22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Consiguió tener un equipo en la élite de la ACB gracias a la ayuda de su amigo el empresario Tomás Olivo, mayor accionista actual de Unicaja

Los secretos no desvelados de la fallida incursión de Jesús Gil en el baloncesto con el Atlético de Madrid-Villalba

Plantilla del Atlético de Madrid Villalba.
Plantilla del Atlético de Madrid Villalba.
Jesús Gil y Gil se hizo un hueco en el mundo del deporte español durante las décadas de los ochenta y noventa. A su conocida presidencia del Atlético de Madrid hay que sumarle una intentona por trasladar la marca colchonera al baloncesto, que únicamente duraría un año. Durante la temporada 90/91, los colores rojiblancos lucieron por las canchas de la ACB. En el plantel de aquel equipo, destacaba por encima de todas la figura de Walter Berry, un descomunal talento NBA.

Nadie puede negar el encanto de los años ochenta y noventa en nuestro país. Tras décadas de inquebrantable dictadura, la sociedad española demandaba cambios y estos iban a llegar de forma masiva. El contacto con el mundo exterior permitió diversificar las carcomidas estructuras hegemónicas hasta la fecha y traer parte de ese “american way of life”, que años atrás sonaba a chino a millones de ciudadanos que ya bastante tenían con tratar de sobrevivir.

El deporte también experimentó las consecuencias de este periodo y, en el caso de nuestro país, el baloncesto vivió sus días más gloriosos a nivel de audiencia y repercusión social. La fiebre se desató con la plata de la selección española en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. Los Corbalán, “Epi”, Fernando Martín y compañía eran venerados en todos los puntos de la geografía española. Desde los medios de comunicación, se apostó decididamente por el basket. Los fines de semana, las radios retransmitían en directo los partidos y los aficionados podían disfrutar de legendarios enfrentamientos.

"Epi" persiguiendo a Jordan durante los Juegos Olímpicos de 1984. 

Por aquel entonces, era inconcebible no ofrecer en abierto los grandes partidos de nuestra liga, pues nadie quería perderse un espectáculo de tal entidad. El "prime time" estaba reservado a los encuentros más destacados, y en los pabellones, llenos hasta la bandera, se creaba una atmósfera característica, fruto de los vítores más ensordecedores, los colores más chillones, el olor del tabaco y decenas de vallas publicitarias plagadas de patrocinios con marcas de bebidas alcohólicas.

El baloncesto era rentable como negocio y si entonces había un hombre de negocios en nuestro país, ese era Jesús Gil y Gil. La naturaleza de los mismos, como ya se sabe, no estaba, en líneas generales, orientada precisamente hacia los derroteros de la legalidad. En 1987, el que fuera alcalde de Marbella se hacía con la presidencia del Atlético de Madrid. Expandir la marca “Atleti” al baloncesto pronto se convirtió en uno de sus objetivos.

No era la primera vez que se sopesaba la posibilidad extender al Atlético de Madrid al mundo del basket. Otros antes que Gil habían fracasado en esta empresa. Hubo intentonas desde 1922: 1932, 1952, 1983… ya fuera por falta de un proyecto sólido o por problemas económicos, lo cierto es que ninguna llegó a cuajar. No pareció importarle al ex presidente rojiblanco, que no se anduvo con rodeos.

En 1989, adquirió los derechos federativos del CB Oviedo, un equipo que militaba en la segunda categoría del baloncesto nacional. Desde el polideportivo Arganzuela, el equipo jugó sus partidos de local aquel año, pero nada salió según lo previsto, pues en lugar de alcanzar el añorado ascenso a la ACB, el club colchonero descendió de categoría. ¿Game over?

La corrupción como prólogo

Las prisas comenzaron a apoderase de Jesús Gil, que tuvo que poner en marcha la maquinaria para hacer realidad su nuevo capricho, algo que sucedería por las duras o por las maduras. Para ello, contactó con uno de sus “chicos” de confianza: Tomás Olivo. Este excamarada del antiguo presidente del club colchonero es uno de los grandes empresarios de los centros comerciales en nuestro país, con una fortuna que le coloca actualmente en el puesto número siete entre los españoles más ricos del mundo según la revista Forbes.

