23 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

La residente, que salió en 2017 del psiquiátrico de Fontcalent, asesinó a tres personas en la Fundación Jiménez Díaz y ahora ha atacado a otras dos

Así es la intrahistoria de la doctora Noelia de Mingo: Acusada de tentativa de homicidio

Noelia de Mingo.
Noelia de Mingo.
Noelia de Mingo, la doctora que el 3 de abril de 2003 asesinó a tres personas e hirió de gravedad a otras cinco en la Fundación Jiménez Díaz, ha sido enviada a prisión provisional acusada de tentativa de homicidio tras apuñalar, en la mañana de este lunes, a dos mujeres en un supermercado de la localidad madrileña de El Molar. La mujer, que estaba en libertad desde 2017, había dejado de tomar la medicación.

Noelia ya vivía en la oscuridad mucho antes del terrible suceso del 3 de abril de 2003. Desde hacía meses acudía a su trabajo como médico residente de Reumatología de la Fundación Jiménez Díaz, se sentaba ante el ordenador apagado y comenzaba a pulsar las teclas. La doctora cantaba entre dientes, insultaba a los pacientes o les recetaba análisis sin hablar ni siquiera con ellos, se quitaba partículas e insectos imaginarios que creía que llevaba en la bata y recelaba de todos sus compañeros. Ellos apenas se atrevían a mirarla cuando se cruzaban con Noelia, las manos en los bolsillos de la bata y la cabeza mirando al suelo. Una de sus víctimas mortales, Leilah, llegó a decir “cualquier día me clava un cuchillo por la espalda”.

Todos la tenían miedo y Noelia pensaba que todos conspiraban contra ella, sin darse cuenta de que eran sus propios fantasmas los que la iban tirando con fuerza hacia la oscuridad absoluta. En 2003 Noelia estaba a punto de perder por completo la batalla, desde hacía dos años pensaba que sus compañeros tramaban algo contra ella, quizá matarla. En 2001 le contó a un médico que alguien había metido micros y cámaras en su casa y que sus compañeros la grababan.

Noelia llegó a presentar una denuncia en comisaría porque creía que todos sus compañeros estaban compinchados para echarla del hospital. Y en parte tenía algo de razón, pues sus compañeros ya habían alertado a sus superiores: Noelia como mínimo no cumplía con su parte del trabajo, pero también presentaba una conducta inquietante. En realidad, Noelia estaba enferma, le habían diagnosticado esquizofrenia y estaba obligada a medicarse. Cada vez que dejaba de medicarse, sus fantasmas reaparecían. En 2002 los fantasmas se quedaron de forma permanente con ella pues dejó de tomar la medicación para la esquizofrenia porque se quejaba de que las pastillas le hacían engordar. En 2003 Noelia ya vivía en la más completa oscuridad y seguía acudiendo a su trabajo porque ninguno de los responsables del hospital hizo nada para evitarlo.

El día 3 de abril llegó al hospital con un cuchillo escondido bajo la ropa y pasada media mañana, sin mediar palabra, se levantó de su silla y acuchilló de muerte a su compañera residente Leilah El Oumaari haciendo realidad su presagio. Salió de su despacho y comenzó a acuchillar a todo el que se encontraba. Los testigos dieron un relato impresionante de los hechos durante el juicio que en 2006 se celebró por los crímenes de Noelia. “Escuché un estruendo inusual y vi salir a mis compañeras de la Unidad de Control 43 manchadas de sangre. Inmediatamente salió Noelia cuchillo en mano…”.

Los testigos relatan cómo con una frialdad impresionante Noelia comenzó a apuñalar a diestro y siniestro, una paciente y Félix, el marido de otra paciente que intentó frenarla, perdieron la vida acuchillados. Hubo cinco heridos más entre pacientes, médicos, celadores y enfermeras. Noelia acabó en los psiquiátricos de las cárceles, primero Meco y después, ya condenada, en Foncalent, Alicante.

Noelia de Mingos en 2003. 

