05 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Durante su Reinado, la Emérita ha soportado las infidelidades de su marido que le hicieron abandonar España en 1976 junto a sus hijos rumbo a la India

El papel de la Reina Sofía ante los escándalos de Juan Carlos I: Discreción e incertidumbre ante su futuro

Sofía de Grecia y Juan Carlos I.
Sofía de Grecia y Juan Carlos I.
El incierto futuro del Rey Juan Carlos I deja también en una complicada situación a la Reina Sofía de Grecia, su mujer y consorte durante sus años de reinado. Desde que los escándalos comenzaran a arreciar sobre la figura del Emérito, la madre del Rey Felipe VI ha desparecido de la opinión pública y no tiene eventos ni agencia oficial. Tampoco se sabe si sigue en Zarzuela o si este verano visitará, como suele ser habitual, el Palacio de Marivent en Mallorca, donde se encontraría con sus nietos.

Sofía de Grecia afronta desde el silencio más absoluto los últimos escándalos protagonizados por su marido. Durante años ha estado acostumbrada a afrontar polémicas sin que éstas parecieran afectarla. Hace años que el matrimonio regio no existe más que de manera formal. Jaime Peñafiel en su libro Juan Carlos y Sofía: Historia de un matrimonio (Esfera de los Libros, 2008) asegura que los problemas entre ambos existieron casi desde el principio. “El drama de doña Sofía está en que sigue enamorada de su marido”, escribía hace 12 años el periodista en el citado libro.  

Lo cierto es que el matrimonio entre Juan Carlos y Sofía se organizó en apenas unos meses y cuando el 14 de mayo de 1962 se daban el sí quiero el catedral de Atenas, ella era la hija de unos Reyes en ejercicio que venía de una historia frustrada con Harald de Noruega y él, hijo de unos Reyes en el exilio cuyo futuro dependía de la voluntad de un dictador, Francisco Franco, que lo había criado a su sombra, pero sin darle esperanzas sobre su futuro.

Sofía y, sobre todo su madre, la Reina Federica entendieron rápidamente que la mejor forma de garantizarse un futuro era plegarse a los usos y decisiones del dictador. Entre 1962 y 1975, Juanito y Sofi, como se llamaban en privado, formaron un equipo compacto con un objetivo claro: que la corona de España volviera a ceñirla un Borbón. Esos años son a los que doña Sofía se refiere como “la época en la que no éramos nadie” (Pilar Urbano, La Reina, Plaza y Janés, 1996). Según una de sus biógrafas más polémicas, Pilar Eyre, esa época, a pesar de todas las incertidumbres, fue la más feliz para doña Sofía. Fue a partir de noviembre de 1975 cuando Juan Carlos, lejos de la tutela del dictador, comenzó a volar sólo y empezó a acrecentarse la brecha entre el matrimonio.

Pasaporte a la India

En enero de 1976, dos meses después de acceder al trono, doña Sofía recibiría el primer golpe importante a sus sentimientos. Según autores ya citados como Pilar Eyre o Jaime Peñafiel, en esa fecha la Reina descubrió in fraganti al monarca en compañía femenina.

Doña Sofía con su madre la Reina Federica a finales de los 70.

La reacción de la Consorte dejó al Gobierno postfranquista de Arias Navarro sorprendido. Doña Sofía viajó sin avisar a nadie en compañía de sus hijos a Madrás (India) para refugiarse en su madre. La Reina Federica y la Princesa Irene se habían exiliado en esta ciudad hindú tras ser depuesta, mediante un referéndum, la monarquía en Grecia. En el país asiático la madre y la hermana de la Reina de España se habían instalado siguiendo a un peculiar santón hindú que las influiría sobremanera en el futuro.

El entonces Ministro de Exteriores José María de Areilza viajó a la India para recriminarle a la Reina que se llevara a los posibles herederos de la Corona sin previo aviso. Entre el Ministro y la Reina Federica convencieron a doña Sofía de volver a España. El asunto se vendió como una visita de la Reina a su madre que “tenía problemas de salud”. La prensa, sometida a un férreo control, silenció el incidente. Sólo la revista Sábado Gráfico dedicó un suelto al incidente bajo el título descriptivo de Prudencia Majestad, no sabemos si dedicado al Rey o a la Reina.

Una humillación en Mallorca

No sería la primera vez que la Reina tuviese que hacer acopio de autocontrol para encarar un momento complicado. Posiblemente, uno de los peores tuvo lugar en 1992 cuando se hizo pública la relación entre Juan Carlos I y Marta Gayà.

Durante años, Marta y Juan Carlos disfrutaron de una relación que era un secreto a voces, para los que cubrían por entonces el verano mallorquín. El Rey, recién entrado en la cincuentena, empezó a "perder la cabeza" rápidamente por ella: pasaban muchos fines de semana juntos, se iban a Gstaad y otros períodos no vacacionales también los disfrutaban juntos. 

La relación con Marta Gayà dio muchos dolores de cabeza a doña Sofía.