Olivo fue uno de los principales beneficiarios del gilismo dentro del sector inmobiliario de la costa del Sol. Prueba de ello es el hecho de que Gil facilitara la adquisición por parte de este gigante del mundo de la empresa de los terrenos donde se ubica el centro comercial ‘La Cañada’ por 600 millones de pesetas. El valor de estas tierras, según los peritos que elaboraron la inscripción registral, era de 800 millones de pesetas. La forma de pago al consistorio marbellí dirigido por el exalcalde soriano fue, cuanto menos, poco ortodoxa.

Jesús Gil llegó a presidir el Atlético de Madrid de fútbol y el de baloncesto.

En este tiempo, las autoridades judiciales también investigaron la apropiación por parte de una sociedad llamada Manilex de otras parcelas cuyo valor también se movía en torno a los 600 millones de pesetas. El máximo mandatario de esta sociedad era Roberto White, antiguo secretario del consejo de administración de la empresa que gestionaba un centro comercial de Collado Villalba (Madrid), llamado Pryca.

El promotor inmobiliario de este centro comercial madrileño era la sociedad General de Galerías Comerciales SA (la misma que gestiona “La Cañada”), dirigida, cómo no, por Tomás Olivo. El lector se estará preguntando qué tiene que ver todo este entramado con el deporte de la canasta. Pues bien, ¿averiguan dónde reubicó su equipo de baloncesto Jesús Gil? Probablemente, a estas alturas ya conocerán la respuesta: Collado Villalba.

En lo deportivo, las estrellas también parecieron alinearse del lado del entonces presidente del Atlético de Madrid. La asfixia crematística del CB Collado Villalba, clásico equipo de la ACB, había puesto al club madrileño contra la espada y la pared. La irrupción de Gil y su poderío económico parecían la salida más lógica a un laberinto que no dejaba a los madrileños muchas más salidas. Así nació el Club Atlético de Madrid Villalba, presidido por Jesús Gil y Gi y sin ninguna vinculación con el “Atleti” de fútbol más allá de la denominación.

Luces y sombras en su única temporada en el basket

La temporada 1990/1991 fue la primera y, a la postre, última del equipo. Cuando Jesús Gil comenzaba un negocio, las medias tintas no eran una opción. El recién nacido Atlético de Madrid Villalba estaba destinado a competir con los grandes “cocos” de la ACB. Con este objetivo, no se escatimó en gastos. Para el banquillo, se escogió al legendario Clifford Luyk, mito del Real Madrid de baloncesto.

En cuanto a la plantilla, estaría conformada por un aguerrido bloque nacional acompañado por dos fichajes yankees de relumbrón. Algunos de los españoles del equipo eran clásicos de nuestro basket. Es el caso de García Coll, Quique Ruiz Paz o el pequeño pívot Ion Imanol Rementeria. Los fuegos artificiales llegarían con los jugadores extranjeros. Gil consiguió contratar a dos baloncestistas que, para la época, eran considerados poco menos que marcianos.

Uno de ellos fue Shelton Jones, con una destacada trayectoria en la universidad neoyorkina de St John’s a sus espaldas y una frustrada carrera NBA. El otro sería la gran bomba de la ACB aquel curso baloncestístico. Se trataba nada más y nada menos que de Walter Berry, que coincidió con Jones en su etapa universitaria. Berry concluyó con un último año de “college” donde mostró un nivel descomunal.

Berry, alias “The Truth”, llevaba varias temporadas jugando en la NBA a gran nivel, pero sus problemas extradeportivos provocaron su exilio a Italia y, posteriormente, atraído por los 180 millones de pesetas que Gil le puso sobre la mesa, a España. Una cifra faraónica para convencer a la guinda del proyecto. Luyk no se complicó en exceso con el sistema de juego. Jones y Berry tendrían la responsabilidad en ataque, y los españoles serían sus gregarios. El esfuerzo de un equipo completo al servicio del talento y la clase de dos animales del deporte de la canasta.