El tribunal le absolvió de los crímenes, pero la condenó a pasar un máximo de 25 años en un centro psiquiátrico penitenciario para tratarse de la esquizofrenia paranoide que sufría. Allí los fantasmas, o más bien las alucinaciones y la paranoia que según los expertos sufría, dejaron de visitarla con asiduidad. Noelia pasó cinco años en Foncalent centrada en los estudios y en su fe. Era muy reservada y le gustaba pasar inadvertida. Estudió inglés, portugués y valenciano en la Escuela Oficial de Idiomas, ya que pronto comenzaron a dejarle salir para asistir a clase. Noelia también aprovechó para realizar varios cursos de Psicología por la UNED y un máster de Psicopatología. En esa época, consiguió ser consciente de su enfermedad y dio muestras de haber comprendido todo lo que había hecho en la Fundación Jiménez Díaz aquel abril de 2003.

La fe fue otro de los pilares en que se apoyó Noelia en su rehabilitación. Realizó dos peregrinaciones, primero al santuario de Caravaca (Murcia) y posteriormente, ya en 2011, recorrió el Camino de Santiago con funcionarios y educadores de la prisión. Para entonces, Noelia salía cada día de la cárcel para acudir a sus clases de idiomas, hasta que dejó de matricularse. Su familia le anunció que pronto dejaría el centro penitenciario. En esa fecha la doctora había escrito casi una treintena de relatos cortos, ninguno autobiográfico. Cada tarde, al volver de clase, se encerraba y avanzaba en la escritura.

Fue en 2017. Los especialistas forenses informaron de su favorable evolución. “Ya no es un peligro para nadie, ni para ella misma” dijeron. Todos coincidieron, desde los psiquiatras del centro penitenciario hasta los del Hospital Infanta Sofía de Madrid (que era el centro de referencia de la doctora), pasando por los trabajadores sociales, psiquiatras del Instituto de Madrid y el forense adjunto al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Alicante. Desde su ingreso en 2006 no había protagonizado ni un solo hecho reseñable. Así fue como Noelia de Mingo salió en menos de 14 años en libertad tras los asesinatos de la Jiménez Díaz.

Noelia se trasladó de inmediato a la localidad madrileña de El Molar para vivir bajo el control de su familia. Ya había viajado sola desde Alicante hasta El Molar durante varios permisos, el último de 90 días. La única condición que le puso la Audiencia Provincial fue que un familiar se hiciera cargo de ella, de su control, y cada 15 días acudiera a una revisión en el centro de atención primaria más cercano. Su hospital de referencia también debía, según el auto, hacer seguimiento de la enferma.

Las familias de las víctimas de Noelia se opusieron pero la Audiencia Provincial se negó y dejó en libertad a la doctora Noelia de Mingo. Sólo había un problema, ¿quién iba a cuidar de quién, si su madre tenía 80 años? Durante cuatro años Noelia intentó pasar inadvertida, apenas salía, salvo para ir a misa, pero últimamente se la veía más por el pueblo. No hablaba con nadie. Nadie sabía en qué pensaba, sólo su familia tiene las respuestas. ¿Pudo su madre, ya con 85 años, evitar que no se tomara la medicación? ¿Pudo detectar si los fantasmas de su hija habían regresado?

Sí, los fantasmas de Noelia habían regresado, y ayer lunes volvieron a empujarla a actuar. Agarró un cuchillo, bajó al supermercado del pueblo y allí empezó a gritar antes de apuñalar a dos mujeres. Cuando la policía local acudió al lugar les atacó con el cuchillo antes de que por fin la redujeran. La Guardia Civil la detuvo, pero de momento no le va a tomar declaración. Noelia está de nuevo, desde hace unas horas, ingresada en la unidad psiquiátrica del Hospital Infanta Sofía de Madrid.

Los servicios de emergencia desplazados hasta el lugar de los hechos. 

En 2003 el tribunal condenó como responsable civil subsidiario al Hospital Jiménez Díaz por no actuar a tiempo con su doctora. La esquizofrenia es una enfermedad incurable que, con el tratamiento adecuado y supervisión, permite a los enfermos hacer una vida normal sin que representen peligro para nadie. ¿Y ahora, quienes son los responsables de la doctora enferma?

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