18 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

La UNIR empleará un sistema que utiliza la cámara del ordenador para ver en todo momento qué hacen los estudiantes a la vez que registra su historial

El reconocimiento facial en los exámenes 'online' provoca la indignación de los alumnos: Privacidad contra tecnología

Un aula.
Un aula.
La abogada Maite Pozo explica a ElCierreDigital.com los aspectos legales del nuevo sistema de exámenes online ofrecido por la Universidad Internacional de La Rioja, que ha provocado la indignación entre sus alumnos, que sienten que sus derechos de protección de datos se ven vulnerados debido a la necesidad del programa de acceder a los datos de sus ordenadores.

Mantener el derecho a la privacidad en la era digital parece cada vez más complejo y desafiante. Pues si bien la tecnología avanza sin freno, innovando y buscando continuamente soluciones para dar respuesta a las nuevas necesidades de la sociedad, a menudo los creadores de todos esos softwares y herramientas que nos hacen la vida más fácil parecen olvidar uno de los derechos fundamentales de cualquier persona: el de la privacidad.

De ahí que la confrontación entre ambos conceptos se haya convertido en un debate eterno que se aviva cada vez que aparece un nuevo sistema que hace dudar sobre dónde están (o deberían estar) los límites.

En este caso, la polémica se ha reabierto con respecto a los sistemas de supervisión y vigilancia de exámenes online que se han puesto de moda en el último año en universidades y centros educativos de nivel superior para garantizar la continuidad de los estudios en tiempos de pandemia.

Aunque esta problemática ya dio que hablar hace unos meses en EEUU, dos centenares de alumnos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) se han movilizado en los últimos días para evitar que el rectorado introduzca en el centro una nueva metodología avanzada de vigilancia conocida como proctoring.

Una clase universitaria. 

Este sistema de monitorización emplea la cámara del ordenador del alumno para ver en todo momento lo que hace a la vez que registra el historial web y el escritorio, con el fin de registrar todas las acciones que se realizan durante el tiempo que dura el examen.

Para ponerlo en funcionamiento, es necesario que los estudiantes instalen previamente el software en su ordenador que activará el funcionamiento del reconocimiento facial, lo que permitirá verificar su identidad.

A partir de ahí, el programa monitoriza su cuerpo y lo observa durante toda la prueba siguiendo de cerca todos sus movimientos registrando hacia dónde mira, si se levanta, si hay más personas en la habitación, etc.

En el caso de que detecte algún gesto o movimiento sospechoso, el sistema alertará al profesor, que podrá acceder a la grabación íntegra en cualquier momento que desee para ver qué ha sucedido y determinar si finalmente el alumno ha copiado o no.

Pero ¿cómo es posible que un programa perciba todo esto con tanto detalle?

Pues gracias a una combinación de aprendizaje automático, inteligencia artificial y biometría (lo que incluye el reconocimiento facial y el seguimiento ocular), el software es capaz de detectar hasta el más mínimo movimiento. Y, por otra parte, a través del centro algorítmico puede acceder a todo lo que sucede en el ordenador, a nivel interno, mientras realiza el examen.

Y todo esto es lo que los alumnos de la UNIR quieren evitar ya que lo consideran un sistema invasivo y un asalto a su derecho a la privacidad. La misma lucha que se inició hace un tiempo en EEUU contra un método de supervisión que consideran molesto y entrometido no solo por la falta de confianza que implica hacia los alumnos, sino por la obligación de tener que dar acceso a ciertos espacios de su intimidad para poder realizar un examen. 

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