22 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

La exposición cuenta con obras de varios artistas de este periodo poniendo especial acento en algunas mujeres como Xenia Ender o Alexandra Exter

Cara y cruz del arte ruso vinculado a la Revolución: de Chagall a Malévich, de la ilusión a la decepción

'La aldea y yo' de Chagall
'La aldea y yo' de Chagall
La Fundación Mapfre repasa el arte vinculado a la Revolución Rusa. El previo y el posterior, ya que sin la fuerza de unos creadores que creyeron en la idea de cambiar el mundo no se entiende este momento histórico. Lo muestra a través de creadores como Chagall o Kazimir Malévich, los representes más opuestos tanto en lo artístico como en la reacción ante la evolución del régimen comunista. También se presta especial atención a las mujeres creadoras de este período como Xenia Ender.

La exposición De Chagall a Malévich: el arte en revolución, en la Fundación Mapfre de Madrid, reúne más de 90 obras y 23 publicaciones de los artistas que vivieron la transformación de una sociedad llena de esperanza y convencida de que con la revolución había empezado un mundo nuevo. La exposición es producida por Fundación MAPFRE en colaboración con Grimaldi Forum Monaco y está comisariada por Jean-Louis Prat.

El ambiente social que desembocó en la Revolución de Octubre de 1917 se explica a través de las propuestas de los artistas que acompañaron, anunciaron o glosaron lo que iba a ser el proceso revolucionario y el cambio de paradigma que conllevó su llegada.

A principios del siglo XX, Rusia se consolidó como uno de los centros de la vanguardia artística mundial del que surgieron algunas de las propuestas más radicales y revolucionarias del arte y el diseño modernos. Muchos artistas del país viajaron a Francia y Alemania, donde entraron en contacto con los movimientos culturales más avanzados, y algunos coleccionistas cumplieron un papel clave al adquirir numerosas obras vanguardistas en las galerías de París, para fomentar la difusión de ese arte nuevo en las capitales rusas.

La revolución no forjó las vanguardias y la modernidad, sino que fueron los artistas los que se erigieron en revolucionarios, seguros de que cuando llegara la revolución se convertiría en lo que esperaban. La realidad no cumplió sus expectativas, dando origen a desilusiones, que también plasmaron en sus creaciones.

El pintor Mark Chagall. 

La muestra de Fundación Mapfre tiene como figuras principales a Marc Chagall y Kazimir Malévich, en la medida en que representan dos polos en las innovaciones de la vanguardia pictórica: el caso de Chagall, más poético y narrativo vinculado al surrealismo, el de Malévich, más radical y tendente a la abstracción geométrica. Entre ambos se despliega la obra de otros veintisiete artistas que trabajan la pintura y la escultura al tiempo que contestan los principios fundamentales de esas artes.

En el elenco de creadores es destacable la presencia de una importante nómina de mujeres artistas, cuyo trabajo resultó fundamental en el desarrollo de las vanguardias rusas previo y posterior a la Revolución de Octubre. En la época inmediatamente anterior y posterior a la revolución, los artistas trabajaban unidos para acabar con tradiciones y jerarquías anticuadas e imaginar una sociedad nueva. Estos objetivos permitían y, de hecho, fomentaban la participación de mujeres. Esta exposición incluye obras maestras de Xenia Ender, Alexandra Exter, Natalia Goncharova, Liubov Popova, Olga Rózanova, Varvara Stepánova, y Nadiezhda Udaltsova.

La exposición concluye en los años treinta, momento crítico en que los artistas ven reducida su capacidad de acción ante la evolución del régimen hacia un estado totalitario.

Los ojos de Chagall

Sin duda, la figura más llamativa de la exposición es la del pintor Marc Chagall. Nacido en lo que hoy es Biolorusia, en 1887. Antes de la I Guerra Mundial ya consiguió exponer su obra en París y Berlín. Tras el triunfo de la Revolución de 1917, Chagall llegó a ocupar puestos institucionales dentro del mundo del arte, pero pronto descubrió que el oficialismo de la Unión Soviética no era compatible con la libertad de creación y en 1922 puso rumbo a Francia. El viaje no era definitivo, pero nunca volvió a Rusia. De hecho, acabó siendo uno de los pintores prohibidos por el régimen comunista.

Aunque pasó algunos años en Estados Unidos, fue en Francia el país en el que desarrolló su carrera. Llegó a nacionalizarse francés y en este país murió y fue enterrado, cerca de Niza, en 1985 a los 97 años. Tanto fue su amor a su patria de adopción, que acabó convirtiendo París en uno de los temas recurrentes de sus obras. Otro serían la estética circense, los animales, en especial las vacas, y por supuesto, el mundo onírico en el que las proporciones de los personajes carecen de racionalidad con los fondos. Una realidad construida a la que el pintor dio una explicación genial: “No es algo deliberado. Veo el mundo así. Es mi forma de mirar”.

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