16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

En 2003 Julián Muñoz, apoyado por Isabel Pantoja y José María del Nido, se enfrentó a su anterior jefe y acabó perdiendo la alcaldía de Marbella

La caída de Jesús Gil: de la inhabilitación por el Caso Camisetas a su enfrentamiento con su sucesor Julián Muñoz (y VII)

Jesús Gil con Julián Muñoz al fondo.
Jesús Gil con Julián Muñoz al fondo.
A finales de los años 90 el cerco judicial en torno a Jesús Gil comenzaba a estrecharse. Perdió momentáneamente el Atlético de Madrid y tras ser condenado por el Caso Camisetas fue inhabilitado para cargo político por 28 años y tuvo que dimitir como alcalde de Marbella. Le sustituyó Julián Muñoz, que tras iniciar una historia de amor con Isabel Pantoja se aportó de la línea oficial del gilismo y acabó siendo desalojado de la alcaldía por una moción de censura promovida por Gil.

El 7 de enero de 1999, el juez Santiago Torres, al que Jesús Gil, había intentado recusar sin éxito, le llamaba a declarar. Durante más de nueve horas el alcalde de Marbella intentó defenderse de las acusaciones de malversación de caudales públicos y falsedad documental. Para ello culpó a sus subordinados, entre ellos el que durante muchos años había sido su mano derecha y alcalde accidental, Pedro Román Zurdo, que el 29 de septiembre había renunciado a su cargo. Su estrategia jurídica, ideada por su abogado José Luis Sierra, también imputado en la causa, fracasó.

Dos guardias civiles invitaron a los pocos minutos a Jesús Gil a que les acompañara. El juez había decidido su ingreso inmediato en Alhaurín de la Torre, una vieja prisión de Málaga. La única deferencia para el alcalde fue ahorrarle la furgoneta celular y las esposas. Gil aprovechó esta debilidad para su penúltimo desafío. Ordenó que el ostentóreo rolls-royce municipal siguiera a la comitiva hasta la prisión. Mientras, él, dentro del coche policial, no paraba de hablar por el teléfono móvil, dando las últimas instrucciones a sus hijos y a sus hombres de confianza. Entrada ya la noche, Gil sobrepasaba la puerta del módulo de ingresos de la cárcel de Alhaurín.

El Juez Torres había redactado un auto por el que Gil volvía a estar entre rejas. Se repetía la historia treinta años después de la catástrofe de San Rafael. Junto al alcalde, ingresaba también el ex primer teniente de alcalde, Pedro Román, imputado en la causa por los mismos delitos que su jefe.

Seguido de cerca por la Fiscalía

El informe que desde 1996 había realizado la Fiscalía Anticorrupción sobre las actividades de Gil había resultado positivo para los hombres de Jiménez Villarejo. Sobre su mesa se amontonaban ya varias denuncias sobre los abusos e incumplimientos reiterados de Gil en el Ayuntamiento de Marbella. Los partidos de la oposición del PSOE e IU habían aportado documentos municipales y otros confidenciales. Incluso, la portavoz socialista en Marbella, Isabel García Marcos, había presentado ante la Fiscalía una denuncia contra el alcalde por malversación de caudales públicos y falsificación de documentos oficiales.

Jesús Gil saliendo de la prisión de Alhurín de la Torre en 1999. 

Ante este cúmulo de documentos y denuncias, Jiménez Villarejo, puso a trabajar en el caso a uno de los fiscales más brillantes de su equipo, Carlos Castresana Fernández, formado bajo su tutela en Barcelona y que gozaba de su entera confianza. Había estado a las órdenes de Villarejo en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y luego pasó con él a la Fiscalía Anticorrupción.

Las diligencias de investigación se abrieron con los números 29/96 y 50/96. En un informe interno basada en actuación en que “los hechos denunciados hacen referencia a la posible utilización por parte de Jesús Gil y otras personas de su entorno, de sus cargos públicos en el Ayuntamiento de Marbella para influir en determinados negocios empresariales o relacionados con el fútbol, haciendo participar a empresas municipales como inversoras o financieras de dichas operaciones. Todo ello, según las denuncias, en detrimento del servicio público y en beneficio propio o del Teniente Alcalde del Ayuntamiento (entonces Pedro Román Zurdo)”.

Durante este año de 1996, las investigaciones se llevaron en el más estricto secreto, buscando la conexión entre los negocios que el alcalde de Marbella y propietario del Atlético de Madrid desarrollaba el ámbito público y en el privado.

Las minuciosas averiguaciones se practicaron por las unidades de apoyo a la Fiscalía, tanto de la Guardia Civil, como del Cuerpo del Estado y de la Agencia Estatal Tributaria, centrándose en las actividades de Gil “como empresario de la construcción, promotor inmobiliario, presidente de una sociedad deportiva y alcalde de Marbella”.

Gil se sentía por primera vez acorralado. En la primavera de 1996 pasó muchas horas sentado junto a su abogado e ideólogo personal, José Luis Sierra Sánchez, para maquinar un nuevo plan que pudiera frenar las investigaciones de la Fiscalía Anticorrupción. El alcalde de Marbella guardaba otro as bajo su manga que salpicaría a políticos y empresarios próximos al PSOE, un partido cuyo portavoz en Marbella había osado plantarle cara judicialmente y dañar su reputación.

El Juez Miguel Ángel Torres. 

La unidad adscrita del Cuerpo Superior de Policía y de la Guardia Civil rastreó las complejas operaciones inmobiliarias realizadas entre empresas radicadas en Marbella y otras domiciliadas en paraísos fiscales. Entre estas empresas figuran algunas situadas en Gibraltar, Panamá, Isla de Man y Suiza, país donde se han detectado diferentes cuentas bancarias en el Banco Indosuez de Ginebra, entidad conocida por sus implicaciones en redes de blanqueo de dinero.

