16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

El 26 de mayo de 1991, después de una excéntrica campaña el presidente del Atlético de Madrid dio el salto a la política y logró así vender sus pisos

Gil arrasa el Ayuntamiento de Marbella, la crónica de una alcaldía megalomaníaca y 'ostentórea' (VI)

Jesús Gil en Marbella.
Jesús Gil en Marbella.
Tras el éxito convirtiendo el Atlético de Madrid en una más de sus posesiones, el polémico empresario soriano decidió poner sus ojos en el mundo de la política. Tras una excéntrica campaña se hizo con el cetro de la alcaldía de Marbella y comenzó a administrar la capital de la Costa del Sol como si fuera su finca particular. Un forma despótica de administrar el poder unida a sus propuestas populistas para mantenerse en la poltrona.

Desde que en 1986 desembarcara en la Costa del Sol, los problemas de Jesús Gil con el Ayuntamiento de Marbella habían sido continuos. Las irregularidades urbanísticas de su sociedad Vegángeles en la construcción del complejo residencial Los Cipreses del Mar le habían enfrentado con el equipo de gobierno socialista, que por entonces regía este rincón del mediterráneo.

El constructor decidió el 25 de noviembre de 1990 poner en las camisetas del Atlético de Madrid en nombre de Marbella. No cobraba ni una peseta, pero la resonancia nacional e internacional estaba asegurada. Nuevamente rentabilizaba al máximo el potencial de sus armas, aunque eso conllevara dejar maltrechas las arcas colchoneras que ese año no recibirían ingresos por publicidad.

En la primavera de 1991 se lanza frenéticamente a la toma de su nuevo reino. Con el apoyo de ciertos empresarios representativos de la Costa del Sol, de una feudal jet set que veía peligrar sus intereses si continuaban en el municipio los socialistas de Carlos Sanjúan, y el respaldo financiero de algunas entidades crediticias, entre ellas Banesto, Gil inicia su campaña electoral, en una operación proyectada desde algunos gabinetes de relaciones públicos de Madrid.

Jesús Gil en el balcón del Ayuntamiento. 

El éxito de sus multitudinarios mítines electorales a la americana, unido a una estudiada distribución de vídeos sobre sus proyectos mesiánicos, hicieron de Gil un ídolo de masas deseosos de caudillaje. La campaña resultó espectacular y de un alto coste económico. Pero volvió a sacar a relucir sus modos habituales.

El 26 de mayo de 1991, fecha de las elecciones municipales, Gil y Gil arrasó en Marbella. Tras los espectaculares resultados alcanzados, diecinueve concejales de veinticinco, se convirtió en el alcalde más votado en toda la corta historia democrática de nuestro país, con 20.530 votos, casi el 65% de los votantes. Gil borraba del mapa al Partido Popular y a Izquierda Unida, reduciendo a la mitad los concejales del PSOE.

Buscando el apoyo de la ONCE

El principal problema al que se enfrentaba Jesús Gil como alcalde de Marbella era el de la falta de liquidez financiera para afrontar su atrevido programa electoral: tren monoviga, aeródromo, hipódromo y cinco mil viviendas sociales, que había impactado entre sus votantes.

De nuevo Gil tenía que buscar desesperadamente aliados que avalaran su ambición. Por entonces, la Organización Nacional de Ciegos y su director general, Miguel Durán, recibían con agrado todo tipo de propuestas para invertir su descomunal patrimonio, que había llevado a los ciegos a ser los dueños de un complejo residencial a escasos kilómetros de Marbella, en la playa de Manilva.

Gil y Durán eran viejos conocidos de reuniones y comidas de trabajo, desde que el mandamás rojiblanco pidiera ayuda al dirigente ciego para construir en Getafe la ciudad deportiva del Atlético de Madrid. En aquella ocasión, la ONCE se negó a financiar esa operación, aunque Jesús Gil asegurara en un principio lo contrario.

Miguel Durán, ex Director General de la ONCE.

