05 de marzo de 2021
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FIN DE SEMANA

El 13 de noviembre de 1992 Toñi, Desireé y Miriam desaparecieron y fueron torturadas, violadas y asesinadas por Ricart y Anglés, hoy aún fugado

Vuelve el Caso Alcásser 28 años después: Los huesos hallados el verano pasado corresponden a una de las niñas

Las niñas de Alcásser
Las niñas de Alcásser
El Caso Alcásser, posiblemente el más célebre de la crónica negra española, vuelve a la actualidad cuando están a punto de cumplirse 28 años de la desaparición de las tres niñas: Toñi, Desireé y Miriam. A ésta última pertenecen los restos óseos hallados hace un año por una fan de la serie de Netflix sobre el triple crimen. Los restos de cuatro falanges aparecieron en el paraje de La Romana donde fueron encontrados los tres cuerpos el 27 de enero de 1993, tras 75 días desaparecidas.

El triple crimen de Alcàsser es uno de esos asuntos que vuelven puntualmente a la actualidad de la España más negra. Ahora, cuando están a punto de cumplirse 28 de la desaparición de Toñi, Desireé y Miriam se confirma que los resto óseos hallados el año paso en la fosa de La Romana pertenecen a una de las tres menores asesinadas. En concreto a Miriam García. El ADN fue cotejado con el padre de la víctima, Fernando García, posiblemente el familiar más popular de las niñas por sumarse en su momento a la teoría de la conspiración junto al criminólogo Juan Ignacio Blanco.

“Los huesos son de mi hija. Me lo han dicho por escrito”, confirmaba García al diario levantino Las Provincias. Los cuatro trozos de falanges fueron hallados por un vecino de la localidad valenciana de Piles que paseaba por La Romana el lugar donde se encontraron enterrados los cuerpos de Toñi, Miriam y Desireé el 27 de enero de 1993, después de semanas de angustia.

Tras el descubrimiento de los huesos, este vecino los trasladó al cuartel de la Guardia Civil, donde se realizaron las primeras diligencias de investigación y de ahí se llevaron al laboratorio de criminalística de la Comandancia de Valencia y al IML, que determinó que eran humanos.

Tras extraer varias muestras de ADN, el Instituto de Medicina Legal de Valencia citó a la madre de Desirée y al padre de Miriam para recoger muestras de saliva con las que comparar. Posteriormente, y con retraso debido a la pandemia, el Departamento de Barcelona del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses confirmó que los restos pertenecían a Miriam, una de las tres niñas.

El caserón de Alcàsser 25 años después: aquí asesinaron a las niñas

La caseta de fueron violadas y torturadas las niñas. 

Fue la emisión, hace un año se encontraba reciente, del documental de Netflix sobre el triple crimen lo que animó al vecino en cuestión a acercarse a este lugar. No era nada nuevo, aunque parezca sorprendente. La serie de no ficción de la plataforma hizo que toda una generación descubriese un de los sucesos más siniestros de nuestra Historia reciente y el tratamiento mediático que se le dio en los años 90, recién nacidas las televisiones privadas y el turismo macabro en los escenarios del suceso se revitalizó visitándose incluso la caseta donde las tres niñas fueron torturas y violadas.

La aparición de nuevos restos no es ninguna novedad ya que en 2017 este juzgado ya remitió al Servicio de Criminalística de la Guardia Civil un diente, un premolar, hallado en las inmediaciones de la fosa, aunque entonces el deterioro de la pieza dental imposibilitó extraer información genética de la misma.

28 años de un crimen brutal

El asesinato de Toñi, Míriam y Desirée en 1992 pasará a la Historia como uno de los crímenes más atroces de la España del siglo XX. Sus dos autores probados, Miguel Ricart y Antonio Anglés, corrieron suertes diferentes. El primero fue detenido y condenado a 170 años de prisión, pero el segundo huyó y continúa en paradero desconocido, hasta el momento, a no ser que el doctor Frontela despeje pronto la incógnita.

 El caso es que Antonio Anglés nunca fue encontrado y está judicialmente cerrado, pero policialmente no completado. Hasta el momento, existen dos versiones probables extendidas sobre su paradero.

El 13 de noviembre de 1992 Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández hacían autostop para ir a la discoteca Coloor, de Picassent (Valencia), donde se celebraba una fiesta de su instituto. Tenían entre 14 y 15 años. Su amiga Esther Díez Martínez, una niña por entonces de 14 años, se libró del fatal destino al no acudir por encontrarse enferma. Ellas pasaron a saludarla antes de dirigirse a la discoteca Coloor. Fue la última amiga en verlas con vida. El vehículo que paró fue el de Antonio Anglés y Miguel Ricart. Las secuestraron, las llevaron a una caseta abandonada en el campo, las torturaron, violaron, asesinaron y luego las enterraron.

Cartel de búsqueda de Antonio Anglés.

Cartel de búsqueda de Antonio Anglés.

