10 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Miguel NIcolás Cortona declaró en dos ocasiones y muestras de su pelo fueron cotejadas con una cana hallada sobre el cinturón de una de las niñas

La historia oculta de "El Marley", el cuarto sospechoso y gran desconocido del caso Alcàsser que nunca fue inculpado

'El Marley'
'El Marley'
En agosto de 1996 el caso Alcàsser se reabrió por tercera vez por el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcira, Valencia. En esta ocasión por la aparición de una nueva prueba, un pelo blanco en el cinturón de una de las niñas, que implicó a otra persona gracias al testimonio de un testigo protegido, solo identificado como "señor A", que recordó algo ocurrido a principios de 1993 en casa de Miguel Nicolás, alias "el Marley", viejo conocido de Ricart y la familia Anglés. Ésta es su historia.

El 13 de noviembre de 1992 Miriam, Toñi y Desirée, las tres niñas de Alcàsser, desaparecieron. El 27 de enero de 1993 sus cadáveres fueron encontrados y ese mismo día era detenido Miguel Ricart, único inculpado y condenado por el triple crimen. El caso fue tan  mediático por las circunstancias de los tres asesinatos que el triple crimen sigue vigente casi treinta años después, gracias a un documental estrenado por Netflix.

Las tres niñas de Alcàsser. 


 

Pero una historia, apenas conocida entonces y ahora, estuvo a punto de dar un vuelco a la investigación. En agosto de 1996 un nuevo testigo abrió otra vía de investigación para acusar a una cuarta persona, después de que Ricart hubiese intentado implicar a Mauricio Anglés, que sería el supuesto nuevo implicado en el crimen.

Sin embargo, de este nuevo investigado Ricart nunca habló. Señalado durante un tiempo como el cuarto asesino de Alcasser,  “Miguel el de Llíria” o “el Marley”, son los apodos de Miguel Nicolás Cortona. En realidad "el Marley" se puso él solo en el objetivo de los investigadores al acudir 48 horas después del hallazgo de los cuerpos al cuartel de la Guardia Civil e Llíria. ¿Por qué? Porque sabía que antes o después iban a deterlo y llevarlo a declarar por su relación con Antonio Anglés y Miguel Ricart, de quienes dijo "estar convencido de que estaban implicado" en los crímenes de Alcasser.  Miguel Nicolás también mantuvo que él y Miguel Ricart fueron compañeros de celda entre el 4 y el 14 de diciembre de 1992. Diez días que sin embargo les forjó una amistad suficiente para que Ricart durmiese en una caseta instalada en el jardín de Miguel Nicolás e incluso dentro de su casa como reconoció Nicolás en su declaración.

Pero en medio de todo el lío con la aparición de este nuevo personaje, llegó un nuevo testigo, bautizado como "señor A", en el sumario de Alcàsser y ofreció una versión sobre un incidente ocurrido los días entre la desaparición de las niñas y el hallazgo de sus cadáveres. Según este testigo secreto, Miguel Nicolás García, alias “El Marley”,  le dijo al “señor A”: “Yo a las niñas no les hice nada”, antes de que se descubrieran los cadáveres de las menores desaparecidas y, por lo tanto, antes de que se conociese su dramático final.

Gracias a este testimonio los investigadores manejaron la hipótesis de que el cabello blanco encontrado en el cinturón de una de las niñas asesinada, que fue analizado por el Instituto Nacional de Toxicología, pudiese pertenecer a Miguel Nicolás García, alias “el Marley” y le extrajeron muestras de pelo, aunque entonces Nicolás tenía 50 años pero no peinaba canas todavía.

Contratado para darle una paliza

El “señor A”, confidente policial en Valencia, conoció a Miguel Nicolás de una manera atípica, ya que el testigo fue contratado por un hombre cuya hija había caído en una red de prostitución que supuestamente estaba organizada por “el Marley”. El “señor A” estuvo investigando durante un tiempo las actividades de Miguel Nicolás hasta que le llegó la orden de “darle a éste una paliza por haber tenido secuestrada y drogada a la hija del "contratante" en un chalet que es, precisamente, el nexo de unión entre Antonio Anglés, Miguel Ricart y “el Marley”, ya que fue el escenario en el que se movieron tanto la familia Anglés como Miguel Ricart, que pasaban largas temporadas en el chalet de “El Marley” cuando desaparecieron las niñas de Alcásser.

Los hechos que fueron relatados a la jueza de Alcira, encargada de la instrucción, ocurrieron en los primeros días de 1993, cuando los cadáveres de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández no habían sido todavía descubiertos. “La paliza se la di sobre el siete o el ocho de enero de 1993 —confesaba en agosto de 1996 el “señor A” en la revista Interviú—. Cuando me preguntó por qué le pegaba, le respondí que por lo de la niña, refiriéndome a la hija del que me hizo el encargo. Pero en aquellos momentos "El Marley" me dijo entre gritos: "Yo a las niñas no les hice nada, yo no he sido". Pasadas tres semanas aparecieron los cadáveres de las tres niñas de Alcásser”.

A esta caseta de La Romana fueron llevadas las tres niñas de Alcàsser.

El propietario del chalet donde supuestamente se prostituían las mujeres era Miguel, “el Marley” o "Miguel de Llíria" un cincuentón “muy acabado, canoso, falto de dientes y actitud «taleguera» total", explicaba entonces el "señor A".

Este confidente de la policía recibió el encargo de vigilar a Miguel Nicolás a finales de 1992. “El Marley" vivía en la carretera de Lliria a Pedralba, a unos cinco kilómetros de Lliria. En una construcción de unos treinta años de antigüedad, sin verjas, con las ventanas rotas y la puerta atada con un alambre.

