30 de noviembre de 2022
|
Buscar
FIN DE SEMANA

El psicólogo forense Javier Urra analiza para El Cierre Digital las causas de homicidios como el de este martes y los motivos de los agresores

Saltan alarmas tras crimen de la niña en Oviedo: "No hay trastorno mental, hay intención"

Javier Urra.
Javier Urra. / Psicólogo Forense y ex defensor del menor.
El asesinato de una niña de 14 años en Oviedo el pasado martes a manos, presuntamente, de su vecino, recuerda a otros casos como el de Laia, una niña de 13 años que fue asfixiada en un municipio de Barcelona. Elcierredigital.com se ha puesto en contacto con Javier Urra, psicólogo forense que trabajó en la Fiscalía de Menores, para establecer las posibles causas y soluciones de estos crímenes.

El pasado martes el asesinato de una menor de 14 años en Oviedo conmocionaba a España. El suceso tuvo lugar en el edificio donde la joven vivía y fue, presuntamente, a manos de un vecino de 32 años de origen moldavo, que le provocó severas heridas con arma blanca. Una situación que recuerda a una tragedia que ocurrió en 2018, cuando un vecino asesinó en Vilanova i la Geltrú a Laia, una niña de 13 años. Laia murió asfixiada, con varias heridas provocadas por un cuchillo de cocina.

Estas situaciones hacen preguntarse hasta qué punto son evitables y cuáles son las causas. Elcierredigital.com ha contactado con el psicólogo forense Javier Urra, que ha pasado 32 años en la Fiscalía de Menores, para arrojar algo de luz a estos temas. 

Laia, la niña asesinada en 2018, y su madre.

Aunque no considera que haya un perfil definido para este tipo de casos, sí que atribuye para todos estos asesinatos una causa: el egoísmo. “Hay gente que es muy egoísta, que cuyo principio es primero yo y luego yo. No existe la compasión. No existe la reciprocidad. No existe el no”, explica a elcierredigital.com.

Egoísmo e intencionalidad, las causas

Urra afirma que en estos casos el asesino es perfectamente consciente de lo que hace: “Saben lo que hacen y hacen lo que quieren hacer. No hay un trastorno mental transitorio. Hay una intencionalidad”. Añade, además, que “no es una obsesión compulsiva que les disguste. La idea no les viene y les es recurrente, sino que ellos lo provocan”.

Por ello, el psicólogo se muestra crítico con aquellas personas que intentan atribuir este tipo de comportamientos a una enfermedad: “Unir enfermedad mental a crimen es terrible, porque la mayoría de los enfermos mentales no cometen hechos delictivos. Es profundamente injusto alumbrar que el mal va de la mano de la enfermedad mental. Eso no es verdad”.

Debido a esta intencionalidad y el único pensamiento del ‘yo’, este tipo de asesinos meditan deliberadamente sus movimientos: “ellos lo que piensan es cuál es su placer y qué es lo que quieren hacer. Matar muchas veces es una garantía de no ser detenido. Si cometen un hecho, corren el riesgo de que luego les denuncien. Si cometen el hecho y luego matan, el riesgo es menor”.

En muchos de estos casos, como en el suceso del pasado martes, el agresor se hiere o llega a suicidarse. Sobre este aspecto, Urra cree que “a lo mejor lo piensan: ‘la mato y me suicido. Pero antes la mato’. El orden ahí es muy importante”, aunque matiza que, en muchas ocasiones, los agresores simplemente se hieren, por lo que queda en el aire si la idea principal era el suicidio o, simplemente “buscar un atenuante”, como indica Urra a elcierredigital.com

Prisión y educación, las principales soluciones

Teniendo en cuenta que estos agresores planifican sus movimientos sin estar afectados por ningún tipo de enfermedad, la rehabilitación de estos individuos parece compleja: “Podemos trabajar con la mayoría, pero hay gente que no quiere cambiar, que es muy psicopática. Y no podemos, u hoy no sabemos cómo abordarlo con éxito. Sí que sabemos cómo trabajar con ello, pero con muy poco éxito. Lo primero que hay que hacer es reconocerlo, y una vez llegados a ese punto, privarle de libertad. Para que otra niña no muera a manos de un desalmado”, confirma Urra.

Javier Urra.

De este modo, el psicólogo cree firmemente que algunos casos deben enfrentarse a “prisión permanente revisable, porque el daño que ocasionan es incalculable. (…) ¿Eso hace que la persona cambie? Yo diría que no. A ciertas edades y características, mi expectativa de modificación de conducta es muy baja. En caso de los menores sí, en los señores ya mayores no, porque ya son artrósicos mentales, pero mientras estén en la cárcel no pueden cometer otros hechos, esto es importante”.

Dentro de las prisiones, cabría aplicar “cursos de terapia y de tratamiento con los que se podría avanzar. El problema es que las prisiones en España no obligan ni a terapia ni a nada”, señala Urra.

La prisión permanente revisable se convierte, de este modo, en el medio para evitar posibles tragedias de este tipo. Sin embargo, Urra considera que la educación es fundamental para la prevención. “Casi no tenemos mujeres en la cárcel. La pregunta es por qué, y la respuesta es por la educación. La mujer está muy afianzada en la sensibilidad, en el cuidado… Y el hombre no. El hombre sigue creyendo en la posesión, en el dominio… Y eso lo hace muchísimo más violento, no solo con las mujeres”, explica Urra, poniendo así el foco en el refuerzo de la educación.

COMPARTIR: