18 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

Fue la última mujer a la que se aplicó la pena de muerte en España después de esperar un indulto durante dos años

Pilar Castro, el caso de 'la envenenadora de Valencia': la asesina que inspiró 'El verdugo' de Berlanga

Pilar Prades, 'la envenenadora de Valencia'
Pilar Prades, 'la envenenadora de Valencia'
Hay una extraña frontera que separa a un asesino de una mente sana. Esa frontera es tan diáfana que son apenas imperceptibles las diferencias hasta que ya es demasiado tarde. Los protagonistas de estos relatos de instintos criminales traspasaron esa barrera de manera brutal. Posiblemente, en su mente ya lo habían hecho antes de ejecutarlo. Un día su brutalidad llegó a tanto que pasaron a esa parte oscura de la Historia.

Valencia, 1955. Pilar Prades tiene 27 años y para ese momento ya es una mujer mayor. Corre el peligro de ‘quedarse para vestir santos’. Ha visto cómo todas sus amigas se han ido casado paulatinamente, mientras ella sigue trabajando con sirvienta desde hace quince años. ¡Cómo pesan esos quince años! Como todas, llegó a la ciudad del Turia siendo una niña. Tenía doce años cuando dejó su Bejís (Castellón) natal donde había nacido en 1928. Recién acaba la Guerra Civil Valencia era la ciudad con más posibilidades del Levante español. Pilar enlazó una casa con otra hasta llegar a la del matrimonio Vilanova-Pacual.

Pilar, a pesar de todo, intenta pensar que su suerte no es tan mala. Está en una casa donde la cuidan bien. La señora, Adela Pascual, no es exigente y, aunque es estricta en lo tocante a la fe, le deja libertad para escuchar la radio sin problemas. Bobby Deglané, Tip y Top y Teatro en el aire son sagrados para ella. Hasta tiene tres días libres, aunque es verdad que no tiene muchos que hacer. Casi no le quedan amigas con las que ir a los bailes y cuando lo hace se eterniza sentada en una silla sin que nadie la saque a bailar. ¡La de veces que se ha imaginado bailando abrazada a hombre las canciones de Antonio Machín!

La casa de los Vilanova es casi suya. Se pasa horas sola. Los señores, Enrique y Adela, regentan en la misma calle Sagunto un próspero negocio de carne. Hasta realizan exportaciones. En la primeva de ese 1955 algo cambia en la mente de Pilar. La señora le tiene lástima porque la considera “una solterona”. Sin embargo, Pilar empieza a cogerle manía. Si ella no estuviera el señor se fijaría en ella. Sería mayor, pero, al fin y al cabo, ella podría darle hijos cosa que no podía hacer la señora.

Una mañana cualquiera se cruzó en su camino un bote de Diluvión. Su etiqueta tenía una calavera y dos tibias cruzadas. Un más que contundente aviso. Este veneno que contenía grandes dosis de arsénico y se usaba para matar hormigas. Pilar comenzó a aderezar con él los cafés de la señora.

El caso de Pilar impactó a la prensa de la época. 

A partir del 11 de mayo Adela Pacual comenzó a sentirse mal. Desde ese día su salud se deterioraría a marchas forzadas. Ningún médico supo dar con el mal que estaba acabando con la vida de la señora de Vilanova. Pilar, por su parte, se hizo más imprescindible que nunca. Ayudaba a Enrique en la tienda y acompañaba a su señora día y noche. Doña Adela se lo agradecía todo. “Qué buena eres Pilar”. Ella se acercaba a la iglesia de la parroquia para que recibir la hostia con la que su señora pudiera comulgar, le ayudaba a asarse y hasta le cantaba canciones de Celia Gámez y Concha Piquer para hacer más amable su convalecencia. Y, por supuesto, le seguía suministrando tisanas y tés aderezadas con Diluvión.

Un día oye una conversación del matrimonio con un médico amigo. Se llevarán a Adela al hospital para hacerle nuevas pruebas. A Pilar no le que más remedio que aumentar la dosis. Adela falleció el 28 de mayo. El camino estaba libre pero no el final le guardaba una sorpresa a Pialar. Don Enrique decide venderlo todo y marcharse de Valencia. Pilar se quedaba sola otra vez.