El “señor A” entró en la casa dos veces por una ventana. “Lo registré todo y encontré cajas con ropa de mujer de diferentes estilos y tallas. Todas las habitaciones, excepto la que estaba habitada, tenían mucha miseria. Me mosqueé porque encontré un "fusco" (pistola). Me la guardé y luego me di cuenta de que era de esas de aire comprimido. Pensé: la primera noche que esté solo, entro y le "meto la del pulpo" (le pego una paliza)”, contaba entonces.

Miguel Nicolás en 1996.

Así lo hizo una noche, en torno a las cuatro de la madrugada. El “señor A” no necesitó linterna. “El Marley” sólo había puesto un tope detrás de la puerta. “Yo tenía tomada la referencia de un saco de boxeo que había colgado en el salón. Al llegar a su habitación hice ruido para que se despertara”. “El Marley” encendió un mechero, porque no había luz, y en aquel momento “yo le di en la cabeza y le dije: Quieto, Miguel; enciende la vela. Empezó a gritar pero le ordené que se callara y que se vistiera rápido. Nicolás intentó ponerse los pantalones. Yo llevaba una réplica de la Derringer del 38 Y un trozo de viga de hierro. Entonces le golpeé en los brazos y él me preguntó por qué le pegaba. Le dije que por lo de la niña. Entonces el tío se quedó "pillado", en blanco por unos instantes”.

"Yo a las niñas no les hice nada"

Miguel “el Marley” tardó un tiempo en salir del espanto hasta que dijo temblando: "Yo a las niñas no les hice nada. Yo no he sido". En aquellos días se buscaba desesperadamente en Valencia a Miriam, Toñi y Desirée, a las que todos se referían como “las niñas".

Cuando el “señor A” supo que un cabello blanco había sido encontrado en la ropa de una de las tres niñas violadas y asesinadas, y que este hallazgo había provocado la reapertura, por tercera vez, del sumario en el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcira, Valencia, comenzó a “atar cabos, recordé lo de "las niñas" y lo que dijo "el Marley" en aquel momento”. En agosto del 96 se realizaron pruebas comparativas entre el cabello encontrado y una muestra del pelo de Miguel Nicolás García, que arrojaron resultados negativos.

La casa en la que vivía "el Marley" fue derribada y se comenzó a construir otro chalet.

"El Marley" acudió un día después de la fuga de Anglés a la Guardia Civil, pero una vez interrogado "el Marley" fue puesto en libertad y poco después vendió la casa comenzó a ganarse la vida vigilando un parking en la playa en Pinedo, al sur de Valencia.

“A mí me tomaron cabellos el otro día –declaraba Miguel Nicolás a la revista Interviú en 1996–. Ahora comprendo que por el mero hecho de que Anglés y Ricart hayan estado en mi casa por esas fechas, yo me vea complicado. Lo que quieren es averiguar que si sé algo, lo diga. Pero yo no puedo decir nada porque ignoro la historia de ellos”. En otro momento de aquella entrevista incluso apuntó a la malicia de sus antiguos amigos: “Son tan listos que no me extrañaría que me hubieran cogido unos pelos para ponerlos en los cadáveres. No me sorprendería”.

Miguel Nicolás reconocía haber recibido la paliza de un extraño en enero de 1993, cuya autoría achacó a Antonio Anglés: "Supongo que era Anglés, pero vino encapuchado. Ricart no fue porque lo tenía viviendo en mi casa. Dormíamos en la misma cama, el a los pies y yo en la cabecera". En esta versión de los hechos, "el Marley" aseguró que mientras le pegaban "Ricart estaba presente y no se movió" y le echó la culpa a Anglés porque "porque cuando vinieron al día siguiente por la tarde los tres, Ricart y dos de los hermanos Anglés, traía la misma ropa. Llevaba una cazadora con unas iniciales. Pensé que era el tío que vino la noche anterior, pero claro, yo no iba a decir nada, porque eran tres".

Acerca de la ropa de mujer encontrada en cajas "el Marley" aseguró que "yo no sé nada de eso, si alguien la llevó a mi casa yo no fui, porque yo solo usaba la habitación donde dormía que era la única acondicionada y pudo haber sido mi exnovia, Antonia".

Querían echarlo del chalet

Miguel Nicolás estaba seguro de que los implicados en el caso Alcàsser querían echarle del chalet para quedárselo. Aquel incidente inició un proceso, según Miguel Nicolás, por el que tuvo que irse de su propia casa. Los Anglés incluso le ofrecieron comprarla, "pero les dije que era imposible, que el vecino la quería y estaba antes que ellos. Pero me metieron a la madre por delante y eso ya me apaciguó un poco".  Neusa Martins incluso estuvo en casa de "el Marley" dos domingos. "Yo también estuve en Catarroja, en casa de ellos, ocho días, porque estábamos arreglando lo de si me compraban el chalet o no me lo compraban. La madre pidió un préstamo al banco de dos millones de pesetas", añadió Nicolás. 

Miguel Ricart. único inculpado por el triple crimen de Alcàsser.

 "El Marley" nunca fue implicado en el triple crimen, pero la sombra de la sospecha siempre planeó sobre su figura. Tras la publicación del reportaje sobre su caso en la revista Interviú acudió de nuevo voluntariamente al cuartel de la Guardia Civil de Llíria, que levantó un atestado y lo incluyó en el sumario 1/93 A, con el folio 3991.

Al realizar la prueba mitocondrial al pelo encontrado en el cinturón de una de las niñas para compararlo con los de Miguel este pelo se consumió casi en su totalidad. El resto fue congelado, a la espera de nuevas muestras con la que compararlo, pero en octubre de 1998 los restos fueron eliminados, así que ahora ya sería imposible cotejarlo con nada.

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