16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

El artista, pareja del empresario Thomas Schmieder y exdirector artístico del mítico local Chez Nous, es todo un referente del colectivo LGTBI

Manel Dalgó, icono del transformismo: "No vale con ponerse un pelucón y maquillarse, hay que tener cualidades"

El Cierre Digital en
/ Manel Dalgó.
El drag queen Manel Dalgó, icono del transformismo y pareja del empresario Thomas Schmieder, es el director artístico del mítico local Chez Nous, situado en Berlin. El artista catalán es todo un referente del colectivo LGTBI. De vender helados en bicicleta de la Jijonenca por Barcelona y alrededores acabó por convertirse en uno de los grandes del transformismo. Desde la planta quince de su apartamento en La Tour, en Montecarlo, Manel Dalgó habla con Elcierredigital.com sobre su pasado de fama.

Hubo una época en la que a uno de los lados del Muro de la Vergüenza en Berlín se escondía un lugar donde los sueños se hacían realidad. Tras los neones del Chez Nous, lo prohibido empezaba a hacer de las suyas. Era el lugar al que peregrinaban infinidad de homosexuales, transexuales, lesbianas, transformistas y heterosexuales ansiosos por conjugar la libertad.

Allí hizo su primer streptease hace seis décadas Peki d’Oslo (Amanda Lear para la posteridad), Marlene Dietrich se desfogaba del encorsetamiento de Hollywood, Michael Caine rodó Funeral en Berlín, Shirley Bassey levantaba al público desde el escenario, las gemelas Kessler -aún viven- eran el epitome del glamour… Quien movía los hilos de todo este engranaje era Thomas Schmieder, un sagaz empresario que se casó con un catalán, Manel Dalgó, que de vender helados en bicicleta de la Jijonenca por Barcelona y alrededores acabó por convertirse en director artístico del local y en esposo del dueño.

Durante años, la pareja residió entre Berlín y Montecarlo pero ahora pasan la mayor parte del tiempo en el que otrora fue el epicentro de la jet set internacional gracias a Onassis, Rainiero III de Mónaco y Grace Kelly. Desde la planta quince de su apartamento en La Tour, Manel Dalgó habla con Elcierredigital.com sobre un pasado que permanece inalterado en su mente, pero que ya no volverá.

También echa de menos a sus vecinos de la planta diecinueve, el fotógrafo Helmut Newton y su esposa June. Él retrató a lo más selecto de las celebridades. “Era un encanto de persona. Subíamos a su piso a cenar, a comer, a charlar… No tenía nada de divo, era una persona tremendamente humilde. Lo más triste fue que cuando murió en accidente de coche en Los Ángeles en 2004, su esposa se quedó totalmente sola. Todos los amigos ricos e influyentes que tenían desaparecieron de la noche a la mañana. Thomas y yo intentamos proteger a June que tenía un carácter endiablado. La pobre falleció el año pasado a los 97 años”, confiesa Manel.

Miembros de la familia Grimaldi junto a Manel Dalgó.

-Hasta tocar las estrellas sufrió mucho, ¿cuáles fueron los peores momentos?

- Hubo bastantes situaciones desagradables. En la calle y en el colegio se metían conmigo y cuando empecé de celador con 18 años en el Hospital de Bellvitge me sometieron a un acoso laboral constante. Me llamaban maricón, putita, degenerado, deshecho social… El jefe de celadores me tenía tanta tirria porque me llevaba tan bien con las enfermeras que solía vengarse cambiándome de turno sin avisar, por lo que me hacía perder un montón de horas, o me mandaba hacerme cargo de los cadáveres a sabiendas de que me daban pánico.

-¿Quién lo aceptó mejor, su madre o su padre?

- Mis progenitores se separaron cuando tenía 14 años. Mi madre se siente tremendamente orgullosa desde que le confesé que quería dedicarme al transformismo. En el pueblecito de Granada en el que reside se junta con las vecinas y les enseña mis fotos vestido de mujer mientras actuaba en Berlín. Mi padre repudiaba todo esto. Nunca lo aceptó. No tenemos buena relación.

-Descríbame cómo era ser gay y transformista en aquella Barcelona post Gauche Divine.

- Las noches eran vibrantes. Con mi "motillo" solía escaparme a La Belle Époque (actual Luz de Gas, propiedad de Fede Sardà, hermano de Javier y Rosa María) para ver los montajes tan increíbles y llenos de fantasía que creaba Dolly van Doll, y debuté en el Barcelona de noche en 1985 con 18 años. A partir de ahí ya me fui recorriendo los diferentes garitos. Había noches en las que tenía que actuar en dos o tres lugares. Entre ellos, el Tatü.