Ese amor le llevó a descuidar las obligaciones familiares e, incluso, las oficiales. En un principio, sus encuentros eran protegidos con gran cautela, pero no duró mucho. La reina Sofía fue una las primeras personas en enterarse. Todo ocurrió en una cena con unos 200 comensales, en honor al multimillonario Aga Khan, ahora protector en Suiza de la infanta Cristina de Borbón. Allí llegaron puntuales el Rey, la Reina y sus invitados ilustres. Sin embargo, todavía pasados unos minutos había una mesa vacía.

Ya casi en los postres, se presentaron el escritor José Luis de Vilallonga y Marta Gayà, así como el príncipe Tchokotua junto a su mujer, Marieta Salas. En lugar de enfadarse, el Rey se levantó de la silla y fue a saludarles efusivamente, gesto que denigró a la Reina. Fue una presentación relativamente pública de la relación de Juan Carlos I con Marta Gayà, pero también un golpe muy duro para doña Sofía.

No sería el último.  Lo que hizo prender la mecha fue el relevo de Francisco Fernández Ordóñez, entonces Ministro de Justicia. El político padecía un cáncer en fase terminal y todo el mundo se preguntaba por qué el presidente del Gobierno, Felipe González, no lo relevaba. En una rueda de prensa, la Ministra-Portavoz Rosa Conde contestó a los requerimientos de los periodistas que no se podía sancionar el nuevo nombramiento porque el Rey se encontraba fuera de España.

Lágrimas griegas

A partir de ese momento, la prensa comenzó a investigar el destino del monarca. El Mundo habló del viaje a Suiza y recordó que unos meses antes, el historiador Juan Balansó habló en clave sobre el proyecto del Rey de escribir sus memorias con José Luis de Vilallonga achacándolo a alguna “gaya dama”. Sin duda, quien fue más allá, fue Jaime Campmany, el director de la revista Época. La publicación llevó a su portada una foto de Marta y tituló La dama del rumor. Una investigación firmada por el hoy director de elcierredigital.comJuan Luis Galiacho, que levantó ampollas en los círculos políticos y económicos de entonces.

La portada que lo destapó todo. 

El escándalo estaba servido. Por primera vez en la historia de nuestra reciente democracia, la prensa rompía el gran tabú real desde la Transición. Hablar de la vida privada y sentimental del Rey. Hasta entonces, sólo Jaime Peñafiel, a través del micrófono de Encarna Sánchez en COPE, había hablado de la crisis del matrimonio regio. “El Rey está pasando por un período de crisis en su matrimonio que, si se le deja, esperemos que se pueda solucionar”, dijo en su momento. Sin embargo, el escándalo ya había estallado.

Don Juan Carlos, presionado por Sabino Fernández Campo, entonces Jefe de la Casa del Rey, regresó de Suiza el sábado 20 de junio por la mañana, despachó a Felipe González antes del mediodía y comió en privado con el presidente de Sudáfrica, Fredierik De Klerk, que estaba en Madrid de visita oficial. Por la noche ya estaba de nuevo en Suiza.

Dejó plantada a doña Sofía, entre lloros, en la celebración familiar del último aniversario de don Juan de Borbón, que cumplía 69 años ese 20 de junio, y que se celebró en el Club Financiero de la calle Génova de Madrid. La Reina, al día siguiente, sustituyó al monarca en la apertura de la Cumbre Iberoamericana. La desaparición pública del Rey desde el 15 al 23 de junio levantó por primera vez en España todo tipo de especulaciones sobre una supuesta relación extramatrimonial.

Cierto acercamiento

Cuando Corinna entró en la vida de Juan Carlos I ya poco podía sorprender a doña Sofía. La famosa caída de Botsbuana en 2012 hizo que el mundo se enterara de la unión entre la alemana y el Rey. Varios días tardó la Reina en visitar a su marido en el hospital. Cuando lo hizo la visita duró apenas unos minutos. Una vez más la Reina Sofía practicó un deporte en el que es una maestra: mirar sin ver.

El ninguneo que el Rey ha practicado para con ella ha conseguido que, incluso entre los republicanos, la Reina Sofía tenga adeptos. El primer libro que le dictó a Pilar Urbano, en 1996, era toda una declaración de lealtad hacia el hombre con el que ha compartido más de medio siglo de vida. Sin embargo, Juan Carlos I en sus memorias (El Rey, José Luis de Vilallonga, Plaza y Janés, 1993) apenas le dedica unas palabras a su esposa definiéndola secamente como “una gran profesional”.

Juntos en el entierro de Rubalcaba. 

Sin embargo, la compleja situación actual parece que ha acercado un tanto al matrimonio. Al menos así lo aseguraba a Elcierredigital.com Jaime Peñafiel hace unos meses.  “A raíz de lo sucedió en la catedral de Palma con doña Letizia, Juan Carlos cambió en parte su actitud. Ahí advirtió la soledad doña Sofía. Ninguneada por su nuera y su nieta y sin ser defendida por su hijo.  A raíz de ahí, hay una aproximación. Las crisis se superan. Están estables. No ha habido una reconciliación, pero antes ni se miraban y era mejor que no lo hicieran porque las miradas mataban”, contaba el periodista.

Lo cierto, es que nadie sabe muy bien qué papel jugará doña Sofía en el futuro de Juan Carlos I o en la corte de su hijo Felipe VI pero parece seguro que contará con su mejor arma, la capacidad de ser impermeable a los escándalos.

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