20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Un grupo de miembros de la llamada brigada secreta formó una organización ilegal dentro del cuerpo para llevar a cabo atracos en joyerías

Treinta y cinco años de la desaparición de ‘El Nani’, el joven delincuente torturado por una mafia de policías corruptos

Santiago Corella, alias 'El Nani'
Santiago Corella, alias 'El Nani'
"Canta, Nani, canta. ¿Dónde está el oro?", le gritaban los policías mientras lo torturaban. Hoy se cumplen 35 años de la desaparición de Santiago Corella Ruiz, más conocido como ‘El Nani’, el joven delincuente cuya muerte y desaparición sacó a la luz un grave caso de corrupción en la Policía Nacional. En "El Cierre Digital" contamos su historia

Un grupo de miembros de la policía secreta formó una organización mafiosa dentro del cuerpo para llevar a cabo diferentes atracos a joyerías. Ellos no participaban directamente en el golpe, sino que lo planeaban y luego se lo encargaban a delincuentes comunes. Si la operación se saldaba con éxito, los policías corruptos se quedaban con la mayor parte del botín obtenido y si el atraco podía salir a la luz por culpa de testigos incómodos, éstos eran eliminados.

Atracadores "de poca monta" eran los encargados de perpetrar los asaltos ordenados por la trama mafiosa policial formada por más de treinta agentes que querían enriquecerse a sabiendas de su poder. La pieza clave en todo este entramado era el gemólogo santanderino Francisco Venero Herrero, quien les facilitaba información y armas. Cuando los delincuentes daban el golpe, entregaban la mercancía a Venero Herrero, encargado de fundir el metal en lingotes para venderlo junto con las alhajas y sortijas. El beneficio por la venta del botín se repartía entre el gemólogo y los policías, mientras que los ladrones sólo recibían una pequeña compensación.

Nani se introduce en la red mafiosa

Por un confidente, Nani llegó a ser reclutado para trabajar en este peligroso negocio que le costaría la vida. En uno de los encargos que le encomendaron, se hizo con 48 kilos de oro que una joyería de Benafarces (Valladolid) guardaba en un almacén. De todo el botín, Corella sólo entregó 8 kilos a Venero y el resto los enterró cerca del lugar del atraco, como confesaría después, con la intención de poder venderlo más adelante. Lo que no entraba en los planes de Nani era la traición de su compinche, Ezequiel Gutiérrez Echevarría, que le había ayudado a esconder el oro.

El joyero intermediario de la organización corrupta contrató un seguro a todo riesgo para su establecimiento y protagonizó un autogolpe poco después del atraco en Valladolid. Así, el Nani y su banda irrumpieron en el establecimiento y se llevaron una buena fortuna. Venero reconocería posteriormente que montó el falso atraco tras recibir presiones constantes de los policías Antonio Caro y Miguel Bercianos, cuyas ansias por obtener más riqueza no cesaban. Con esto querían apresar cuanto antes a los que protagonizaron el asalto en Valladolid para conseguir el oro escondido.

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Nani fue detenido en el año 1981 y confesó que había ocultado el oro en una zona próxima a la joyería vallisoletana donde dio el golpe. Algunos de los funcionarios corruptos de la Policía acudieron con excavadoras y removieron Roma con Santiago sin obtener ningún resultado. Gutiérrez Echevarría aprovechó la detención de su cómplice y su estancia en prisión para desenterrar el botín y huir.

Con la victoria electoral del PSOE, José Barrionuevo, el nuevo ministro de Interior, quiso acabar con estos continuos delitos en los que ni se detenía a los autores ni se recuperaba lo robado. Las medidas llevadas a cabo por el nuevo ministro llevaron a que los delincuentes empezaran a caer presos o muertos a manos de los grupos antiatracos de Madrid, Bilbao y Santander, justo los grupos que estaban implicados en la red mafiosa. Como es lógico, el botín casi nunca se recuperaba o simplemente se rescataba una pequeña parte.

