29 de enero de 2023
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FIN DE SEMANA

Samsung y su publicidad engañosa

La multa de 14 millones de dólares que un tribunal federal australiano impuso a Samsung por publicidad engañosa es una nimiedad para una de las mayores compañías del mundo, pero supone un duro golpe a su reputación en uno de los mercados más importantes.

El juez Michael Murphy aprobó la sentencia tras tres años de litigio entre Samsung y la Comisión Australiana de Competencia y Consumo (ACCC).

La autoridad reguladora alegó que la compañía había engañado al público diciendo que varios de sus modelos eran sumergibles cuando no era así.

Tras una dura batalla, la condena representa una victoria para los derechos de los consumidores australianos.

 

El proceso

 

El impulsor de la demanda fue la ACCC. Las agencias nacionales de consumo desempeñan un papel muy importante en la defensa de los derechos de los consumidores. Si te registras en un sitio web porque permite acceder a contenido premium durante un periodo de prueba o porque ofrece una promoción especial, como los bonos sin depósito de los casinos online, estos organismos se aseguran de que recibas lo que has contratado.

Lo mismo puede aplicarse a las campañas publicitarias: si una empresa engaña a la gente para que adquiera un producto o servicio, las agencias nacionales se ponen en marcha. En Australia, esta situación se dio en 2019, cuando la ACCC demandó a Samsung por afirmar que siete de sus modelos eran sumergibles.

El caso se centró en más de 300 anuncios emitidos desde febrero de 2016 en los que, según la ACCC, Samsung «engañó a los consumidores» al afirmar que sus dispositivos podían sumergirse hasta 1,5 metros durante 30 minutos.

Los anuncios aparecieron en diversos medios, incluidas redes sociales, televisión y vallas publicitarias, y mostraban a gente usando el móvil en la playa y la piscina. En uno de ellos, un hombre utilizaba un teléfono Samsung desde una colchoneta inflable, mientras que en otro el dispositivo se usaba directamente debajo del agua.

La ACCC dijo en su día que Samsung no había sometido sus productos a suficientes pruebas para realizar tales afirmaciones y que había rechazado reclamaciones de garantía de gente a la que se le había estropeado el teléfono por culpa del agua.

Samsung respondió que seguía manteniendo lo que afirmaba su campaña de publicidad, ya que ofrecía soluciones gratuitas a los consumidores según lo establecido en la ley australiana de consumo.

Por aquel entonces, las partes desconocían que el proceso judicial duraría tres años, pero la pandemia de la COVID-19 demoró tanto el caso que la sentencia no se dictó hasta junio de 2022.

 

En qué se basó la sentencia

 

El caso se redujo a un problema específico que experimentaban los teléfonos Samsung al ser expuestos al agua. La abogada de la ACCC, Caryn Van Procter, lo definió como «daños por corrosión en el puerto de carga del teléfono».

Cuando los usuarios ponían el teléfono a cargar, el agua alojada en el puerto provocaba que este se dañara, a pesar de que la compañía sostenía lo contrario.

Según Samsung, el dispositivo emitía una luz de advertencia cuando esto sucedía, pero incluso este hecho contradecía a los anuncios, que contribuyeron a que se vendieran unos tres millones de unidades.

El juez aprobó el pago de 14 millones acordado entre ambas partes aduciendo que muchos clientes habrían confiado en los anuncios a la hora de adquirir y usar los teléfonos. Según Murphy, esta cantidad tendría un efecto disuasorio y sería justa teniendo en cuenta los ingresos anuales de Samsung Australia en los últimos seis años.

El juez criticó a la industria australiana de la publicidad en su declaración final, ya que, según él, hay demasiados casos sobre campañas de marketing fraudulentas. Además, Murphy reprendió a Samsung por haber hecho trabajar durante años a todas las partes implicadas para acabar aceptando una resolución pactada del caso.

 

La reputación de Samsung

 

La multa no tendrá ninguna repercusión financiera para Samsung, cuyos beneficios globales en 2021 superaron los 30 000 millones de dólares, pero puede afectar a su reputación en un mercado clave.

La sentencia es una prueba oficial de que la campaña de marketing de Samsung era engañosa, lo cual es un pecado capital en un mercado tan competitivo como el de la telefonía móvil.

Dicho esto, en un mundo como el que vivimos, donde todo evoluciona tan rápido, puede que los consumidores australianos olviden pronto tal controversia. Sin duda, Samsung espera que así sea, ya que pugna con Apple por liderar el mercado global de teléfonos móviles.

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