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Un hombre con gafas y traje aparece junto al logotipo de la Asociación Sosdesaparecidos.
SUCESOS

La historia de SOSDesaparecidos, contada por su presidente Joaquín Amills

La asociación SOSDesaparecidos, a través de uno de sus fundadores y portavoz, habla de su esencia solidaria

No somos una ONG. Tampoco somos una fundación.

Y no lo decimos como un detalle sin importancia: lo decimos porque eso nos diferencia profundamente.

Las ONG suelen contar con subvenciones, financiamiento externo, acuerdos institucionales y estructuras que muchas veces responden, aunque sea parcialmente a intereses políticos, empresariales o estratégicos.

Las fundaciones, por su parte, nacen generalmente a partir del capital o patrimonio de una persona o entidad, y operan bajo objetivos definidos por quienes las crean, lo que también puede condicionar su rumbo.

¡Nosotros no!

Somos una asociación ciudadana independiente, sin subvenciones, sin fondos externos, sin ataduras con entidades, empresas ni gobiernos.

No tenemos compromisos con ninguna entidad económica ni política que condicione nuestras decisiones o prioridades.

Nuestra única lealtad es hacia las familias que sufren una desaparición, la pérdida de una vida y hacia la verdad que merecen conocer.

No tenemos patrimonio ni estructura financiada.

¡Tenemos alma!

Y eso, aunque no figure en un presupuesto, es lo que verdaderamente nos mueve.

Nos sostenemos con el esfuerzo y la convicción de quienes la integramos.

Nadie nos financia. Nadie nos protege. Nadie nos marca el camino.

Lo hacemos todo con lo puesto, desde nuestras casas, con nuestros teléfonos personales, nuestros ordenadores, en nuestros ratos libres, si es que se les puede llamar así, dejando a un lado muchas veces nuestra salud, nuestras familias y nuestro descanso.

Porque cuando una familia llama desesperada porque su ser querido ha desaparecido, no preguntamos de qué partido son, ni de qué clase social vienen, que religión tienen y su color de piel, y jamás si pueden pagar algo.

Preguntamos cómo podemos ayudar. ¡Y actuamos!

Cuando se trata de buscar a un desaparecido, de acompañar a una familia rota por el dolor ante la perdida de una vida, de sostener a una madre que no puede respirar del miedo, no hay tiempo para trámites ni para estrategias institucionales.

¡Ahí solo hay corazón!

¡Solo hay humanidad!

Y eso, aunque no se vea, es lo que nos mantiene en pie.

No tenemos recursos. No tenemos respaldo institucional.

Y, aun así, somos un equipo de más de 60 personas voluntarias, que se entrega cada día con una fuerza y una dignidad que no caben en ninguna estadística, más de 300 acuerdos de colaboración altruista con otras entidades.

Dejamos a un lado nuestras vidas personales para atender a quienes están al borde del abismo emocional.

Y lo hacemos sin esperar nada a cambio.

Ni un salario, ni una mención, ni un reconocimiento.

Lo hacemos porque sabemos que si no estamos nosotros… no hay nadie más.

Desde la humanidad, la solidaridad y el compromiso social, acompañamos cuando todo el mundo se ha ido.

Acompañamos cuando el foco mediático ya se apagó, cuando la justicia se estanca, cuando las instituciones cierran sus puertas, cuando el sistema responde con un “no se puede hacer más”.

¡Ahí entramos nosotros!

Con un “sí, se puede seguir buscando”.

Con un “yo te escucho”.

Con un “no estás sola”.

Cada logro, cada pequeño avance, cada protocolo que se mejora, cada familia que encuentra una respuesta, aunque sea dura es fruto de un equipo que trabaja desde el corazón.

No lo hacemos porque podemos. Lo hacemos porque no podemos mirar para otro lado.

Y eso, justamente eso, es lo que nos diferencia.

Eso es lo que molesta a quienes están acostumbrados a ver la ayuda como un negocio, como una estrategia, como una oportunidad de figurar u otros turbios intereses.

Nosotros no vendemos humo.

No prometemos lo que no podemos cumplir.

Y jamás usaremos el dolor ajeno como una oportunidad de protagonismo ni como herramienta para alimentar egos o beneficios personales.

El dolor no se usa. ¡El dolor se respeta!

Y con eso, no se juega.

Nos indigna profundamente que intenten proyectar en nosotros las intenciones que algunos sí tienen.

Pero no vamos a nombrar instituciones ni personas.

No vamos a caer en la mediocridad de darles visibilidad, ni en la bajeza de responder provocaciones públicas que solo buscan eso: llamar la atención y desviar el foco de lo verdaderamente importante.

Quien se sienta aludido sabrá por qué.

Nosotros no necesitamos señalar a nadie.

Las acciones hablan solas.

Sabemos perfectamente que hay quienes provocan esperando una reacción de este lado.

Y les avisamos con total claridad: no vamos a caer en esa maniobra.

No vinimos a este mundo a jugar sus juegos.

Y mucho menos vamos a hacerles el favor de entrar en un debate sucio que solo beneficia a quien necesita visibilidad, porque carece de verdad y de coherencia.

Porque además de tener un enorme corazón, una gran humanidad y una entrega real al dolor del otro, tenemos inteligencia.

Y esa inteligencia no solo nos sostiene emocionalmente: es también nuestra herramienta de trabajo.

Gracias a ella, podemos distinguir claramente entre un ataque y una intención.

Y también sabemos cuándo el silencio es más valiente que cualquier réplica.

Por eso, a quienes se empeñan en sembrar dudas, les decimos: ya saben perfectamente que nos referimos a ustedes.

