17 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Los casos de “sexting” y “groming” aumentan más de un 30 por ciento en los últimos cinco años

Las nuevas tecnologías influyen en uno de cada cinco abusos sexuales cometidos a menores

Una niña con la boca tapada.
Una niña con la boca tapada.
Los abusos sexuales a menores han crecido en los últimos años y uno de los factores que ha contribuido a este aumento es el uso de las nuevas tecnologías que están presentes en 1 de cada 5 casos. Dos de los delitos relacionados con abusos sexuales en la tecnología es el grooming y el sexting que han aumentado más de un 30% en los últimos cinco años.

La Fundación ANAR que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, ha atendido en los últimos diez años más de 6.000 casos confirmados de abuso sexual. El estudio presentado por los responsables de la Fundación tiene como fin entender una realidad que ocurre día a día en nuestro país y no se le presta la atención que merece. Los abusos sexuales a menores se han multiplicado por 4 en el último decenio. En España cada año se denuncian más de 2.000 delitos cibernéticos contra menores.  

Con el informe, ANAR tiene el objetivo de abordar este problema social con datos, “para legitimar el daño de las víctimas y visibilizar que se trata de un hecho más frecuente de lo que se puede esperar”, aseguran desde la Fundación.  

Según la base de datos de la fundación, los abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes han aumentado más de un 30% desde el año 2008, pasando de 273 casos hace 12 años a 1.093 en 2020. De un total de 6.183 casos atendidos por ANAR, más de 5.400 corresponden a víctimas de abuso sexual en sentido estricto, 121 a prostitución, 168 a pornografía y 583 a casos asociados con nuevas tecnologías que están actualmente en auge.  

Estas tecnologías relacionadas con abusos sexuales son grooming, sexting y pornografía. La tecnología está presente en 1 de cada 5 casos de abuso sexual a menores y en 1 de cada 3 cuando la víctima es adolescente, entre 13 y 15 años, según el informe de ANAR.  

El sexting es la difusión, revelación o cesión a terceros de imágenes o grabaciones de una persona sin su autorización que afecten gravemente a su intimidad. Un ejemplo habitual es el envío de fotografías íntimas a través de WhatsApp o redes sociales de forma consentida por el remitente. El problema comienza cuando la persona destinataria del contenido reenvía el mismo a terceras personas sin el consentimiento de la primera persona que ha enviado el material.  

El Código Penal establece una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses para el autor del delito. En numerosas ocasiones una de las consecuencias del sexting es el ciberacoso (acoso o intimidación por medio de las tecnologías digitales).  

Logo de la Fundación ANAR. 

Otro delito cometido a través de la tecnología es el groomingEsta situación se produce cuando un adulto contacta con un menor a través de Internet, teléfono o redes sociales y le trata de controlar emocionalmente hasta ganarse su amistad con el fin de que le satisfaga sexualmente.  

Este engaño puede llegar a introducir al menor en el mundo de la prostitución infantil o en la producción de material pornográfico. En este caso, el Código Penal castiga a los autores con penas de hasta tres años de prisión.  

Los casos de sexting han aumentado un 25% y los de grooming un 36,7% en los últimos cinco años. Las víctimas son adolescentes en más de un 84% y en su mayoría son mujeres, solo hay una víctima hombre por cada cuatro mujeres. En el sexting el agresor suele ser también menor de edad y en más de un 30% es el novio o pareja.  

En cuanto al grooming, el 100% de los agresores son adultos y no tienen ninguna relación con la víctima. Cabe destacar que en casi un 90% no se produce violencia física.  

Una de las formas propuesta por ANAR para evitar este tipo de situaciones es que los progenitores tengan una mejor supervisión del uso que hacen sus hijos de los dispositivos tecnológicos. La Fundación afirma que “los niños/as de edades precoces no están preparados emocionalmente para entender contenidos o imágenes inadecuadas como la pornografía, y pueden desarrollar conductas de riesgo con sus iguales”.  

Como conclusión, ANAR afirma que, “en las consecuencias del abuso sexual, no hay diferencias en los casos donde hay presencia de tecnologías”. Entre las niñas y adolescentes destacan los cambios bruscos de conducta y ánimo y entre los varones, conducta agresiva, conocimientos sexuales no adecuados para su edad y conductas sexuales explícitas.  

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