El 27 de enero de 1993 dos apicultores descubrieron los cadáveres. La Guardia Civil encontró un volante hospitalario con el nombre de Enrique Anglés, hermano de Antonio, un conocido delincuente de la zona. Cuando los agentes estaban en el domicilio de los Anglés, en Catarroja, se presentó Miguel Ricart a preguntar qué ocurría, pero un guardia civil lo reconoció como "el Rubio", compañero de fechorías de Anglés y fue detenido. Mientras tanto, Antonio Anglés huía hasta una caseta abandonada en mitad del monte en Catarroja, pero cuando llegó la Guardia Civil, el asesino ya no estaba allí.

El Juzgado de Alzira que instruyó el caso abrió una pieza separada del sumario para dar con su paradero. Comenzaba su búsqueda y captura. Miguel Ricart fue condenado a 170 años de prisión, de los que cumplió 21 antes de ser puesto en libertad, en 2013, gracias a la aplicación de la  "doctrina Parot". La presión mediática le empujó a irse de España a Francia.

¿Pero dónde está Anglés? Lo que se sabe es que el 28 de enero de 1993 Anglés huyó de Catarroja, donde vivía con su madre y hermanos, a Valencia. Allí se cortó y tiñó el pelo de rubio, la peluquera lo reconoció.

Un día después, el 29 de enero, varios testigos lo reconocieron en la estación de autobuses de la capital valenciana, entre ellos la peluquera que lo atendió. Allí se perdió su pista durante doce días, hasta el 10 de febrero, cuando robó una furgoneta a punta de pistola en Vilamarxant y la abandonó en Minglanilla, una localidad de Cuenca, en la carretera que une Valencia con Madrid.

Antonio Anglés con el aspecto actual que tendría en una recreación.

La Guardia Civil sospechaba entonces que intentaba dirigirse a la capital de España. Pero la pista se perdió de nuevo, hasta el 10 de marzo de 1993, cuando un agente del Cesid (actual CNI) en Lisboa mandó una nota a sus superiores para informar de que había visto ese mismo día a Anglés en casa de un delincuente portugués. Inexplicablemente esta información tardó quince días en llegar a la Guardia Civil.

El viernes 26 de marzo de 1993, dos agentes se trasladaron a Lisboa, solo para constatar mediante la obtención de huellas dactilares que el fugitivo había estado en casa de Joaquim Carvalho, un delincuente común portugués que se dedicaba al trapicheo de drogas y que había dado cobijo a Anglés. La Guardia Civil tenía sus huellas de anteriores detenciones por trapicheo de drogas.

En un barco desde Lisboa

Mientras tanto, unos días antes, el 18 de marzo de 1993, el buque de carga City of Plymouth zarpaba desde Lisboa a Liverpool con un polizón a bordo que, según la versión oficial, era Antonio Anglés. A las 2.45 horas del día 23, un marinero británico, Jo Hanneghan, encontró al pasajero clandestino en la cocina del barco, intentando robar comida. Lo atrapó y lo confinaron en un camarote con la llave echada. A las 7.30 del mismo día, el contramaestre, Gwilym Jones, descubrió que el polizón había escapado por la ventana. Entonces el barco, en medio del mar, cerca de la costa irlandesa, comenzó a trazar círculos en su búsqueda, hasta que a las 9.50 horas un avión francés de reconocimiento encontró al huido en una balsa a la deriva. El barco lo rescató, lo subieron a bordo y lo encerraron de nuevo.

El supuesto Anglés, que para Frontela no era tal, quedó recluido nuevamente en un camarote a las cinco y media de la tarde. El barco atracó en el puerto de Dublín, al mando del capitán Kenneth Farquharson Stevens, sin más novedades alrededor de las once de la noche. La policía irlandesa subió entonces a bordo para detenerlo, pero no encontraron al polizón, aunque sí una cuerda y un gancho lo suficientemente largos para llegar al muelle desde la cubierta.

El barco donde supuestamente huyó Anglés.

Al día siguiente, otro barco encontró en el mar un chaleco salvavidas perteneciente al City of Plymouth. Ese mismo día llegaba a la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil la nota del Cesid advirtiendo de la presencia de Anglés en Lisboa. ¿Pudo llegar nadando hasta la costa irlandesa? Sus amigos y compañeros de andanza durante su juventud, como "El Calígula" o "El Raulillo", que lo conocían bien, y sus familiares dijeron que sí, confirmaron que "nadaba como un pez". El capitán del barco también lo creía y así lo manifestó en la televisión durante un documental.

Anglés es el fugitivo más buscado desde entonces en España, y tanto policías como guardias civiles han recorrido miles de kilómetros tras su sombra. Lo han buscado en Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Brasil, México y República Dominicana. Muchas de estas pistas parecían buenas, pero no hubo éxito. Incluso siete años después de desaparecer, en enero de 2000, la Policía Científica analizó los restos de un cráneo encontrado en Cork (Irlanda) en 1995 por si pudiera corresponder al fugitivo, con resultado negativo. Su rostro, modificado para mostrar el paso del tiempo, está todavía entre la cara de los criminales más buscados por Interpol. Si está vivo, Anglés tiene ahora 52 años.

¿Es posible que Anglés eludiese a todos los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado que lo buscaban? Los policías y guardias civiles, en su mayor parte ya jubilados así lo afirman. Anglés no era un delincuente estúpido, era hábil, agresivo, rápido de pensamiento y brutal en la ejecución de sus acciones y además siempre iba por delante de la Policía.

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