21 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

El cantante le pidió noviazgo a la filipina a mediados de 1969 en un concierto de Juan Pardo en el teatro Carlos III en la Gran Vía madrileña

Así fueron los inicios entre Isabel Preysler y Julio Iglesias: Fiestas por Madrid y vacaciones en Málaga

El Cierre Digital en Julio Iglesias e Isabel Preysler en 1973.
Julio Iglesias e Isabel Preysler en 1973.
La socialité filipina Isabel Preysler ha estrenado su nuevo documental ‘Isabel Preysler: Mi Navidad’, donde desvela algunos detalles inéditos de su vida. Uno de ellos, cómo conoció realmente a Julio Iglesias. Aunque afirma que fue de camino a una fiesta y no en la propia celebración cuando empezaron a hablar, sí que fue en una de las veladas de la jet madrileña donde comenzó a fraguarse su amor.

'Isabel Preysler: Mi Navidad', ya está disponible en Disney +. Un documental en el que la socialité filipina abre las puertas de su mansión de Puerta de Hierro para mostrar cómo se celebra la Navidad en casa de los Preysler, aunque este año la pasará en Miami, en compañía de su familia pero sin pareja conocida. Además, Isabel Preysler se abre y cuenta algunos detalles inéditos de su vida. Uno de ellos, cómo conoció verdaderamente a Julio Iglesias.

Aunque a lo largo de los años se ha difundido que ambos se conocieron en una de las fiestas de la jet madrileña, la filipina ha confesado que no fue en la celebración en sí cuando sus vidas se cruzaron, sino en el camino. Según Preysler, mientras acudía en coche a una de estas veladas, su vehículo y el de Julio Iglesias —un Mercedes descapotable en el que iba acompañado por Julio Ayesa—, se pararon en el mismo semáforo. En cuanto cruzaron miradas, los ocupantes de los vehículos comenzaron a hablar, descubriendo que iban al mismo sitio.

Según cuenta Preysler en el documental, sus amigos la sacaron del coche para que se subiera en el de Julio Iglesias. Y de ahí acudieron juntos a una fiesta que marcó el inicio de su historia de amor. Una que concluyó tras 7 años de matrimonio y tres hijos.

Julio Iglesias, Isabel Preysler y el flechazo del amor

Hasta la confesión de la filipina en su nuevo documental, lo que se sabía del inicio de esta historia de amor es que se conocieron en una fiesta, y otra sirvió para presentarlos oficialmente.

Isabel y Julio se conocieron inicialmente en una fiesta homenaje a Manuela Vargas, la famosa bailaora diva del pintor Salvador Dalí, celebrada en casa de Juan Olmedilla. Allí surgió el flechazo. Su cara de niña, su fragancia (siempre se perfuma en el último momento) y su esbelta figura (es más alta de lo que aparenta) impresionaron de entrada al cantante, transmitiéndole un encanto especial. Julio Iglesias no tardaría en enamorarse de la filipina, a pesar de que en aquel momento le resultaba fácil verse rodeado de esplendorosas mujeres. Era el soltero de oro, con muchas admiradoras. Pero sería en otra fiesta, celebrada en la primavera de 1970 en uno de los antiguos pabellones de la Feria del Campo de Madrid, que daba la conocida familia bodeguera gaditana de los Terry y organizada por el popular relaciones públicas, el navarro Julio Ayesa Echarri, donde se consumó el intento.

Isabel Preysler y Julio Iglesias.

“Julito –le dijo Iglesias a Ayesa, al que apodaban como a él y con quien mantenía una especial amistad– me encanta esa chica oriental, preséntamela, ya le he echado el ojo…y hoy no se me puede escapar”.

A Isabel sí que no se le escapó el evidente interés que mostró de entrada el cantante hacia ella Y eso que allí estaba la crème de la crème: desde la folklórica Lola Flores, pasando por la duquesa Carmen Franco, su hija Carmen Martínez-Bordiú, hasta un largo número de los llamados vips entre los que la filipina ya había aprendido a manejarse con soltura. Como siempre llegó tarde a la cita, pero nada angustiada. Iba a su aire, como si la noción del tiempo fuera diferente en Filipinas que en España. Ya era costumbre su falta de puntualidad, quizá por su exagerado perfeccionismo. Cuentan que la tranquilidad pasmosa que aún mantiene para arreglarse ha sacado de sus casillas a sus tres maridos, cinco hijos y amistades más cercanas. Pero a esas alturas Madrid estaba ya dominado.

Para ella la capital española era mucho mejor que Manila y sus viejos amoríos eran historia lejana. La fiesta sirvió para que Isabel Preysler y Julio iglesias comenzaran a salir como si fueran dos jóvenes pipiolos. “Conocí a Julio Iglesias en 1970. Me pareció un chico simpático y educado, con un aspecto muy agradable. Julio no era todavía un famoso cantante. De todas formas, a mí nunca me han impresionado las personas por su importancia o popularidad. Nuestra primera salida fue para asistir a un recital de Juan Pardo. Tres días después de que nos presentaran, se me declaró; y a los seis meses ya éramos novios. Quería que nos casáramos enseguida, pero yo le dije que esperáramos un poco. (…) Recuerdo perfectamente sus palabras. Me dijo: ‘Esto no es una declaración y no pienses que te lo estoy pidiendo, pero quiero decirte que eres la mujer perfecta que siempre hubiera imaginado yo para casarme’“, afirmó la Preysler en sus memorias para la revista ¡Hola!