Detención  y tortura

En agosto de 1983, Corella salió de prisión y se reunió con Venero en la capital cántabra. Allí, el intermediario le propuso realizar un atraco a la joyería madrileña Payber, situada en la calle Tribulete, junto a la plaza de Lavapiés. Para llevar a cabo el plan, habló con dos secuaces, a los no pudo convencer para el atraco, por lo que se echó atrás. Tres individuos asaltarían el establecimiento dos meses después, llevándose productos por valor de seis millones de las antiguas pesetas y matando de un disparo en el corazón al propietario del comercio, Pablo Perea Ballesteros.

El único testigo del suceso fue un empleado de la tienda de sortijas y alhajas, Juan Sánchez Gómez. Cuando la Policía le mostró cuatro fotografías, con la indicación de que en una de ellas estaba el autor del palo, este señaló la del Nani. Más tarde declaró que no existió esa rueda de reconocimiento, sino que únicamente le enseñaron la foto de Corella.

Eso bastó para que cinco agentes irrumpieron en su vivienda con pistola en mano y lo detuvieran junto a su mujer, Soledad Montero, ambos de 29 años, y sus hermanas Inmaculada, Lourdes y Concepción. También arrestaron a su amigo Ángel Manzano, junto con su esposa, Concepción Martín.  Los detenidos fueron trasladados a las dependencias de la Dirección general de Seguridad (DGS.).

José Barrionuevo, el nuevo ministro del Interior con la victoria socialista, autorizó la aplicación de la legislación antiterrorista a Santiago Corella, al considerarle presunto miembro "de una banda armada y organizada dedicada a la comisión de delitos que inciden gravemente en la seguridad ciudadana", una ley que permitía incomunicar a los detenidos.

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Soledad Montero, esposa de 'El Nani' y sus hijos

Los policías corruptos buscaban el oro que se había llevado en el atraco de Valladolid, motivo por el cual le cargaron un robo con asesinato, que no había cometido, para forzarle a confesar. El interrogatorio fue sangriento y concluyó con la muerte de Corella. Sus familiares detenidos oyeron los gritos de dolor, desde los despachos contiguos, que intentaban ocultarlos si se elevaban demasiado subiendo el volumen de una radio. Lo que no pudieron camuflar fueron sus propias voces, varias veces se escuchó: “Canta, Nani, canta. ¿Dónde está el oro? ¿Dónde está el colorao?”.

El otro detenido tuvo un recibimiento parecido en la sala de interrogatorio. Le colocaron un casco y le golpearon incesantemente, técnica conocida como la tortura de “la mesa”. Tuvo que ser trasladado al Hospital Provincial, donde se le operó de urgencia. Pero antes pudo ver como dos policías arrastraban a su amigo hasta el calabozo en un estado físico lamentable. "Iba quejándose y apenas podía andar". Javier Folner, un testigo del caso, vio como un par de agentes uniformados en la Puerta del Sol sacaban al detenido en volandas "ya que, aunque caminaba, la sensación era de no hacerlo por sus propios medios". Tenía hematomas en el rostro, sangre en las cejas y los labios partidos. No se podía ver el resto del cuerpo, cubierto con un mono azul de mecánico.

En torno a la una de la madrugada, el comisario responsable del Grupo de Antiatracos de la Policía Judicial, Francisco Javier Fernández Álvarez, el inspector Victoriano Gutiérrez Lobo, El Guti, jefe del Grupo III Antiatracos a Joyerías, y el inspector Francisco Aguilar González se lo llevaron hacia un descampado junto a la carretera de Canillejas a Vicálvaro. Según su versión, el objetivo era recuperar una pistola y una escopeta de cañones utilizadas en el atraco e identificar a la persona que vendió las armas.