Y si les molesta nuestra claridad, nuestra coherencia y nuestra presencia, lo sentimos mucho.

Nosotros vamos a seguir.

Con la frente alta y el corazón intacto.

Nuestra bandera es la verdad.

Nuestro motor es la empatía.

Nuestro escudo es la coherencia.

Y nuestro camino es uno solo: el del respeto por quienes desaparecieron, por quienes no tienen voz, por quienes buscan, por quienes lloran, por quienes aún esperan.

No somos perfectos, ¡pero sí somos honestos!

No somos poderosos, ¡pero sí somos firmes!

No tenemos respaldo económico, pero tenemos algo que no se compra, no se gestiona, y no se puede fingir:

¡la confianza genuina de quienes acuden a nosotros en el peor momento de su vida!

Y eso, no tiene precio.

Eso no se consigue con dinero, ni con marketing, ni con alianzas.

Eso se gana a pulso, con años de entrega, con humanidad, con presencia verdadera.

Por eso no aceptamos que se nos compare con quienes hacen de la solidaridad un espectáculo, una excusa o un escalón hacia otras ambiciones.

Nosotros no estamos aquí por estrategia.

Estamos aquí por conciencia.

No nos mueve el interés.

Nos mueve la verdad.

Nos mueve la sensibilidad humana.

Nos mueve la responsabilidad ética de no mirar hacia otro lado.

Nos mueve el compromiso real con la vida y la dignidad de las personas.

Y eso lo sostenemos con cada paso, con cada búsqueda, con cada abrazo y con cada verdad que se logra poner sobre la mesa.

Como presidente de esta Asociación, quiero dejar algo bien claro:

¡no se toca a quien está entregando su vida por esta causa!

Quienes forman parte de este equipo no están aquí por conveniencia, ni por beneficio personal.

Están aquí dando lo que no tienen. Regalando lo que muchas veces a ellos mismos les falta.

Sosteniendo a otros mientras ellos mismos están heridos.

Hemos tenido miembros que, recién salidos de una cirugía, convalecientes de una intervención médica delicada, se han sentado frente al teléfono, han seguido gestionando casos, cuidando protocolos, conteniendo familias, sin decir una palabra, sin pedir nada a cambio.

Eso, no se entrena ni se aprende

¡Eso es vocación!

Eso es humanidad pura.

También hay quienes llevan una silla vacía en su propia mesa de fin de año.

Una silla que jamás volvió a ocuparse.

Y aun así, en medio de esa ausencia, de ese silencio, se han levantado de la mesa familiar para atender llamadas de otros que atraviesan el mismo dolor.

No porque puedan.

Porque no pueden no hacerlo.

Eso dignifica nuestra tarea.

Eso es lo que enaltece esta causa.

Eso es lo que representa el verdadero valor de esta Asociación.

Y yo, como presidente, no solo agradezco profundamente esa entrega…

me comprometo a protegerla.

A cuidar a cada miembro como se cuida a un hijo, a un hermano, a una familia.

Porque eso somos.

Una familia que ha decidido, desde hace 15 años y desde lo más profundo del alma, transformar su dolor en ayuda, en contención, en esperanza para otros.

Por eso, también digo con claridad:

no voy a permitir que nadie dañe, cuestione o ensucie a quienes sostienen con tanto coraje y tanta dignidad este trabajo.

Nadie tiene derecho a pisotear esa entrega.

Y el solo intento de hacerlo nos encuentra firmes, de pie, y más unidos que nunca.

Y si eso incomoda, que incomode.

Si eso molesta, que moleste.

Pero no vamos a cambiar.

Cambiar sería traicionar la esencia de esta Asociación.

Sería traicionar la memoria de quienes buscamos.

Sería traicionar la confianza de quienes nos abren sus puertas con el alma rota.

Sería traicionar a las familias a las que acompañamos…

familias que ya han sufrido demasiado como para encima tener que soportar las miserias de otros.

Nosotros sí entendemos lo que es sostener desde el silencio.

Lo que es dar sin esperar.

Lo que es quedarse cuando todos se van.

Lo que es escuchar el grito desesperado de una madre a las tres de la madrugada…y responder, sin mirar la hora.

Por eso estamos aquí.

Y por eso vamos a seguir estando.

Aunque cueste.

Aunque duela.

Aunque no se vea.

Aunque no se entienda.

Y aunque —en el peor de los escenarios, que ni esperamos ni creemos posible— llegara a ganar ese sector de la sociedad que busca dañarnos, desacreditarnos o debilitar el valor de esta causa… incluso entonces, vamos a ¡seguir defendiendo la verdad!

Porque si alguna vez esta Asociación dejara de existir formalmente, que quede claro: nuestros principios seguirán intactos., nuestros valores seguirán firmes.

Y el respeto profundo por lo que representamos ¡jamás se pondrá en venta!

Porque quien no defiende la verdad, colabora con la mentira.

Y quien debilita el derecho humano a saber, a conocer, a encontrar…está dañando a toda la sociedad. No solo a quienes sufren una desaparición, sino también a quienes aún no la han vivido, pero podrían enfrentarla.

Cuando la verdad se silencia, no se empobrece solo una familia: se empobrece una comunidad entera. Se apaga la luz del futuro.

Se erosiona la humanidad misma.

Y eso no lo vamos a permitir.

No mientras tengamos una voz.

No mientras exista alguien dispuesto a seguir buscando.

Esto no es una moda.

Esto no es una postura.

Esto no es una campaña.

Esto es una causa.

Esto es una verdad.

Esto es una decisión de vida.

Y esto es lo que somos.

Y lo que siempre vamos a ser.

Joaquin Amills Bonet

Presidente Asociación Sosdesaparecidos.

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