La modelo y el cantante

Corría ya el caluroso mes de mayo de 1970. Madrid vivía intensamente las fiestas de su patrono San Isidro con desatada euforia. El matador Manuel Benítez El Cordobés, el fenómeno social de la época, acababa de abrir por dos veces consecutivas la nada transitada puerta grande de la plaza de toros de Las Ventas. Había cortado ocho orejas en sus cuatro toros. Nunca se había producido un hecho similar, lo que había desatado el histerismo popular. Pero España todavía dormía en el franquismo, con un poder creciente de la iglesia católica sobre todos los sectores de la vida pública y política.

Isabelita iba a misa todos los domingos, a una iglesia próxima a su domicilio del número 151 del Paseo de la Castellana, muy cerca de la glorieta de Cuzco. Sin embargo, eso no era óbice para que se dejara ver en todos los saraos acompañada de sus fieles amigas de entonces, Marta Oswald y Chata López Sáez. Incluso, que volviera a sacar del armario su vieja afición de Filipinas como modelo de ropa. Así lo relataba por entonces el periódico Ya: “En mayo de 1970 seis señoritas de la alta sociedad madrileña, Chata López Sáez, Marta Oswald, Mariola Martínez-Bordiú, su prima Isabel, y Piluca Villoslada, y una desconocida de Filipinas exhibieron siete vestidos en un desfile de modelos realizado con una tela denominada azul picasso y fue presidido por la marquesa de Villaverde y su primogénita, Carmen Martínez-Bordiú”.

Isabel Preysler trabajando como modelo en 1970.

Isabel Preysler llamó la atención enseguida, ya que sabía posar, al contrario del resto de las jóvenes presentes. Al desfilar, se detenía en el sector donde estaban los fotógrafos y no se perdía ninguno de los flashes de los reporteros gráficos. Sólo hubo dos ocasiones más en la que probó ser de nuevo modelo. Una fue, ya separada de Julio Iglesias, en un acto benéfico organizado por su gran amiga María Teresa de Vega, la dueña de Ascott. La entonces marquesa de Griñón paseó su cuerpo acompañada de su hija Chábeli. La otra fue en abril de 1985, ya flirteando con Miguel Boyer, cuando lució modelos de piel diseñados por creadores españoles dentro de la gran gala de la moda española en los actos del VI Salón Ibetpiel. Junto a ella lo hicieron también Carmina Ordoñez, Rosario Flores, María Vidaurreta y Mercedes Lícer de Borbón, todas ellas habituales de la prensa del corazón. Fue una aventura semiprofesional que terminó ese mismo día. Nunca más volvió a pisar las pasarelas. No le eran rentables.

Por su parte, Julio Iglesias, siempre repeinado, guardaba las formas ya que era uno de los cantantes apreciados por el régimen que de alguna forma había sido representado por él en el Festival de Eurovisión. Además Julito intentaba llevar sus relaciones sentimentales de forma discreta y reservada pues por entonces, él ya triunfaba y habían proliferado sus club de fans que seguían fielmente los pasos de su ídolo, lo que aumentaba su publicidad. Por eso era muy receloso en sus incursiones amorosas: lo primero, su carrera musical; y luego, los escarceos. Pero en esta ocasión estaba completamente enamorado.

Salidas por Madrid y una boda apresurada

A menudo llamaba al domicilio de los tíos de Isabel para invitarla a salir por Madrid. La recogía en su coche y visitaban los lugares de moda de la capital hasta altas horas de la madrugada. Sus tíos no eran muy estrictos con los horarios, a diferencia de sus padres en Filipinas. Iban casi siempre acompañados de carabina, ya que a Isabelita sus tíos no la dejaban ir sola, en una sociedad todavía muy machista. La pareja solía ir acompañada del íntimo amigo de Julio, compañero de penas y alegrías, que era el encargado de llevarle las maletas y que luego se reconvirtió en su representante, Alfredo Fraile Lamayer. Éste había contraído matrimonio escasos meses antes en la iglesia madrileña de San Francisco el Grande con María Eugenia Peña Soto, integrante de la familia de los Bardem. Una de sus primeras salidas, como cuenta Preysler, fue a un concierto del cantante Juan Pardo en el Teatro Carlos III, en la calle Goya, de Madrid. Desde entonces, siempre que sus compromisos profesionales se lo permitían, la acompañó.

Aunque Julio Iglesias marchó a Londres para grabar su segundo LP, ya tenía el gusanillo de Isabel metido en el cuerpo. Empezaba a llamarla “mi pequeñaja”. Ese joven, que no era capaz de mantener una relación durante más de una semana, el que iba de flor en flor como las mariposas, se había enamorado de verdad. Tanto que nada más llegar de la capital londinense lo primero que hizo fue presentarla en sociedad a su familia. “Me pareció guapísima, encantadora y con mucha clase. Tenía esa serenidad oriental que mantenía a raya el pronto explosivo de mi hijo”, afirmó en su día el doctor Iglesias Puga.

Julio Iglesias durante su boda con Isabel Preysler en 1971.

A finales de julio de 1970, la joven filipina viajó a Málaga con sus tíos para pasar el verano y Julio iglesias cambió radicalmente sus estíos en Peñiscola (Castellón) por las playas de la Costa del Sol. El amor continuó apasionadamente durante todo el otoño. Idas y venidas. Encuentro tras encuentro. Besos y noches de amor en un desapacible clima madrileño. Fue en las navidades de 1970, al regresar de sus compromisos en Argentina, cuando Julio Iglesias comentó a sus más allegados que se casaba deprisa y corriendo. La pareja sólo había tardado seis meses en formalizar el contrato nupcial. Nadie sospechaba que en el cuerpo de Isabel pudiera estar gestándose un bebé (Chábeli), que nació siete meses después de la boda.

Isabel Preysler y Julio Iglesias se casaron un 20 de enero de 1971 y después de tres hijos y siete años de matrimonio, el 21 de julio de 1978 anunciaron su ruptura a través del diario Arriba y de la revista ¡Hola!

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