Los tres policías bajaron del vehículo junto al detenido, quien aprovechó un descuido para empujar a uno de ellos y salir corriendo, consiguiendo escapar. Sin embargo, los agentes no le persiguieron, y tampoco efectuaron un disparo al aire a modo de aviso, simplemente comunicaron la huida por radio tres horas después. Numerosos efectivos se desplazaron al lugar del suceso, pero no lograron dar con el paradero del fugitivo. La desaparición fue transmitida por télex a todas las comisarías once horas más tarde y a Interpol fue comunicada medio año después.

Mentiras e irregularidades

La mentira sobre el proceso se caía por sí sola. La versión de los vecinos que estuvieron presentes cuando ocurrieron los hechos contradecían con el supuesto modo y la hora de la detención de los sospechosos. Las firmas del Nani, tanto la consignada en el atestado como la de su supuesta declaración, eran falsas. A alguien le traicionó el subconsciente y trazó en el libro de los calabozos, en el apartado de Santiago Corella, la inscripción RIP, que posteriormente fue borrada con corrector blanco.

Después de siete meses de lucha denunciando su desaparición, la esposa y las hermanas de Corella consiguieron llevar su denuncia a un redactor de Diario 16, Gregorio Roldán, y el caso salió a la luz pública. La trama mafiosa policial no estaba dispuesta a ceder y hubo una serie de amenazas de muerte en su entorno de delincuentes para evitar que nadie hablara. Fernández Álvarez y Gutiérrez Lobo le vendieron una pistola por 100.000 pesetas a Venero para dársela a Manzano. Este estaba hablando demasiado a la prensa sobre la desaparición de su amigo y las torturas que padecieron en los calabozos, por lo que querían librarse de él.  Venero tenía que proponer a Manzano un atraco en Pamplona.  Manzano decidió dar el golpe, pero, al llegar a la joyería en cuestión, algo le dijo que era una encerrona al ver que se encontraba ubicada en una primera planta.

Manzano solicitó testificar ante el juez. Entregó la pistola al tribunal el día del juicio, que fue la principal prueba contra los funcionarios que acabaron con el Nani. Venero declaró en sede judicial que había oído decir a los policías que "el Nani se fue con todo el colorao, pero que le habían dado matarile y estaba enterrado en cal viva". Después manifestaría que "murió de un infarto cuando lo interrogaban". "Me lo contó el Guti. Lo enterraron en Vicálvaro, cubriéndolo con dos sacos de cal viva. Uno de los que lo interrogaron me dijo: 'En estos momentos no se le reconoce ni por la dentadura'".

El amigo del desaparecido modificaría su versión cinco años más tarde afirmando que el paradero del cadáver había sido la finca de Jaime Messía Figueroa, vizconde de los Palacios de Valduerna, en la localidad cordobesa de Campo de Alto. Era bisnieto del primer conde de Romanones e hijo del duque de Tamames. Compaginaba su labor como agente de los servicios secretos del Estado con su colaboración junto a la mafia policial. Era el encargado de preparar e intermediar en la organización de asaltos de gran envergadura. Él solo planeaba, el trabajo sucio lo encargaba a otros. Contaba siempre con respaldo policial e incluso político. En el mundo del hampa lo denominaban el Lagarto.

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Cuando detuvieron a Gutiérrez Lobo por uno de sus secuestros, la Brigada Regional de la Policía Judicial le contactó. El aristócrata le propuso convertirse en su confidente. Tras lo del Nani preparó el atraco a una sucursal madrileña de Banesto, en la Plaza de la Lealtad, con la implicación de varios inspectores. Aunque fue apresado, su estancia en la cárcel a penas duró mes y medio.

Los policías enjuiciados basaron su defensa en que no había cuerpo y, por lo tanto, no podía existir delito. Andrés Martínez Arrieta, el magistrado titular del Juzgado número 4 de Madrid, desmontó la versión sobre la fuga de Santiago Corella, a pesar de los constantes impedimentos y trabas que se realizaron desde diferentes comisarías. Este magistrado recibió la denuncia presentada por la esposa, tras salir de la penitenciaría de mujeres de Yeserías, donde permaneció internada un par de meses, el tiempo que tardaron en dar con los verdaderos autores del atraco y homicidio en la joyería de Madrid.