El supuesto lavado hizo que el 17 de octubre de 1996 los inspectores de Hacienda levantaran un acta a la sociedad anónima deportiva Atlético de Madrid al comprobar serios indicios de irregularidades contables.

Los inspectores se trasladaron hasta las oficinas del estadio Vicente Calderón, en el Paseo Virgen del Puerto de la capital de España y comprobaron in situ que “la contabilidad del citado club no refleja la imagen fiel de su patrimonio, al realizarse los movimientos financieros que genera su actividad deportiva a través de cuentas bancarias de las que son titulares, no el club, sino su presidente, don Jesús Gil y Gil, o personas jurídicas en las que éste ejerce un poder de decisión, produciéndose una cierta confusión patrimonial entre el Club Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil y tales personas jurídicas”.

Las investigaciones judiciales siguieron su curso, incluso tras el infarto que en enero de 1997 sufrió el fiscal jefe Jiménez Villarejo, que le apartó, durante semanas, del seguimiento del caso. A la Fiscalía ya sólo le faltaba encontrar el juzgado de Marbella más idóneo para llevar la instrucción del sumario contra Gil. La cuestión no era fácil. En 1993, la titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Marbella, Blanca Esther Díez García, denunció una red de corrupción judicial en Marbella que afectaba a una compañera suya, la juez del número 3, Pilar Ramírez Balboteo,

Durante el verano de 1998, el fiscal Castresana completó su informe. La primera fase de la investigación finalizaría con el registro e incautación de documentación contable y confidencial de las sedes del Atlético de Madrid, del Ayuntamiento de Marbella y de la empresa municipal marbellí Eventos 2000 S. L. Y así ocurrió el 13 octubre de 1997.

Isabel García-Marcos. 

La Fiscalía jugaba, además, con ventaja. En su poder se encontraba un informe del interventor municipal, Juan Antonio Castro, que detectó ya en su día irregularidades legales para pagar los 540 millones de pesetas al Atlético de Madrid, al no existir antecedentes en el consistorio sobre la firma de los mencionados contratos.  

La caída

Tras su paso por prisión en 1999 empieza el declive de Jesús Gil. En las elecciones de mayo de ese mismo año revalida su triunfo en la alcaldía de Marbella. Además, un curioso pacto le otorgóo la presidencia de Melilla a través de una coalición política con transfuguismo de una edil socialista incluido. Sería su último gran escándalo político.

A finales de ese mismo año el Juez García-Castellón arrebata el Atlético de Madrid a Jesús Gil, aunque se lo devolvería a principios del año siguiente. Sin embargo, lo peor estaba por llegar. En octubre de 2001 la Audiencia Provincial de Málaga lo condenaba por el Caso Camisetas y lo inhabilitaba para un cargo político por 28 años. En abril de 2002 el Tribunal Supremo confirma la sentencia y Jesús Gil, después de pasar tres días en la cárcel de Alhaurín de la Torre, dimite como alcalde de Marbella. Le sucede su teniente de alcalde Julián Muñoz. Comenzaba así una nueva etapa en Marbella.

Julián Muñoz intentó volar solo lejos de la influencia de Gil y, sobre todo, del responsable de urbanismo, José Antonio Roca. Muñoz sobre todo se sintió fuerte cuando a principios de 2003 inició una relación con Isabel Pantoja que harían pública en la romería de El Rocío, justo cuando Jesús Gil abandonaba la presidencia del Atlético de Madrid.

Julián ganó las elecciones de ese año y se sentía más poderoso que nunca. A su lado tenía a Isabel Pantoja y, sobre todo, a José María del Nido, el polémico ex presidente del Sevilla F.C. Sin embargo, las huestes más duras del ‘gilismo’ no se lo iban a perdonar tan fácilmente. Jesús Gil comenzó a atacar públicamente a la pareja que se había convertido en el principal objetivo de la prensa del corazón.

El culmen de esta guerra mediática se produjo el 8 de agosto de 2003 en el plató de Salsa rosa de Telecinco. Jesús Gil y Julián Muñoz protagonizaron un cara a cara donde se reprocharon diversos delitos. Acusaciones de malversación, corrupción urbanística y nepotismo se cruzaron entre los dos alcaldes de Marbella. No midieron las palabras y contaron más de lo que seguramente querían, hasta tal punto que tras el televisivo enfrentamiento, Gil llamó a Muñoz para intentar sellar la paz. Fue en vano.

Sólo unos días después Julián Muñoz fue desalojado del sillón de alcaldía por una sorprendente moción de censura que unió a aparentes enemigos irreconciliables: el GIL junto al PSOE de Isabel García Marcos y el Partido Andalucista de Carlos Fernández. Marisol Yagüe se convirtió en la alcaldesa de paja y, por supuesto, Juan Antonio Roca volvió a encargarse del urbanismo. Años más tarde todos acabarían en prisión. La sombra de Jesús Gil planeó sobre esa moción de censura.

En mayo de 2004, después de cinco días ingresado, Jesús Gil fallecía en Madrid por las secuelas de un infarto cerebral. La muerte lo libró de enfrentarse a sus causas pendientes con la Justicia que sólo le condenó por el Caso Camisetas. Ante la capilla ardiente que se instaló en el estadio Vicente Calderón, desfilaron grandes figuras del deporte y de la política como Esperanza Aguirre o Alberto Ruiz Gallardón para despedir a Jesús Gil, el pionero de la corrupción municipal en España.

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