25 de junio de 2022
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FIN DE SEMANA

Después de una infancia en la que su padre le pegaba y su abuelo abusaba sexualmente de él, el estadounidense abusó y asesinó a más de 20 jóvenes

El pasado de Bonin, 'asesino de la autopista': Cogía a chicos en su camión, los violaba y mataba

William Bonin,
William Bonin, "el asesino de la autopista"
Tras vivir una infancia de agresiones, su padre le pegaba y su abuelo abusaba sexualmente de él, de adulto William Bonin se convirtió en el "asesino de la autopista". El joven tímido y del que sus compañeros de clase se metían por sus "dientes de conejo", asesino a más de 20 jóvenes de entre 12 y 19 años después de torturarlos y violarlos. Finalmente, fue condenado a la pena de muerte y falleció tras suministrarle la inyección letal en 1996. Esta es su historia.

William George Bonin, quien más tarde sería conocido como ‘el asesino de la autopista’, nació el 8 de enero de 1944 en Willimantic (Estados Unidos). Su infancia no fue nada fácil. Durante esta etapa fue víctima de las palizas de su padre, que era un veterano de guerra adicto al juego. Y cuando su madre, para evitar esto le, mandaba junto a sus hermanos a casa de su abuelo, el anciano abusaba sexualmente de sus nietos, especialmente de William.

A los seis años le internaron en un orfanato católico, como último intento de su madre de alejar a los niños de su padre, que cada vez se mostraba más violento y agresivo. Pero allí la vida de William tampoco fue un sueño. Sufrió castigos físicos por parte de los responsables del centro y abusos sexuales de otros chicos mayores que él.

Como consecuencia de estas agresiones, William se volvió una persona introvertida y hermética, y su única forma de expresar su rabia era cometiendo delitos leves. Su primera detención se produjo a los diez años por robar matrículas de coche. Aquello le llevó a un centro de detención de menores donde fue abusado sexualmente por su tutor.

Cuando William volvió a vivir con su familia, su padre perdió la casa apostando y tuvieron que mudarse a Downey (EEUU), donde el joven tampoco consiguió integrarse y sus compañeros de instituto se metían con él por su aspecto físico.

William comenzó a desarrollar una parafilia sexual hacia otros niños durante la adolescencia, un interés casi obsesivo por la pedofilia, llegando a poner en práctica sus fantasías con otros menores del vecindario más pequeños que él.

Después de terminar el instituto, se alistó en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos pero fue expulsado en 1968 por violar a dos soldados a los que amenazaba con su pistola. Tras ello, decidió regresar a Connecticut, donde continuó con sus agresiones sexuales.

El año siguiente sus víctimas fueron cinco adolescentes, a los que ató y golpeó con una barra de hierro hasta dejarlos inconscientes para después violarlos. William fue catalogado como delincuente sexual con trastornos mentales y enviado al Hospital Estatal de Atascadero para someterse a un tratamiento psiquiátrico.

Según los informes, Bonin tenía un trastorno de sadismo sexual y una personalidad antisocial, además de rasgos de depresión maníaca. Pero en 1971 un examen psiquiátrico certificó que era consciente de sus actos y tres años más tarde la junta penitenciaria le dio la libertad considerando que “ya no sería un peligro para la gente”.

Sin embargo, catorce meses después William violó a un joven de 14 años, siendo condenado a 18 meses de cárcel. Una vez detenido, el depredador avisó a la policía de que la próxima vez no dejaría vivo a la víctima.

Un asesino en serie suelto

El 11 de octubre de 1978, William quedó en libertad y se mudó a un edificio muy próximo a su antigua casa familiar. En los primeros meses, se dedicó a ganarse la confianza de los adolescentes de la zona, comprándoles alcohol, y fue entonces cuando conoció a los que serían sus futuros cómplices en los crímenes que cometería más tarde.

William encontró trabajo de camionero y con el dinero que ganó se compró la furgoneta Ford en la perpetraría sus asesinatos. En este vehículo, el pederasta recogía a niños de entre 12 y 19 años que estaban haciendo autostop, conducía hasta un lugar alejado y, una vez allí, les agredía, les violaba y después les mataba.

William Bonin - IMDb

William Bonin, el "asesino de la autopista".

Entre 1979 y 1980, William asesinó a 21 chicos, a los que previamente había esposado o inmovilizado para someterlos a toda clase de métodos de tortura, tales como golpes con una barra de hierro, asfixia o estrangulamiento, retorcimiento de testículos, quemaduras de cigarrillos, etc.

El descubrimiento de tantos cadáveres hizo creer a la policía que se encontraban ante un asesino en serie que denominaron como “el asesino de la autopista” pero no consiguieron dar con él hasta que uno de sus compinches fue detenido, William Pugh, al ser cogido robando un coche. El joven desvió la conversación hasta señalar al camionero como autor del asesinato de varios niños.

La fiabilidad de los datos aportados por el confidente hizo que la policía montara un operativo de vigilancia al sospechoso y el 11 de junio lo cogieron in fraganti a punto de violar y estrangular a un joven de 15 años. Durante el registro de su furgoneta los agentes encontraron tres cuchillos, alambre, cuerda de nailon y una barra de metal con la que golpeaba y sodomizaba a sus víctimas.

Bonin fue juzgado y condenado por dos tribunales, el de Los Ángeles y el del Condado de Orange, por diez asesinatos y por otros cuatro respectivamente. El acusado “tenía un total desprecio por la santidad de la vida humana y una sociedad civilizada. Sádico, increíblemente cruel, sin sentido y deliberadamente premeditado. Culpable más allá de toda duda posible o imaginaria”, expresó William Keene, el juez, durante la lectura del veredicto en octubre de 1982, quien le impuso la pena de muerte por cámara de gas.

En agosto de 1983, el ‘asesino de la autopista’ volvió a ser condenado a muerte por el condado de Orange. El magistrado lo declaró culpable de “una conducta criminal monstruosa”. El día de su ejecución se fijó el 23 de febrero de 1996 y por inyección letal. Antes de morir, el asesino en serie nunca expresó remordimiento alguno por los hechos cometidos. Incluso llegó a explicar que: “No podía dejar de matar. Cada vez era más fácil”.

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