Durante los tres primeros partidos, que Berry no pudo disputar por lesión, Jones lanzó la friolera de 94 veces a canasta. Sí, han leído bien, 94. El bueno de Jones no era nada tímido en la cancha y sabía que tenía que aprovechar hasta que los focos volvieran a apuntar a su compatriota. Sin embargo, su dominio acabo en el cuarto partido de la temporada. A partir de entonces, Walter Berry demostró valer cada peseta que se desembolsó en su llegada.

Su debut llegaría contra el Real Madrid. Televisión Española ofrecería el 7 de octubre de 1990 una de las mayores exhibiciones individuales que se han presenciado en la ACB. La derrota final fue lo de menos. Aquel día, Berry hizo añicos la defensa blanca, anotando 52 puntos. Por si fuera poco, fue capaz de atrapar 16 rebotes. Todo para una valoración final de 56 puntos. Sus vuelos sobrenaturales, la potencia de salto, su elegancia en la chancha… en España no había equipo preparado para frenarle.

Las soberbias actuaciones de Berry fueron la tónica durante aquella campaña. Como es natural, acabó como máximo encestador de la competición y, fue seleccionado para jugar el All-Star Game de la ACB de aquel año, un encuentro que contaría con la participación de “su majestad, el aire”, Michael Jordan. La luz cegadora emitida por Berry no podía ocultar los problemas del equipo en lo colectivo.

Jones nunca aceptó el rol secundario que ya había tenido que soportar en la universidad con respecto a Berry. Sus continuas salidas de tono y su bajada de rendimiento hicieron que el club tomara la decisión de cortarlo. Le sustituyó el tosco Howard Wright, que no tenía problemas en trabajar para Berry como un gregario más. Luyk tampoco acabó de convencer a la directiva, que prescindió de sus servicios a favor de Tim Shea. Con el norteamericano a los mandos, el equipo se mostró mucho más fiable, pues  Shea supo canalizar como nadie el talento de su estrella.

Los roles estaban asumidos y el sistema claro: balones a Berry y a defender. Con esta premisa, las victorias comenzaron a llegar. El balance final de 17 victorias y 17 derrotas permitió al equipo clasificarse para competir en Europa la siguiente temporada, concretamente en la Copa Korac. En liga, superaron su primer compromiso en las eliminatorias por el título, pero en cuartos de final el Joventut de Badalona de Lolo Sáinz, a la postre campeón, eliminó a los colchoneros.

La temporada había sido bastante buena y las perspectivas de futuro eran aún mejores, pero Jesús Gil, el hombre que había edificado el proyecto, no tuvo remordimiento alguno en derruirlo cuando empezaron a surgir los problemas. Según la rumorología del momento, Gil inició una guerra contra el ayuntamiento de Villalba, acusando al consistorio de no cumplir un convenio que al que se habrían comprometido previamente. Este consistía en la concesión de licencias de construcción de chalets en esta localidad para el presidente rojiblanco.

Su enfrentamiento con el ayuntamiento de Villalba, la moción de censura que tuvo que afrontar y sus amenazas de traslado del equipo a Marbella sepultaron al club, que llegó a tener dos presidentes de forma simultánea, el propio Gil y Vicente Carretero. El acuerdo Atlético de Madrid-CB Collado Villalba se rompió y Carretero prevaleció en su lucha personal con Gil, pero aquel momento representó, aunque nadie fuera consciente de ello, el principio del fin del baloncesto de alto nivel en Villalba.

Al año siguiente, ya con su antigua denominación, CB Villalba, el equipo, desprovisto de sus estrellas, consiguió salvar la categoría in extremis, pero desapareció definitivamente al final de la campaña por problemas económicos. Así fenecía el sueño de trasladar la pasión por el basket a los aficionados colchoneros, que desde entonces tuvieron que conformarse con el recuerdo de la estela rojiblanca que dejaban a su paso los vuelos de Berry.

 

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