Manel Dalgó y Enrique del Pozo en el rodaje del documental 'The Man Behind the Woman'.

-¿Ha tenido algún tipo de formación?

- El transformismo es algo muy serio. Estudié español y clásico porque para ponerse unos tacones y cantar, aunque sea playback, hay que tener sentido del ritmo. No vale con ponerse un pelucón y maquillarse exageradamente porque entonces se cae en lo del maricón pintao. Tener cualidades para el baile me abrió muchas puertas.

-Entre ellas, Berlín. ¿Cómo llegó a ese sancta sancturum que fue el Chez Nous?

- Fue fruto de la casualidad. El trío Opale tenía mucho éxito en Suiza y la Costa Azul, pero un día se quedaron en cuadro porque les falló una persona del cuerpo de baile. Fidel Rodríguez, alias Funny Boy, me dijo que me uniera y así aterrizamos en Berlín.

-Lo que más le impactó fue…

- Que al travestismo lo consideraran un arte. Me quedé de piedra cuando a la salida me pedían fotos y autógrafos. No lo había vivido en la vida. Y luego realizábamos giras por toda Alemania y otros países europeos con hasta 6.000 personas. Aquello fue una experiencia inolvidable. Se ve que destacaba entre el resto de los compañeros porque era bajito, llevaba el pelo largo, era muy moreno… Siempre preguntaban, ¿y dónde está el español?, ja, ja.

-Y dio el salto a director artístico.

- Enseguida Thomas vio algo en mí, no solo en lo sentimental (risas), y con el tiempo me dio esa oportunidad. Durante los últimos nueve años ejercí ese puesto y los cuatro anteriores fui el ayudante del anterior director. Si no hubiera servido para ello no hubiera tenido ese puesto. Y mira tú que a mí no me gustan los rubios con ojos azules, yo soy más de morenazos y pata de jabugo, pero terminé seducido por él. Y nos casamos. Vivimos en Mónaco.

-Carolina y Estefanía son como el día y la noche…

- ¡Qué te voy a contar! Carolina es muy pija, áspera, le gusta rodearse de los de su clase y no se deja ver casi nunca por Mónaco, salvo en ocasiones muy especiales. Aquí la llaman la ‘royal’ porque es como si ejerciera de primera dama y porque aún sigue casada con Ernesto de Hannover, por lo que es alteza real. Estefanía es muy divertida, humana y sencilla. No te puedes hacer una idea de lo buena madre que es y de lo que cuida a la gente que quiere. Fíjate si será sencilla que en más de una ocasión me la he encontrado comprando en el Carrefour. Si me pilla desprevenido y me ve, viene a chocarse con mi carro.

A la derecha, Manel Dalgó junto al príncipe Alberto II de Mónaco y Shirley Bassey.

-Dicen que tiene un gran corazón y que siempre ayuda a los más necesitados.

- Sí. A ella no le va toda esa fanfarria alrededor de las alfombras rojas, los photocalls y los vestidos de diseño con joyones. Todo lo hace sin prensa. Está muy volcada en la lucha contra el sida, por lo que hace años fundó el Fight Aids Monaco. Los fondos recaudados durante la cena y la subasta se destinan para mantener la Maison de Vic, una especie de refugio ubicado en Carpentras, una localidad francesa a poco más de dos horas del principado, donde las personas seropositivas son atendidas con respeto. Se satisfacen sus necesidades. Ella es la primera que se pone a montar los muebles de Ikea. ¿Te imaginas a Carolina haciendo lo mismo? (carcajadas).

-Durante ese gran evento que se organiza te inventaste el personaje de La Créature, ¿cuál es tu función?

- Dejé el transformismo hace bastantes años pero cuando la organización sin ánimo de lucro de la princesa Estefanía se puso en marcha, le di unas cuantas vueltas a la cabeza y se me ocurrió este personaje histriónico que se encarga de saludar a los invitados y de vender boletos para la rifa que se realiza anualmente durante la cena para la lucha contra el sida para recaudar fondos para el hogar en el que se alojan las personas seropositivas y para la investigación. Nos lo pasamos muy bien. Estefanía y sus hijos tienen un gran sentido del humor.

-He oído que se lleva muy bien con su primogénito, Louis.

- Es un chico muy noble con gran sentido del humor. Como sabe que soy gay no para de coquetear conmigo. ¡Es tan guapoooo!

Manel Dalgó ha hecho historia. Y para que la gente no se olvide de lo que ha logrado y lo que ha significado para el colectivo LGTBI, Enrique del Pozo dirigió un documental sobre su vida, The Man Behind the Woman (2015).

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