25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

En 1962 el hijo del rey español en el exilio se casaba por el rito católico y el ortodoxo con la princesa griega para satisfacción de Franco

Las bodas de diamante de los Reyes Eméritos: Secretos políticos de un enlace celebrado por intereses

Juan Carlos y Sofía durante la boda en Atenas.
Juan Carlos y Sofía durante la boda en Atenas. / El 14 de mayo los Reyes Eméritos celebraran sus sesenta años de casado.
Cada uno por su lado, como siempre, Juan Carlos I y la Reina Sofía cumplen sesenta años de casados. Una boda que se celebró en Atenas, donde reinaban lo padres de ella, y que ayudó al hijo del Conde de Barcelona a ganar puntos ante el dictador Francisco Franco para que restaurase la monarquía en su personas y no en la de su padre o en otros candidatos como su primo Alfonso de Borbón-Dampierre. La boda, con connotaciones políticas, se celebró por los ritos católico y ortodox.

El 14 de mayor Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia cumplieron seis décadas de matrimonio, que no de amor. El aniversario ha pillado a los Eméritos como suelen, esto es cada uno por su lado. Él en Abu Dabi, y a pesar de los globos sondas mediáticos que lanzan su acólitos sin que se les espere en España, y la Reina Sofía, en teoría, en España con un papel cada vez más desdibujado. 

Hace seis décadas, cuando se casaron en Atenas, la situación de ambos era muy distinta. Él vivía en España bajo la sombra de Franco y nadie tenía muy claro su estatus. Ella era hija de reyes en ejercido del cargo, en Grecia. 

Se conocieron en 1954 en el crucero Agamenón. Ni más ni menos que una idea de la entonces Reina Federica, madre de doña Sofía para promocionar el turismo en el país mediterráneo después la contienda civil griega (1946-1949) que siguió a la Guerra Mundial. Su intromisión en la política local era más que cuestionable, pero, la realidad es que consiguió poner a Grecia de nuevo en el mapa e incentivar su turismo siendo a partir de entonces el destino favorito para los cruceros. La influencia de Federica en la política helena fue tal que muchos identificaban con ella la monarquía, aunque sólo era la consorte de Pablo I.

El crucero también era una excusa para poner en contacto a las Casas Reales que en la posguerra mundial habían tenido pocas ocasiones para juntarse. Claro está, también era la ocasión perfecta para intentar que fraguase alguna promesa matrimonial entre los jóvenes cachorros royals. Ella siempre quiso un trono para sus hijas Irene y Sofía.ç

Juan Carlos y Sofía ante la ceremonia de las coronas por parte del padre de ella, el Rey Pablo de Grecia. 

Para el crucero, que tomó el nombre del comandante en jefe del ejército griego que un día lideró a los helenos en la guerra de Troya, Federica contó con el apoyo del armador Niarchos. La Reina iba a amadrinar un barco. La costumbre de la época era regalar un broche de brillantes en señal de agradecimiento. La reina propuso al armador un trueque: renunciar a la joya a cambio de todo lo necesario para el crucero.

“Por una vez el protocolo hizo bien las cosas”

Entre don Juan Carlos y Doña Sofía en ese viaje no surgió el amor. Habría que esperar a junio de 1961 para que eso sucediera. Para entonces los dos arrastraban sendos fracasos amorosos. A don Juan Carlos, Franco le había prohibido seguir con su relación sentimental con la princesa italiana María Gabriella de Saboya, aunque el joven Borbón se consolaba con la condesa Olguina de Robilant.

Por su parte, doña Sofía había sido humillada públicamente cuando el parlamento noruego consideró su dote demasiado exigua y canceló su compromiso con el heredero Harald. La Reina Emérita ha intentado borrar esta experiencia de su pasado pero la Historia es poco caballerosa y ahí están las hemerotecas.

El escenario del reencuentro fue la boda de los Duques de Kent. “Nos quedamos en la mesa largo rato hablando en profundidad de muchas cosas, de su vida, de la mía, de religión, de filosofía... Me di cuenta de que Juanito no solo era un hombre encantador sino un ser humano mucho más profundo de lo que aparentaba. Solo al final, me sacó a bailar. Fue un fox lento. Recuerdo que bailamos muy despacito y en silencio” le contó la Reina Sofía a Pilar Urbano en 1996. “Por una vez el protocolo hizo bien las cosas” añadió.

