, con piernas y brazos flexionados. Depositaron el cuerpo con cuidado, con mimo, porque no había señales de arrastre del cadáver sobre el suelo.

La criminóloga Carmen Balfagón. 

La autopsia desveló que la joven había muerto entre seis y nueve días antes, pudiendo incluso haber ocurrido el mismo día de su desaparición. Cuando murió estaba vestida y así estuvo al menos durante las doce horas siguientes a su muerte. Luego desnudaron su cuerpo y lo lavaron. Los informes también arrojaron que Déborah permaneció en un lugar frío y oscuro, quizás una cámara frigorífica o un sótano, hasta que fue depositada en la cuneta por su presunto asesino o un cómplice.

El cuerpo no tenía signos de violencia ni de agresión sexual. La hipótesis más fiable fue la muerte por sofocación con un objeto blando, que no habría dejado signos violentos. Junto al cadáver se dejaron pistas falsas, como un preservativo usado, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo el cuerpo. También se hallaron restos de semen y ADN, que parecían pruebas fiables para encontrar al autor. Durante años los investigadores siguieron estas pistas que luego resultaron ser falsas, se hicieron cientos de pruebas, entre ellos al principal sospechoso, un joven que había sido novio de la chica. Pero no se consiguieron resultados positivos.

Los investigadores finalmente descubrieron que la escena era ficticia, un escenario montado para hacer creer en el móvil sexual. El autor incluso introdujo semen artificialmente en la vagina de la joven, ya muerta. Los forenses determinaron que esa es la única explicación a que se conservara ese fluido diez días después del fallecimiento. Hasta cinco grupos policiales de trabajo pasaron por el caso sin poder llevar al asesino ante la Justicia. Diecinueve años más tarde la familia, los investigadores contratados y el Juzgado tratarán de arrojar luz sobre un crimen sin resolver.

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