01 de agosto de 2021
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EDICIÓN VERANO

Los informes de Sanidad muestran que sólo el 0,3 por ciento de los casos son importados y pone el foco en los contagios en el domicilio familiar

La gran mentira del Gobierno contra Díaz Ayuso: Madrid apenas recibió 4.000 de los 72.000 franceses que visitaron España

Varios franceses de fiesta en Madrid.
Varios franceses de fiesta en Madrid.
PSOE y Podemos demonizan el turismo francés que visita Madrid para darse la fiesta. Pero los informes oficiales de Sanidad no respaldan tal peligro: sólo el 0.3% de los casos que se producen en toda España proceden del extranjero. Aun así, PSOE y Podemos lo usarán en campaña contra la actual presidenta madrileña Isabel Díaz-Ayuso.

El grave peligro del contagio del coronavirus está en el domicilio familiar, que genera el 39% de los casos, y en menor medida, centros de trabajo y sanitarios. Pero no el turismo. En teoría, los visitantes franceses deben llegar con una PCR negativa efectuada en las 72 horas previas a su entrada en territorio español. Si cumplen o no con tal requisito es competencia del Gobierno central. Por tanto, si llegan o no infectados está fuera del alcance de toda autoridad sanitaria autonómica. Pero los casos importados, personas que han incubado la enfermedad fuera de España, son los que son a tenor de los últimos datos del Gobierno. Y no dibujan una invasión de infectados. A pesar de ello, desde PSOE y Podemos siguen cargando las tintas contra la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso.

Es llamativo que el Gobierno de Sánchez se escandalice por la llegada de turistas franceses a Madrid, no por los alemanes que viajan a Baleares, por ejemplo, cuando el porcentaje a fecha de hoy de casos importados es insignificante estadísticamente. Por el contrario, en febrero del año 2020, la tasa de casos importados alcanzaba el 83% del total nacional, en su mayoría procedentes de Italia. Sin embargo, el Gobierno socialista esperó más de dos semanas antes de cerrar los vuelos de Italia, el 10 de marzo.

Franceses de fiesta en Madrid.

Y cada día llegaban 20.000 pasajeros de la confinada y contaminada bota italiana. Sólo con que 20 de esos 20.000 pasajeros diarios procedentes de Italia llegaran infectados a España, en 12 semanas generarían 30.000 contagios. Por tanto, provocarían más de 300.000 infectados potenciales tras dos semanas de vuelos tolerados. Y para colmo, aterrizaron en España sin ningún control sanitario. Ni PCR ni toma de temperatura en frontera. El Gobierno no creía entonces en la búsqueda de fiebre en pasajeros, medida que sí aplicaban otros Gobiernos y que le reclamaban sus propios expertos, como el responsable de prevención laboral de la Policía, el inspector José Antonio Nieto. Este comisario médico fue destituido tras denunciar tales agujeros sanitarios durante la primera ola.

Diversos responsables de sistemas de salud autonómicos mostraron en febrero su alarma por correo electrónico a Simón, director del centro de alertas sanitarias y portavoz gubernamental, sobre el aluvión de casos de coronavirus que registraban procedentes de Italia. Le explicaron que estaban al borde de la saturación, que no tenían pruebas para tanto paciente, que no sabían qué restricciones o cuarentenas aplicar. Simón no les hizo caso.

Los partes sanitarios de Moncloa revelaban el mismo hecho: De los casos nuevos que se producían, la mayor parte provenía de Italia. El propio Simón reveló a la Iglesia Evangélica, para prohibirles un evento, que el grueso de la infección foránea procedía de Italia, algo que aseguró le tenía muy preocupado.

El Gobierno no ha vuelto a temer el contagio importado hasta focalizarlo en la batalla electoral madrileña. Todavía en verano, el Ejecutivo de Sánchez discutía la necesidad de pedir una PCR a los turistas, frente a la evidencia de que otros países ya exigían esa medida a los viajeros españoles. Su actual agresividad con el turismo choca con su anterior tolerancia. Una permisividad que antaño le recriminó Ayuso, durante la primera ola. 

Díaz Ayuso y Pedro Sánchez.

De hecho, en una reunión celebrada el 9 de marzo de 2020 entre las cúpulas madrileña y estatal de Sanidad, incluido el entonces ministro Salvador Illa y su portavoz Fernando Simón, el ejecutivo de Ayuso reclamó cerrar los vuelos de Italia. Illa se negó a adoptar tal decisión. Argumentó que era una medida muy difícil de aplicar. Sin embargo, al día siguiente la ejecutó.

El mito de la peligrosa invasión francesa de Madrid tiene otro grueso desmentido: El pasado mes de enero, llegaron a España 72.513 turistas franceses. De ellos, 13.565 fueron a Cataluña, 11.116 a la Comunidad Valenciana, 8.416 a Canarias, 6.847 al País Vasco, 6.390 a Castilla y León, 5.647 a Andalucía… Y solo después, séptima posición, la Comunidad de Madrid, a donde llegaron 4.022 franceses. La salud pública, según la izquierda gobernante, se ve puesta en jaque por 4.022 franceses que pisan Madrid, pero no por los más de 65.000 que han aterrizado en el resto de España.

Si el 0,3% de casos importados en toda España procediera de Francia (algo que se desconoce porque el Ejecutivo, por ejemplo, ha tardado semanas en restringir los vuelos británicos pese a poder alojar una cepa más virulenta y que ha crecido espectacularmente en nuestro territorio), haría falta un microscopio para descubrir qué parte de tal minúsculo porcentaje procede de Madrid y de sus escasos 4.000 visitantes franceses.

Turistas en terrazas de Madrid.

Las fiestas ilegales son un peligro en Madrid o en Mallorca, de franceses o nacionales. Pero los datos avalan que necesariamente, por mera estadística, tiene que haber más extranjeros de fiesta en otros territorios que en Madrid, con independencia del toque de queda. Las televisiones vomitan escenas de turistas que vienen de fiesta a Madrid, pero también cientos de sanciones a los organizadores de aglomeraciones lúdicas que violan la normativa.

Por tanto, no parece que las autoridades policiales estén ociosas y pongan mesa y mantel en Madrid a tales "descerebrados", franceses o nacionales. La política de la Comunidad de Madrid es clara y en privado dicen que si  Pedro Sánchez tiene la impresión de que existe un far west madrileño, lo tiene fácil: Puede prohibir los vuelos de Francia, como tardíamente hizo con el Reino Unido o con Italia. Ese es el reto que le suele plantear Ayuso. Si la política hostelera de la Comunidad de Madrid tuviera tal efecto llamada… debería barrer a otras autonomías españolas en visitantes franceses. Y no es el caso. Madrid es la séptima.

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