17 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

Educada en Estocolmo junto al actual Rey de Suecia descubrió la Costa del Sol a finales de los sesenta y su imagen está asociada a la ciudad malagueña

Gunilla Von Bismark, la reina de la noche marbellí: de bisnieta del Canciller de Hierro a fan de Jesús Gil y Gil

Gunilla Von Bismark.
Gunilla Von Bismark.
Gunilla Von Bismark es un nombre eternamente asociado a Marbella. Desde los años sesenta ha sido la protagonista de sus fiestas más glamourosas de los 70 y también de las más extravagantes de los 90 en la era de Jesús Gil y Gil. Ella es una supervivientes de la Jet Set de la edad dorada siendo casi la única representante de la Marbella clásica cuando la ciudad empezó a ser recordada por los casos de corrupción urbanística.

Hubo una época en que el verano español tenía tres puntos informativos calientes: Ibiza, Malloca y Marbella. Los tres formaban parte del imaginario patrio. Cada uno de estos puntos del país tenía su propia manera de presentarse al mundo. Marbella es aquella cuya percepción y concepto menos ha evolucionado. Para ser más precisos, se estancó como el reflejo dorado de un glamour arcaico y siempre lindando con lo hortera.

Si Ibiza se asoció durante años a la princesa Smijtla y Mallorca a la Corte que rodeaba a Juan Carlos I, en Marbella reinaba por derecho propio Gunilla Von Bismark. Esta rubicunda alemana, como tantos otros centroeuropeos, descubrió la Costa del Sol a finales de los 60. Marbella era un refugio para la jet set y Gunilla decidió instalarse allí. Ya en 1970 decoró con su sonrisa king size la inauguración de Puerto Banús junto a Roman Polanski y Rainiero de Mónaco con Grace Kelly.

De lo exclusivo de los 70 a lo irreverente y recargado de los 90, la bisnieta del Canciller de Hierro siempre estaba ahí. En verano era imposible abrir las revistas del corazón y no tropezarse con la imagen de Gunilla. Siempre extravagante, y dando la sensación de que se pasaba la vida vestida como para un carnaval y de fiesta en fiesta, sonriendo como si nos recordara que tenía el mejor hígado de la zona euro dada la resistencia a décadas de juergas y, suponemos, sus consecuentes resacas.

Luis Ortiz y Gunilla divirtiéndose en los 90. 

Llegó a tener un local con su nombre, el Gunilla’s, pero lo suyo no era administrar la noche si no beberla y disfrutarla. Educada en Estocolmo y amiga desde la adolescencia del hoy monarca, Carlos Gustavo de Suecia, acabó encontrando el amor en las playas de Marbella en Luis Ortiz, hijo del que fuera censor oficial de Radio Televisión Española.

Tras casarse en un frío palacio alemán en 1978 la pareja fue la más estable dentro de la inestabilidad que reinaba en la Jet marbellí. Vendieron un falso divorcio que se hizo verdadero en 1989 y aún hoy nadie sabe si siguen juntos o no. El caso es que siempre, antes y después de la separación, siguieron entrando juntos a todos los locales de moda y eso une mucho más que una vicaria o un salón municipal de plenos. Dónde va a parar.

Por eso Gunilla es verano, porque es una locura controlada. La transgresión temporal para que la norma de la cotidianidad tenga sentido. Sus declaraciones siempre han rayado lo absurdo y nunca ha terminado de dominar el castellano. Claro que a su marido le pasa lo mismo y es de aquí.

En los ochenta defendió con uñas y dientes a sus comadres de la jet set, en plan delegada sindical de las ‘pititas’, tras una carta del obispo de Málaga Xirinac criticando la forma de vida de la ciudad. Con la llegada de Gil se subió al carro y hasta se llegó a rumorear que el Ayuntamiento le pagaba por hacer de relaciones públicas. Tanto quería a Gil que no le dolieron prendas, de marca por su puesto, para participar en una manifa, como si fuera una Irene Montero de los pijos, pidiendo la excarcelación del orondo alcalde

Cuando la Marbella de Gil acababa también la imagen de Gunilla se depauperaba. Cada vez interesaba menos a las revistas y declaraba que odiaba las multitudes, sobre todo si eran de acreedores, ya que desde hace años estaba más tiesa que una regla y no veía soluciones al caso, sobre todo porque su familia había desterrado el trabajo de sus quehaceres diarios desde hacía tres generaciones.

Luis Ortiz y Gunilla en una de sus últimas apariciones. 

Hoy no se sabe si habita en Marbella o no porque no se la ve por ningún lado. Evita a la prensa como si fuera Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses y tiene un hijo, inversor en su día de Tuenti, que se encarga de todo. Su Marbella ya no existe y ella ha quedado como un lujo exótico que los españoles nos permitíamos cuando creíamos que teníamos dinero. La alemana ya lo advirtió: “La gente dice que no hacemos nada. Claro que sí. No paramos de divertirnos. El Gobierno nos tendría que subvencionar por eso”.

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