La Reina Federica. 

La Reina Federica intuyó la oportunidad e invitó a ‘los Barcelona’ a pasar el verano en la isla griega de Corfú. El compromiso entre Juan Carlos y Sofia se anunció en septiembre de 1961 y la boda por el doble rito, católico y ortodoxo, se celebró en mayo de 1962 en Atenas.

Lo cierto es que el matrimonio entre Juan Carlos y Sofía se organizó en apenas unos meses y cuando el 14 de mayo de 1962 se daban el sí quiero en la catedral de Atenas, ella era la hija de unos Reyes en ejercicio que venía de una historia frustrada con Harald de Noruega y él, hijo de unos Reyes en el exilio cuyo futuro dependía de la voluntad de un dictador, Francisco Franco, que lo había criado a su sombra, pero sin darle esperanzas ciertas sobre su futuro.

Sofía y, sobre todo su madre, la Reina Federica entendieron rápidamente que la mejor forma de garantizarse un futuro era plegarse a los usos y decisiones del dictador. Entre 1962 y 1975, Juanito y Sofi, como se llamaban en privado, formaron un equipo compacto con un objetivo claro: Que la corona de España volviera a ceñirla un Borbón. Esos años son a los que doña Sofía se refiere como “la época en la que no éramos nadie” (Pilar UrbanoLa Reina, Plaza y Janés, 1996).

Entre Franco, don Juan y el Papa

La boda se convirtió en uno de los acontecimientos del momento en Europa a pesar de la situación de peculiar del novio. Oficialmente el Rey de España era su padre, el Conde de Barcelona, que seguía en su exilio portugués. Franco estuvo representado por sus hijos los Marqueses de Villaverde y la Reina Federica, sabedora de que el destino de su yerno dependía del dictador, no quería desairarle. Para evitar el conflicto, cuando los Villaverde entraron en la catedral de Atenas, fueron recibidos con el himno de España y los Barcelona con un pasodoble taurino. "Encima cachondeo", exclamó don Juan. 

En España la ceremonia ortodoxa fue censurada. Al igual que la presencia del padre del novio. Se eliminó cualquier referencia a él en la prensa española. "Parece que se casa un huérfano", comentó con amargura el suegro de Sofía. 

La boda reseñada, como siempre, en el ¡Hola!. 

Y es que el tema religioso fue uno de los más espinosos asuntos que rodearon al enlace. Aún el Concilio Vaticano II (1962-1967) no llegado para facilitar los matrimonios ecuménicos entre distintas ramas del cristianismo. Siendo la Casa Real española de tradicional católica y la griega ortodoxa, tuvieron que pedir permiso al Papa Juan XXIII para el doble enlace religioso, aunque unos días antes Sofía se convertía la Iglesia Católica de Roma. Eso sí, al contrario que su predecesora Victoria Eugenia lo hizo en privado. Así cuando la boda se celebró, su primer viaje como matrimonio fue a la Santa Sede para agradecer al Pontífice sus facilidades. 

La boda concitó un interés público cuanto menos curioso dada la extraña situación de la monarquía española. Todo el mundo daba por hecho que el régimen del General Franco se autodefinía como un Reino, pero aún nadie tenía claro quién lo sucedería porque el propio dictador jugaba a despiste con el asunto. Don Juan, Juan Carlos, Alfonso de Borbón-Dampierre y hasta el pretendiente 'carlista' Carlos-Hugo de Borbón-Parma jugaron sus cartas para ser el tocado por el dedo del dictador y hacerse con la corona española. La boda de Atenas le hizo a Juan Carlos sumar muchos enteros ante Franco. La Princesa Sofía 'conquistó' al viejo General español que descubrió en la esposa de su pupilo una mujer con un carácter reservado y poco aficionada a dar problemas de tipo político. 

Seis décadas después, Juan Carlos y Sofía son una sombra del pasado que, en muchas ocasiones, da quebraderos de cabeza a su hijo Felipe VI. En sesenta años han pasado del exilio a ser los príncipes tutelados por Franco, monarcas de un país en el que se iba a desarrollar una transición social y políticas y, por último, Reyes Emérito tras una abdicación de Juan Carlos I envuelto en escándalos financieros y sentimentales. 

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