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Boxeador sonriente con guantes y pantalones cortos de boxeo en un gimnasio.
CULTURA

Sergio 'Maravilla' Martínez: En el teatro, una derrota es nada comparada con el ring

Múltiple campeón mundial en Superwelter y Mediano, comenzó su carrera como actor en 2015.

Sergio 'Maravilla' Martínez tiene poco que ver con la imagen mental que tenemos de lo que es un boxeador y tampoco cumple con el estereotipo de actor de éxito. Tal vez porque es las dos cosas a la vez, un boxeador que actúa y un actor que boxea. Nacido en la localidad de Avellaneda (Argentina) el 21 de febrero de 1975, reside en España desde 2001.

Múltiple campeón mundial en categorías Superwelter (69.900 kg) y Mediano (72.500 kg), en el año 2015 realiza su primer trabajo teatral, A veces me dicen Maravilla. En el año 2016 realiza su primer trabajo como actor en la serie La Persuasión y actualmente, acaba de terminar su paso por la cartelera madrileña con Bengala. Una obra de  Alfredo Megna, donde se ponía en la piel de un boxeador que ve su propia vida escurrírsele al tiempo que pasan los rounds interminables de una ultima pelea que lo acerca a la muerte. Además, en un tour de force, se ponía en la piel de otros siete personajes. 

- ¿Cuándo decidió a pasar del ring al escenario?

- Realmente no hay grandes diferencias entre una cosa y la otra. Siempre me he planteado las cosas en función de si me apetecían y de si iba a poder hacerlas bien. Cuando llego a la interpretación ya llevo años en el deporte. Arrancó sin visos de continuidad, haciendo cosas de stand up, de humor, pero poco a poco iba recibiendo ofertas más interesantes. 

- Aparentemente son mundos muy alejados. 

- Como bien dices, en apariencia. Mira, hay un conductor de televisión argentino, Pato Galván, que lo explicó muy bien con una anécdota. Acudió con su abuelo a un combate y alucinó con lo que rodea al deporte. Imagínate, las hinchadas a favor de uno y de otro, la prensa... El abuelo le dijo: "de todo lo que has visto, lo único que no fue de verdad es la pelea". Eso explica muchas cosas. 

Hombre con traje oscuro y corbata, posando frente a un fondo gris.
Sergio 'Maravilla' Martínez. | El Cierre Digital

- Me refería más bien a que el boxeo siempre ha sido 'una cosa de hombres', el teatro, la cultura en general, no solía tener esa percepción. 

- Es claro que esa idea para algunos sigue así, pero el mundo está en constante evolución. Hoy hay cosas que por fin vemos con naturalidad y hace décadas ni se contemplaban. Eso es una evidencia. Mira, el boxeo es algo que existe principalmente por necesidad. El que boxea lo hace porque lo necesita para vivir. Nada más. La clase baja lo disfruta y lo ve como algo aspiracional. Luego, sí hay un grupo minoritario que ve belleza en eso. Que encuentra arte y belleza en un combate, pero es una minoría. Una vez dije que el boxeo acabará desapareciendo y se enfadaron conmigo, pero es que lo pienso. Con los años el mundo cada vez lo va a requerir menos. 

- Cuándo se viene de un mundo como el boxeo, supongo que el éxito y el fracaso en el teatro se relativiza.

- Claro. Si en el ring sabes afrontar una derrota, un mal día en el teatro no es nada. Piensa que para un boxeador lo peor que le puede pasar es perder. Es una humillación. Es sentirte más desnudo que nunca. Cuando vives eso y te acostumbras a levantarte y lavarte la cara y seguir, todo lo demás deja de ser importante. Fíjate que en la obra Bengala hice un desnudo, de no tener todo este bagaje del boxeo que te comento no me habría atrevido a hacerlo. Eso desde luego. En el boxeo ves que el triunfo y el fracaso tampoco tienen tanta importancia en sí, sino en cuanto a que te enfrentas a ello. 

- Ahora se vuelve a Argentina, ¿qué planes tiene?

- Sí, me voy pero vuelvo. Lo inmediato es un combate. Habrá otro en mayo, creo. También tengo el proyecto de una película. Lo más importante es que voy a hacer varias charlas. Eso sí, nada de motivacional. No soporto ese concepto. Lo primero que digo en las charlas es que si alguien está pensando en eso que se vaya. Yo lo que quiero es despertar en cada uno la necesidad de tomar decisiones, pero no hacer autoayuda. 

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