El 3 de junio de 1991, una semana después de su abrumadora elección, el alcalde de Marbella se dirigió a la sede de la ONCE en la calle del Prado de Madrid. Tenía una comida con ‘el jefe’ Miguel Durán. La petición de Gil no se hizo esperar: “Miguel quiero que me financies el tren monoviga de Marbella”. El proyecto era unir la ciudad de Marbella con el aeropuerto de Málaga por medio de un tren monoviga, similar al que los japoneses habían instalado en el Epcot Center de Disneyworld, en la ciudad norteamericana de Orlando.

La negativa de la ONCE obligó al de Burgo de Osma a buscar nuevos cauces de financiación para acometer el proyecto de una Marbella ostentórea. Gil encontró en las famosas ‘plusvalías’ urbanísticas la principal fuente de ingresos del municipio marbellí. A cambio de modificar verbalmente el Plan General de Ordenación Urbana de Marbella en beneficio de particulares y empresas, conseguía de éstos fondos para su causa.

Marbella como negocio

El 13 de agosto de 1991, dos meses después de recibir el bastón de mango, Gil y Gil acordó iniciar los trámites para la revisión del PGOU de Marbella. Así, Jesús Gil trasladaba a la Costa del Sol toda su añeja sapiencia en la creación de empresas de servicios. Una idea que ya puso en práctica en su complejo de Los Ángeles de San Rafael para rentabilizar aquel negocio, y que sus hombres iban a poner en marca de nuevo.

A estas sociedades mixtas se destina la práctica totalidad del presupuesto municipal, a excepción de las partidas de personal y de gastos corrientes. Sólo se han aprobado de ellas las cuentas anuales de 1992 y 1993. La Cámara de Cuentas de Andalucía expedientó al Ayuntamiento de Gil por no facilitar la información solicitada respecto a años posteriores. La ocultación sistemática de datos obligó a que, el 9 de febrero de 1999, la comisión mixta Congreso-Senado aprobara, por unanimidad de todos los grupos políticos, que el Tribunal de Cuentas fiscalizarse al detalle toda la contabilidad y gestión realizada por Gil en el Ayuntamiento de Marbella.

Gunilla, Nakachian y Jesús Gil. 

Los hábitos dictatoriales de Gil comenzaban a ser puestos en entredicho por los políticos y por la Justicia. Meses antes, el 26 de junio de 1998, el Tribunal Supremo volvió a sancionar a Gil por “denegación a concejales de acceso a documentación”.

El nepotismo y la toma de decisiones personalistas fueron el pan de cada día en Marbella. Contrata a familiares de concejales: el edil de Hacienda, Rafael González Carrasco, imputado en el ‘caso Atlético’, tiene trabajando a su compañera en la oficina de turismo y a su hija en la guardería municipal. El concejal de Juventud, Parques y Jardines, Juan Antonio Yagüe Reyes, tiene a su hermana, María Soledad, de encargada de Sanidad y Participación Ciudadana y a su cuñado, Javier Herranz, como coordinador de Deportes. El teniente de alcalde, Julián Muñoz Palomo, situó a su mujer, Mayte Zaldívar como directora de Relaciones Públicas, etc.

También creó puestos para gente de su máxima confianza: la viuda de Jaime de Mora y Aragón cobraba del Ayuntamiento; a la hija de Pitita Ridruejo la situó en su día como relaciones públicas; a su amiga Gunilla von Bismark, en animadora oficial de todas las fiestas oficiales, etc.

Derriba casas sin seguir los trámites reglamentarios: el Ministerio Público solicitó en 1996 siete años de inhabilitación para Gil por prevaricación y desobediencia judicial en el derribo de un muro de la sociedad Santa Petronila en la N-340; demolió de noche con las palas municipales la sede de la UGT, tiró abajo la casa de su antecesor socialista, Francisco Parra.

Jaime de Mora y Aragón, Alfonso de Hohenlohe y Jesús Gil. 

Despide funcionarios que no le son afines: Izquierda Unida denunció que Gil había despedido a cinco trabajadores de sus empresas públicas por no acudir a la manifestación de apoyo a su persona tras su encarcelamiento.

