12 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

A las cadenas hoteleras les preocupa más el impacto de una recesión en el Reino Unido que las posibles trabas al tránsito de viajeros

El Brexit obliga al sector turístico español a reconsiderar sus propuestas para este año 2019

Las consecuencias de un Brexit duro podría llevar a que 3,5 millones de británicos no visitaran España
Las consecuencias de un Brexit duro podría llevar a que 3,5 millones de británicos no visitaran España
El rechazo por parte del Parlamento británico al acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido y los mínimos cambios del “plan b” presentado por Theresa May, aumentan el riesgo de una salida no negociada que afectaría gravemente al sector turístico español a corto y medio plazo

Reino Unido es el principal emisor de turistas a España y el efecto de un Brexit duro, en el que no haya acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido, puede ser muy negativo tanto en el corto como en el medio plazo. Ya los datos de este año preocupan. Hasta el mes de noviembre de 2018 habrían visitado España 17,6 millones de británicos, según la Estadística de Movimientos Turísticos en Fronteras, lo que ya suponía un descenso de 400.000 turistas, un 2% menos respecto del mismo periodo en 2017. Aún así la importancia económica es inmensa. Los británicos no solo suponen alrededor del 22% de los turistas extranjeros que visitan España, también son uno de los colectivos que más gastan en sus visitas a nuestro país: 17.423 millones de euros en 2017.

Con esta posición de liderazgo, el impacto del Brexit puede ser muy perjudicial, más cuando en el escenario más pesimista algunas empresas hoteleras plantean la posibilidad de perder un 20% de los turistas británicos, más de 3,5 millones al año. Esta cifra es imposible de sustituir en su totalidad, aunque se hicieran esfuerzos por atraer viajeros de otros países. A pesar de ello, las empresas hoteleras españolas, en muchos casos líderes a nivel mundial, han desarrollado y continúan actualizando planes de contingencia para distintos escenarios. El objetivo es paliar un posible descenso de turistas y de ingresos, especialmente si el impacto del Brexit se dilata en el tiempo. Y es que, además de la sombra del Brexit, la recuperación de países competidores del Mediterráneo como Turquía y Egipto o nuevos destinos con importante crecimiento como Cabo Verde, amenazan la captación de turismo. Además, lo que más preocupa es el riesgo a medio plazo que a corto plazo.

Corto plazo: problema para aerolíneas y en el tránsito de viajeros

En el corto plazo, una salida no ordenada aumentaría los costes, los trámites e incluso podría suponer una importante limitación a la navegación aérea. Aunque el Reino Unido no forma parte del espacio Schengen, solo por el mero hecho de  ser miembro de la Unión Europea permite que el tráfico de viajeros en aeropuertos o puertos marítimos sea ágil. Una salida sin acuerdo alargaría los trámites que multiplicado por los miles de viajeros que llegan a diario supondría una traba importante. 

El presidente de la Comisión Européa, Jean-Claude Juncker junto a Theresa May (Unión Europea)

Este no es el impacto que importe más a las compañías turísticas, ya que más temprano que tarde habría que adaptarse, pero en un entorno tan competitivo como es actualmente el turismo, colas o mala imagen de británicos esperando en un aeropuerto podría desplazar turistas a otro destino.

Más grave sería que no hubiera un acuerdo para que las aerolíneas del Reino Unido puedan operar en los países de la Unión Europa. Es difícil que ocurra, pero entra dentro de lo posible. El impacto sería importante ya que además de las aerolíneas de bandera (Grupo IAG al que pertenece Iberia) son muchas las compañías low cost que traen miles de viajeros a todos los puntos turísticos de España. Lo más plausible es que aunque el Brexit sea duro, se firme un acuerdo que permita que sigan operando con normalidad.

Medio plazo: caída de turismo por los efectos de una recesión

Pero lo que especialmente preocupa es que el Brexit tenga un impacto en la economía de Reino Unido, que cause una recesión que limite el poder adquisitivo. El resultado sería menos viajeros, menos días de estancia y una caída en el gasto en nuestro país.

Un Brexit sin acuerdo impactaría rápidamente en la libra esterlina. Si la divisa británica cae, el impacto sobre la economía británica podría ser el mayor en los últimos 70 años. El Banco de Inglaterra ha pronosticado que en un escenario de ruptura desordenada la economía británica la economía podría llegar a contraerse hasta un 8%. Esta contracción superaría la registrada en la crisis financiera de hace una década -cuando el desplome más agudo de la actividad alcanzó el 6%- y supondría la mayor recesión en el país desde la II Guerra Mundial.

Este es el peor escenario, el que podría castigar los viajes al exterior y que costaría hasta cerca de 10 millones de viajeros entre este año y el 2024. En esta posibilidad de caída brusca de viajeros, ser competitivos para seguir atrayendo turistas tantos del Reino Unido, como de otros mercados, será incluso más importante.

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