25 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Desde su llegada a España se ha detectado un rápido aumento del consumo en todas las edades y solo se prohíbe su uso a menores de 13 años

El cigarro electrónico aprovecha el vacío legal para expandirse por España a costa de los consumidores más jóvenes

El cigarrillo electrónico o “vapeador” es un sistema electrónico de inhalación diseñado para simular o sustituir el tabaco tradicional, aunque su uso también es común en no fumadores. Actualmente se mantienen prohibido para menores de 13 años, pero algunos estados de Estados Unidos han comenzado a elevar la edad mínima y a subir los impuestos. En España, empresas como Juul han tenido un éxito importante durante el último año gracias a la publicidad.

Los cigarros electrónicos llegaron en forma de pipas o cigarros, ya que estaban destinados principalmente a reducir el consumo de tabaco. Por su riesgo, supuestamente menor para la salud que el cigarrillo, se han utilizado como mecanismos de reemplazo de nicotina. No obstante, este tipo de dispositivos también contienen el producto, pudiendo ser adictivos.

Desde su llegada a España, el uso ha sido bastante exitoso. La revista científica Gaceta Sanitaria  publicó un estudio en el que identificó un rápido aumento del consumo de este tipo de productos en jóvenes, así como un alto consumo dual entre los “vapeadores” y los cigarrillos comunes.

Según La Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV), en 2018 había un total de 562.500 consumidores de vapeadores en España. Ese mismo año se facturo cerca de 88 millones de euros en productos relacionados al cigarrillo electrónico. Esto implicaría que desde 2014, año en que se aprobó la directiva europea que regula los cigarros electrónicos, el sector ha mantenido un crecimiento sostenido de 25% anual en España.

Arturo Ribes, presidente de la asociación, ha asegurado que "Este año 2019 también se está produciendo un crecimiento sostenido en el número de usuarios”.

Aunque las cifras ofrecidas por las empresas del sector prueban cómo es posible limitar el consumo de nicotina y sustituir el tabaco común a través de estos dispositivos, La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), que no es un método para dejar de fumar, ya que “su uso es perjudicial para la salud” y es una puerta para “la adicción al tabaco”.

Más de medio millón de españoles vapean.

Asociaciones como California Sin Tabaco ha denunciado las estrategias de marketing utilizadas por las empresas de e-cigar para venderse como una alternativa al tabaco, siendo igual de dañinos. La organización asegura que “los ingredientes del  líquido de un cigarrillo electrónico, como el propilenglicol y los agentes saborizantes, inflaman el sistema respiratorio, que provoca el desarrollo de cáncer y enfermedades pulmonares obstructivas crónicas”.

Desde la asociación añaden que lo preocupante de la exposición la nicotina: “Algunas marcas de cigarrillos electrónicos ofrecen la posibilidad de combinar tu propio e-líquido, situación en la que uno maneja la nicotina líquida y se expone a los químicos del líquido. Eso es muy peligroso”.

Además, los efectos son nocivos sobre las personas que conviven con vapeadores. Según el Hospital General Infantil de Massachusetts,  los consumidores de este tipo de productos son más propensos a utilizarlos en lugares como el hogar y vehículo particular ante la presencia de menores de edad. El estudio de la institución considera que la percepción de seguridad que ofrecen las empresas, hacen que los padres se despreocupen de utilizar este tipo de sustancias nocivas para los fumadores pasivos.

Jull avanza con fuerza en España

Hace poco más de tres meses, la firma de cigarros electrónicos Jull, del empresario americano Adam Bowen, llegó a nuestro país. Desde entonces, la sede de la firma no ha parado de crecer. En ese periodo ha alcanzado 3.100 estancos y espera llegar a los 6.000 a cierre de 2019. A demás, esta marca está disponible en más de 100 tiendas online.

Hasta ahora las ciudades de mayor éxito han sido Madrid y Barcelona, por el tamaño, y Baleares por la cantidad de turistas que la visitan. El creador Adam Bowen, se ha conocido por liderar la defensa de este nuevo instrumento. “Estamos ante la mayor oportunidad para mejorar la salud pública en el último siglo“. Bowen está convencido de que su producto es una gran forma de dejar el tabaco tradicional.

Algunos expertos han ligado el éxito de Jull a una explosión de nuevos consumidores, especialmente personas jóvenes. No obstante, el presidente de la firma ha negado estos argumentos: “Compartimos la preocupación, pero encontramos un poco ofensiva esa idea de que hemos desarrollado nuestro mercado vendiendo a menores de edad” ha asegurado.

En España la venta continúa regulada, para poder adquirir el producto online es necesario subir una foto del DNI para asegurarse de que el cliente cumple con el requisito de ser mayor de edad. A demás, en la entrega del producto se vuelve a verificar para asegurarse de que sea la misma persona que lo solicitó quien la recibe. Según el portavoz de la empresa en España este mecanismo dificulta las ventas en internet, pero se encuentran dispuestos a asumir las perdidas mientras se obtenga un crecimiento sólido.

Jool tiene como aspiración llegar al 6% del mercado del tabaco como ocurre en Estados Unidos, no obstante, en sus tres meses aún está lejos de alcanzar la cuota de los 600 millones de euros.

No hay legislaciones claras

En España se cumplen las leyes de regulación de cigarrillos electrónicos de Europa, pero como en otros ámbitos, los tiempos parlamentarios parecen no asumir la velocidad de un mundo tecnológico que se desarrolla cada vez con más velocidad y más innovación. Sobre el uso de estos dispositivos en sitios públicos las normas no disponen de muchas limitaciones.

La legislación es menos restrictiva con los vaper.

Según explican empresas del sector, en España está totalmente prohibido utilizar dispositivos de nicotina en los centros y dependencias de las Administraciones públicas y entidades de derecho público; establecimientos sanitarios;  centros docentes y formativos, salvo universitarios en espacios abiertos;  transporte público; y parques infantiles.

En cuanto a espacios cerrados no existe una regulación clara; no obstante, varios locales de la capital han comenzado a prohibir el uso de este tipo de dispositivo en espacios interiores como si se tratase de cigarro común.

 

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