José Luis Garrosa, ex gerente del Cádiz F.C. y ex novio de Miriam, la hija de Gil, era nombrado coordinador de Deportes para sustituir al ‘malvado’ Carlos Fernández Gámez, que había denunciado coacciones de Gil a cambio de no denunciar irregularidades en la gestión financiera del club de fútbol de San Pedro de Alcántara, del que Fernández había sido presidente y que militaba en la Segunda División B.

Gil ha utilizado el balompié marbellí para colocar a sus ‘topos’ en el vestuario del Calderón. Ése es el caso del ex capitán atlético Tomás Reñones. Otro caso singular es el del ex yugoslavo Petovic, a quien situó al frente del Atlético de Marbella cuando era investigado por la policía por blanqueo de dinero lo que supuso más tarde su expulsión de España. Petrovic había sustituido en el cargo de presidente al ex concejal del GIL, Antonio Serrano Pérez, que dimitió de sus cargos en 1994, Serrano se marchó tirando la piedra, pero escondiendo la mano.

Los hombres de Gil

Antonio Serrano había llegado a la zona a comienzos de los años ochenta, como trabajador del hotel Cortijo Blanco, situado entre Marbella y San Pedro de Alcántara. Nacido en Ciudad Real, Serrano se dedicó después al negocio de los bingos, haciéndose con distintos establecimientos: uno de Málaga de nombre Tijuana, que terminó siendo embargado; otro en Algeciras y otro en Ceuta, a través de la sociedad Sobimasa. Gil sabía que los dos últimos bingos fueron vendidos en operaciones ‘muy extrañas’.

Serrano también regentaba los bingos del Atlético de Marbella y Magallanes. El ‘jeque de Burgo de Osma’ situó a Serrano primero como concejal de Personal y Deportes, y después como teniente de alcalde.

Pedro Román.

Las operaciones especulativas del tándem Serrano-Gil en la Costa del Sol, también están siendo investigadas. Por ejemplo, compró el local en Marbella por 15 millones de pesetas y se lo vendo posteriormente, ya siendo concejal, a la sociedad municipal Contratas 2.000 por 45 millones de pesetas. Durante su mandato al frente del equipo de fútbol tuvo que enfrentarse a la Justicia por entregar al ex entrenador del Atlético Marbella, el croata Sergio Kresic, tres cheques sin fondos.

Los ostentóreos proyectos de Gil y Gil son asimismo sufragados por el peculio municipal. Uno de ellos fue le museo de bonsáis, curiosa obra faraónica, en la que intervino como arquitecto Carola Herrero Lima, hermana del fallecido periodista de la COPE, Antonio Herrero. Carola junto a su hermana Lourdes, fue la cabecilla de las manifestaciones a favor de Gil tras su encarcelamiento. No era de extrañar, ya que el alcalde había sufragado el disco Viva El Rocío, cuyo coro es dirigido por empresario inmobiliario y cuñado de Antonio Herrero, Ricardo Osborne.

El de Burgo de Osma tampoco tenía reparo en costear con dinero municipal sus suntuosos ágapes y los de sus concejales. Al mes de tomar posesión, el soriano facturaba una copiosa comida de 55.000 pesetas en el restaurante La Fonda de Marbella, propiedad de Horcher, junto al Nobel Camilo José Cela y su mujer Marina Castaño. Más tarde, el 18 de septiembre de 1991, le tocaba el turno a sus entonces compañeros de corporación Pedro Román, Antonio Sampietro y Antonio Serrano quienes pasaron al Ayuntamiento marbellí una factura de 91.392 pesetas por una cena en el hotel Marbella Club. El menú estaba compuesto, entre otros manjares, por cigalas y caviar beluga, entregándose al servicio como propina más de 7.000 pesetas. 

Jesús Gil convirtió Marbella en cortijo utilizando a sus hombres de confianza como Pedro Román o Julián Muñoz, a los que se les conocía en la Costa del Sol como "los rojillos", no por la ideología sino por el estado de sus cuentas bancarias en números rojos. Elcierredigital.com cerrará mañana esta serie con la guerra entre Jesús Gil y Julián Muñoz versus Isabel Pantoja y José María del Nido. 

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