22 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Daniel Conway, empleado de la estación de esquí de Colorado, fue considerado como el principal sospechoso en la muerte de Alfonso de Borbón

Tres décadas después, regresan las incógnitas sobre la trágica muerte del Duque de Cádiz

El Duque de Borbón, Alfonso de Borbón y Dampierre, murió guillotinado mientras practicaba esquí
El Duque de Borbón, Alfonso de Borbón y Dampierre, murió guillotinado mientras practicaba esquí
Treinta años y dos meses después, sigue el misterio sobre la muerte de Alfonso de Borbón y Dampierre. El Duque de Cádiz murió decapitado por un cable cuando esquiaba en Colorado, un día previo al campeonato del mundo de esta disciplina deportiva. El desaparecido empleado de la estación o la ambulancia que tardó en llegar 45 minutos son algunas de las principales incógnitas todavía sin resolver en la sospechosa muerte de uno de los miembros más relevantes de la dinastía Borbón.

Tres décadas después el misterio sigue sobrevolando sobre la muerte del Duque de Cádiz, Alfonso de Borbón y Dampierre. Un fallecimiento que explicó elcierredigital.com en un completo reportaje en la conmemoración del trigésimo aniversario. Fue un 30 de enero de 1989, en lo alto de una de las pistas de esquí de Beaver Creek, en Colorado (Estados Unidos), cuando falleció el Duque de Cádiz. Alfonso de Borbón estaba acompañado de Tony Sailer, el esquiador austriaco campeón mundial de este deporte que empezó a descender tranquilamente antes de que lo hiciera su amigo el duque de Cádiz.

Cuando llega al final de la bajada, Sailer se da cuenta de que hay un empleado de la pista, Daniel Conway, del que nunca más se volvería a saber nada, tensando un cable de acero de 1,75 metros de altura y con un grosor de 5 milímetros. El campeón de esquí le grita en alemán, idioma que entendía a la perfección don Alfonso, para advertir del peligro que corría su amigo.

Los esfuerzos del esquiador cayeron en vano. El Duque de Anjou, un título concedido por destino histórico, y Duque de Cádiz, por voluntad de Franco, se topó con dicho cable, el cual le cercena la carótida y el cuello en 180 grados. Mirta Miller, mujer con la que estuvo los últimos años de su vida el Duque, afirmaba años después que Alfonso tuvo una pesadilla días antes en la que intuía que moriría guillotinado.

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Alfonso de Borbón con la que fue su esposa, Carmen Martínez Bordiú.

Esta no sería su primera premonición, ya que cuatro años antes de su fallecimiento, en 1985 le confesó a la periodista Pilar Urbano en una entrevista: “De haber vivido en el siglo XVI no habría llegado vivo a los 49 años. Habría acabado en el cadalso”. Alfonso, nacido en Roma, si superó esa edad, pero acabó encontrando su muerte con 52 años, aquel fatídico día en la estación de esquí de Colorado.

Misterio sobre la muerte del Duque de Cádiz

Muchas incógnitas han impregnado la muerte de Alfonso de Borbón, ya que muchos piensan que no se trató de un mero accidente. El principal sospechoso del fallecimiento del Duque fue el supuesto empleado de la estación de esquí llamado Daniel Conway. Nada más morir Alfonso de Borbón este hombre desapareció del mapa y nunca más se supo de él.

Tras el guillotinamiento, a pesar de tener medio cuello cortado, Alfonso de Borbón tenía constantes vitales, por lo que se pidió con rapidez atención sanitaria. Tony Sailer exclamaba exaltado “¡oh Dios mío! ¡Oh Dios mío!” mientras corría un reguero de sangre junto al cuerpo de su amigo. Alfonso se desangraba y la ambulancia no llegaba.

Al final, 45 minutos después apareció, un retrasó que extrañó a todos los presentes, sobre todo, porque al día siguiente de los hechos arrancaba un Mundial de Esquí. Un suceso que oscureció más la muerte de Alfonso de Borbón.

Los que sí llegan con celeridad son los fotógrafos que desde hace décadas han seguido todos y cada uno de sus pasos. La foto puede ser la exclusiva de la década, pero no les servirá de nada. La policía estadounidense les requisó las cámaras y destruyó los negativos. Solo una de esas imágenes verá la luz un mes después en la revista ¡Hola!. Es la más inocua de la dantesca escena: la nieve teñida con la sangre del Duque.

La noticia llega pronto a España y sorprende a todo el país. Junto con el aristócrata ha viajado un equipo de Televisión Española que se encargará de la cobertura del Mundial de Esquí Alpino. Matías Prats conectará con la cadena pública y comunicará urbi et orbi la tragedia. Junto a él está otro ídolo de este deporte, el español Paco Fernández-Ochoa, que no puede evitar un rasgo de brutalidad castiza al ver el estado de su amigo: “Lo han desconejado”.

Tony Sailer se quejó públicamente de toda la instrucción policial seguida. Afirmó que en su declaración ante la policía no se respetó supuestamente las palabras del esquiador. Una investigación que también contradijo su informe inicial, en el que se apuntaba como causa de la muerte de Alfonso de Borbón un homicidio.

Cuando el cadáver llegó a España fue enterrado en las Descalzas Reales. Al responso acudieron los Reyes de España, primos del fallecido que obviaron los largos enfrentamientos dinásticos que habían protagonizado con él. También estaban sus exsuegros, los Marqueses de Villaverde, hija y yerno de Franco, su madre, la hierática Emanuela Dampierre, su hermano Gonzalo y su hijo Luis Alfonso, de 14 años. Su exmujer Carmen Martinez-Bordiú también asistió al entierro a pesar de que nadie quiso saludarla y, menos, arroparla. Las cámaras de televisión registraron como al intentar dar el pésame a su exsuegra ésta le retira la cara, luego se gira hacia su padre que también la desprecia. Son unos segundos de desconcierto para la nieta de Franco, una situación complicada de la que la Duquesa de Alba la sacó llevándosela con un abrazo.

Los organizadores del campeonato mundial de esquí, que arrancaba al día siguiente de la muerte del duque de Cádiz en Beaver Creek, admitieron el descuido y pagaron una cifra secreta y millonaria a los herederos de Alfonso de Borbón. La madre del Duque, Emanuela de Dampierre, reconoció en sus memorias: “Se especuló mucho sobre el asunto y, en mi opinión, fueron muy peregrinas algunas de las ideas que se lanzaron (…) Con sinceridad, creo que se trató de un trágico accidente”.

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Alfonso de Borbón

El destino puso punto final a la vida de Alfonso de Borbón y Dampierre de manera prematura y sospechosa. Considerado por muchos como un aristócrata maldecido y como el último rey guillotinado de la historia.

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