Un nuevo objetivo

Durante los meses siguientes vivió en una pensión, mientras esperaba que surgiese un nuevo trabajo. A principios de 1956 conoció a Aurelia Sanz, una cocinera más joven y guapa que ella. Conectaron enseguida y unos días más tarde le informa de que sus señores, de mucho postín, necesitan una sirvienta. La casa del doctor Manuel Berenguer en la calle Isabel la Católica es grandes y necesitan cocinera y chica para servir. El último puesto se ha quedado libre porque la chica ha dejado la casa para casarse.

Una tarde acuden las dos empleadas del hogar a un baile cerca de la playa de la Malvarrosa. Ese día la mente de Pilar volvería a jugarle malas pasadas. Conocen a un joven, moreno y atractivo. Éste se acerca a Pilar. Por fin, después de mucho esperar, un hombre la pide bailar. Ese baile dura eternamente en la cabeza de Pilar. En su mente ya se ve casada con ese chico. Pronto caerá del guindo. Él, guapo pero tímido, solo se acercado a ella para acercarse a Aurelia. El viejo amigo de Pilar, Diluvión, vuelve a su vida. Comienza suministrar sus particulares cafés a su compañera de trabajo.

Durante semanas la salud de la hasta entonces robusta cocinera comienza a menguar. El doctor Berenguer decide que lo mejor es que ingrese en un hospital. Allí comenzará a mejorar su salud. Sin embargo, la de la señora de la casa comienza a deteriorarse presentando los mismos síntomas que los de Aurelia. Pilar está desatada. Ha cambiado de objetivo, mientras su carácter es cada vez más agrio.

Terele Pávez se puso en la piel de 'la envenenadora de Valencia' en 1985. 

El doctor Berenguer empieza a sospechar. Decide visitar la antigua casa en la que sirvió Pilar. Los vecinos de la calle Sagunto le ponen en contacto con Enrique Vilanova. Ambos hombres intercambian impresiones y deciden exhumar el cuerpo de la fallecida Adela. El análisis no da lugar a dudas: en su hígado hay restos de arsénico.

Manuel Berenguer no pierde el tiempo y despide a Pilar. Un análisis de orina de su mujer, lo deja claro. La misma sustancia: arsénico. Se procede a la detención de Pilar. Se encontraron entre sus efectos el vote de Diluvión. Durante 36 horas sufrió el interrogatorio de la Policía. Ni comió ni bebió. Un careo con su amiga Aurelia que la insultó hizo que finalmente confesase.

La ejecución

A pesar de su confesión a la Policía en le juico se declaró inocente y alegó que confundió el veneno con un producto para combatir la fiebre debido a su analfabetismo. Por los dos intentos de asesinato fue condenada a 20 años y a la pena capital por el asesinato de Adela Pastrana.

Durante dos años el Gobierno recibió presiones para no ejecutar a Pilar. Asociaciones católicas consideraba que era desmesurado aplicar a una mujer la pena capital. Se alargó el complimiento de la pena todo lo posible para esperar la llegada de un indulto.

Finalmente, llegó el día de la ejecución: el 19 de mayo de 1959. Se programó para las 6 de la mañana, pero se decidió esperar por si llegaba el indulto. Dos horas más tarde se celebró la ejecución en la cárcel de Valencia. Debido a la hora y la situación de la prisión los gritos de Pilar fueron oídos por los vecinos colindantes, así como por la prensa que espera fuera de la cárcel el final. De acabar con la vida de Pilar se encargó el verdugo Antonio López Serra, que también ejecutó a Jarabo, considerado el primer asesino en serie español. Años después, López Sierra relataría su experiencia en la ejecución de Pilar en la película Queridísimo verdugos (1977) de Basilio Martín Patino. Fue ejecutada mediante el llamado garrote vil. 

El caso de Pilar impactó tanto en la sociedad y la prensa de la época que, desde entonces, de facto, nunca se aplicaría la pena capital a una mujer en España. El relato de su ejecución inspiró a Luis García Berlanga para dirigir una de sus obras maestras El verdugo (1963). La historia de Pilar en sí sería recreada por el cineasta Pedro Olea en uno de los capítulos de la serie La huella del crimen en 1985.  Pilar sería encarnada por Terele Pávez. Su historia ya había inspirado años más tarde un culebrón radiofónico en Argentina titulado La galleguita de cara sucia.  La sordidez de su historia y las características de la asesina han ayudado a que ‘la envenenadora de Valencia’ sea uno de los caos más recordados de la crónica negra española.

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