20 de mayo de 2019
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FIN DE SEMANA

En los últimos años su papel era meramente testimonial y dinerario dentro de la compañía

Borja Prado abandona Endesa con una indemnización de trece millones mientras los trabajadores se reivindican ante los dueños italianos de la eléctrica

Borja Prado deja la presidencia de Endesa tras una década en el puesto
Borja Prado deja la presidencia de Endesa tras una década en el puesto
De cómplice a víctima. Así se puede definir el papel de Borja Prado en Endesa. Llegó tras la salida de Acciona del accionariado de la mayor eléctrica española y no ejerció mucha oposición a lo que ha hecho Enel desde entonces con la eléctrica española: convertirla en su “vaca lechera” a la que ha ordeñado cuantiosos dividendos y réditos económicos. Hoy su papel es secundiario, pero su trabajo ha sido rentable, deja Endesa con 13 millones de euros debajo del brazo.

Borja Prado se despedirá de Endesa el próximo mes de abril tras una década como presidente y lo hará, en el pensamiento de muchos de los accionistas y trabajadores, con más pena que gloria. Los 13 millones de euros que recibirá de indemnización desde luego no son mal aliciente, pero con un coste en su prestigio casi imposible de recuperar.

La historia de una rendición

Borja Prado fue nombrado presidente de Endesa en marzo de 2009 una vez que Enel tomó el control de la que había sido la primera empresa eléctrica española y Acciona, que había participado en la OPA sobre Endesa, vendiese a Enel su 25% por 11.000 millones de euros en febrero de 2009.

Borja Prado en un acto de presentación de la Liga Endesa de baloncesto.

El grupo italiano pagó 42.000 millones de euros y desde un principio lo ha tenido claro, había que recuperar la inversión euro a euro. Así lo ha hecho, cobrando a ritmo de unos 2.000 millones de euros de dividendos al año, haciéndose con las filiales de Endesa en Iberoamérica y reduciendo las inversiones a lo mínimo. Endesa se ha convertido en la vaca lechera perfecta a la que ordeñar, sin que Borja Prado pusiera una gran resistencia.

Paso al ostracismo

Después de librarse de Rafael Miranda y hacer el trabajo de “cómplice ideal”, especialmente cuando Enel era gestionado por Fulvio Conti, con el cambio de dirigente en la eléctrica semipública italiana las cosas empezaron a cambiar para Borja Prado. Francesco Starace le fue quitando poder en detrimento del Consejero Delegado, José Damián Bogas, hasta pasar a ser lo que es ahora, un cargo meramente testimonial que acudía a la presentación de la Liga Endesa de baloncesto o junto a los Reyes eméritos en la inauguración de la iluminación de Santa María La Mayor en Roma.

En la inauguración junto a los reyes eméritos de la iluminación de Santa María la Mayor en Roma

En todo este proceso de rendición su papel ha sido clave. Su talante político le ha hecho llenar el consejo de cargos del PP, del PSOE e incluso nacionalistas catalanes. Pero lo que no ha conseguido es la paz laboral. Enel en su afán de reducir costes ha mordido en hueso en una empresa en la que los trabajadores y sus representantes sindicales se niegan en perder privilegios, muchos de ellos heredados de cuando la empresa era pública.

Los trabajadores en pie de guerra

La salida de Borja Prado coincide con la vista que se celebrará el próximo 13 de marzo por la demanda interpuesta por los sindicatos contra Endesa por la intención de ésta de eliminar bonificaciones en la tarifa eléctrica a empleados, exempleados, viudas y huérfanos. En total unas 36.000 personas según datos de los sindicatos.

Esta es solo la punta del iceberg del conflicto laboral que existe en la compañía por la falta de acuerdo del V Convenio Marco y que llevó a que se quedaran en suspenso estos descuentos a los jubilados que permiten a los beneficiarios pagar sólo alrededor de un tercio de lo que sería su factura.

Los sindicatos son los únicos que han hablado claramente de la situación: “la gestión de Endesa está suponiendo un expolio constante vía reparto de dividendos, así como transmisión constante de activos”. En pleno cierre de las centrales térmicas, que costarán cientos de puestos de trabajo, el acuerdo de garantías que también ha quedado en suspenso.

Esta es la otra herencia de Borja Prado.

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