25 de junio de 2024
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FIN DE SEMANA

La Diada sufrió un pinchazo de asistentes y Carles Puigdemont está amenazado por la ANC, mientras EH Bildu sufre un 'cordón sanitario'

La paradoja del independentismo: Gran influencia en Madrid y grietas internas en Junts, PNV y CUP

/ Oriol Junqueras
El nacionalismo catalán y vasco se dejó 700.000 votos en las últimas elecciones generales, pero formaciones como Junts per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya, PNV o Euskal Herria Bildu, que sufren algunas grietas internas, cotizan en máximos de influencia a nivel estatal gracias al apretado resultado del 23J.

Este pasado 11S el independentismo catalán pinchó a cuenta de la Diada, ya que 'apenas' 115.000 catalanes la apoyaron en las calles (lo que supone una caída de 35.000 personas respecto al pasado año). 

"Govern dimissió", "Puigdemont, presidente" o "Aragonès, vendido" se escuchó entre pitos a miembros de Junts per Catalunya o Esquerra Republicana de Catalunya que, junto a las CUP, se dejaron 600.000 votos en las pasadas elecciones generales. 

Es cierto que el apretado escenario político español les otorga su récord de influencia a nivel estatal, y tapa en parte la crisis que sufre Junts per Catalunya, descabezada porque su líder Laura Borràs fue condenada a 4 años y medio de prisión y a 13 años de inhabilitación por amañar contratos. 

Los postconvergentes están sufriendo amenazas de la ANC, que lanzará una "lista cívica" en las próximas elecciones catalanas si Carles Puigdemont decide apoyar la investidura de Pedro Sánchez. Este proyecto abortaría el crecimiento de Junts per Catalunya por apostar por la vía pactista

Junts per Catalunya, tres años de inestabilidad

El procés convirtió a la histórica Convergència Democrática de Catalunya en independentista y los numerosos casos de corrupción del pujolismo abocaron a esta formación a refundarse en el PDeCAT, que en 2020 sufrió una escisión liderada por el expresident Carles Puigdemont. 

El dirigente renunció el pasado año al liderazgo de Junts en favor de una de sus fieles, Laura Borràs, que en 2021 no logró su propósito de convertirse en presidenta de Catalunya, ya que ERC se hizo con el poder y se conformó con la presidencia del Parlament, cargo del que ha salido tras ser condenada por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya a 4 años y medio de cárcel por falsedad y a 9 años de inhabilitación por prevaricación.

Las CUP, por su parte, caminan hacia un proceso de refundación tras quedarse fuera del Congreso de los Diputados. 

El PNV quiere recuperar la iniciativa

El PNV perdió 100.000 votos en las últimas generales y el próximo año acudirá a las elecciones vascas sin tener garantizado su triunfo sobre EH Bildu, que sufre un cordón sanitario por parte del PSOE que les impide formar gobiernos en Euskadi y Navarra pese a su extraordinario crecimiento electoral. 

Los de Arnaldo Otegi han ganado votos con un giro hacia posiciones más templadas, tal y como aprobaron en el último Congreso de la coalición: "Debemos vaciar nuestra política de alianzas de esencialismos, entenderla en función de nuestros objetivos y no según criterios morales. Una política de alianzas adecuada es la que nos acerca a nuestros objetivos, no la que nos mantiene en una zona de confort o en posiciones de pureza". 

El PNV quiere recuperar la iniciativa y dejar ver su influencia. Los jeltzales lo hacen reforzando lazos con Junts per Catalunya y proponiendo celebrar una convención constitucional para reinterpretar la Constitución

Arnaldo Otegi. 

Lo hizo Iñigo Urkullu el mes pasado: "Sugiero explorar, en este contexto, la figura de la convención constitucional. Un recurso utilizado en la cultura política anglosajona para cuya aplicación, en nuestro caso, no habría impedimento expreso. No se trataría de una convención constitucional general, sino de una limitada o específica para actualizar la interpretación acordada de una parte de su contenido". 

"Una convención constitucional para pactar una interpretación sobre aquello que la Constitución de 1978 no ha resuelto bien en relación con la cuestión 'territorial'. No sería una fórmula mágica ni un camino expedito, pero podría abrir nuevas posibilidades de desarrollo futuro", añadió el lehendakari. 

En el nacionalismo vasco también hay tambores de crisis a causa del enfado del sindicato ELA por el acuerdo de legislatura que ha firmado Geroa Bai: "En lugar de acordar una reforma fiscal para aumentar la recaudación y hacerla más justa, los firmantes optan por mantener la fiscalidad heredada de los tiempos de Yolanda Barcina (UPN)", señalan. 

ELA dice que "si en lo que respecta a las políticas sociales y económicas hay un claro continuismo, en cuanto al euskera hay retrocesos. ELA, además de mostrar su rechazo por el mantenimiento de la zonificación lingüística, critica que el compromiso de elaborar el II Plan Estratégico del Euskera ha desaparecido respecto al acuerdo programático de 2019". 

Y explican que el acuerdo firmado por PSN-PSOE, Geroa Bai y Contigo Navarra-Zurekin Nafarroa es "un texto genérico y deliberadamente ambiguo a la hora de asumir cualquier compromiso y con un marcado carácter propagandístico". 

Más tranquilidad se vislumbra en el nacionalismo gallego, ya que el Bloque Nacionalista liderado por Ana Pontón ha recuperado los bríos perdidos y acudirá a las elecciones autonómicas del próximo año intentando hacerse por primera vez con la presidencia regional. 

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