El informe de Martínez Arrieta concluía que el detenido murió en comisaría. "Resulta extraño que, débil por las lesiones que padecía y adicto a sustancias estupefacientes, se escape de tres funcionarios en un terreno completamente llano", reflejaba el documento. Pese a ello, la Sala Cuarta de la Audiencia Provincial decidió archivar el caso.

Condenas y el misterio del cuerpo

Venero, que se convirtió en confidente de la Guardia Civil, tiró de la manta y denunció la organización y manejos de la mafia policial. Gracias a sus testimonios, se inició un juicio contra siete policías. El comisario Fernández Álvarez y los inspectores Gutiérrez Lobo y Aguilar González fueron condenados a penas superiores a 29 años por delitos continuados de falsedad y detención ilegal con desaparición forzada, así como de otras penas menores por torturas a su mujer y a Manzano. Los otros cuatro encausados, a los que la Fiscalía culpaba de haber participado en el interrogatorio y torturas al Nani, quedaron libres.

Posteriormente le cayeron más de cien años a Fernández Álvarez por la muerte de los atracadores José Luís Fernández Corroto, Feliciano Martín y Pablo Pardo. Estos dos últimos fueron acribillados a balazos cuando salían de asaltar una joyería en el número 16 de la madrileña calle de Atocha, mientras que el otro fue abatido en Móstoles un mes y medio después. Fueron defendidos por el controvertido letrado José Emilio Rodríguez Menéndez, muy relacionado con dichas tramas delictivas.

Luis Miguel Rodríguez Pueyo, cómplice de Messía en un par de raptos, declaró que este le había confesado que arrojó el cuerpo del Nani al embalse de Guadalén (Jaén). Tras la muerte por infarto del Corella, desde antiatracos le habían llamado para pedirle que se deshiciera del cadáver. Al poco el cuerpo sin vida de Nani fue trasladado por el Guti y otro policía desde la Puerta del Sol al Land Rover del aristócrata.

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Los policías condenados 

Los submarinistas de la Guardia Civil efectuaron una intensa labor de rastreo en dicha zona. Primero en Guadalén y después en Puente Nuevo y en Guadanuño (Córdoba). Estos dos últimos pantanos se encuentran cerca de una finca perteneciente a Messía, quien después de llevar a cabo un nuevo rapto, decidió poner tierra por medio. Cuatro órdenes de busca y captura no impidieron que viviera cómodamente en Miami, en el mismo lujoso complejo residencial en el que tenían inmuebles el secretario de Estado Rafael Vera y otros altos cargos ministeriales. Se la jactaba de la inmunidad que poseía al rodearse de gente a la que había servido, miembros de la "banda de Interior". Incluso presidía una compañía aérea. Fue descubierto por El Fígaro Magazine, siendo detenido e ingresado en un centro penitenciario de máxima seguridad.

El abogado de la acusación particular, Jaime Sanz de Bremond, vio concordancia política en la inmunidad que rodeaba a tal estafador de guante blanco. Primero con la UCD y después con el PSOE. "Hay que averiguar si ha habido más responsabilidades. Llama la atención que estuviera viviendo a sus anchas en el mismo edificio en el que tiene un apartamento Vera".

Fue extraditado a España, donde optó por el silencio. "Solo hay una persona en el mundo que sepa dónde está el Nani, y soy yo", aseguró tiempo atrás a la revista Interviú. En 1996, la jueza María Tardón archivó el sumario. Aunque sospechaba que estaba implicado en la desaparición, no pudo continuar por falta de pruebas.

A finales de 2010, Rodríguez Menéndez reconoció que "el detenido salió muerto de la DGS" y aseguró que estaba enterrado en Córdoba. Pidió a las personas que lo inhumaron que enviaran sus restos a la familia Corella. El caso nunca llegó a resolverse y no parece haber interés en ello.

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