15 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

María Gombau y Gabriel Salvador mataron presuntamente a sus dos hijos en esta localidad valenciana, en un suceso que estremeció a toda España

Se cumple un año de los asesinatos de Godella: Cronología de una tragedia anunciada y no evitada por nadie

La familia con los dos niños.
La familia con los dos niños.
María Gombau y su pareja, Gabriel Salvador Carvajal, querían a sus hijos o eso decían todos los familiares y amigos de la pareja consultados después por los investigadores. Sin embargo, durante la noche del 13 de marzo o madrugada del día 14 mataron a sus dos hijos en la localidad valenciana de Godella. Todavía está por determinar si lo hicieron entre ambos o solo uno de ellos tomó esa decisión y el otro, como mínimo lo encubrió.

Amiel tenía tres años y medio. Ichel solo seis meses. La familia de María Gombau ya sospechaba que la pareja estaba inmersa en una espiral de locura y por eso pidieron la intervención de los Servicios Sociales. Pero los niños iban limpios, el mayor estaba matriculado en el colegio, ambos acudían a clases de natación, jugaban en el parque con otros niños, estaban bien alimentados y no mostraban signos de maltrato. Parecía una familia normal. Es cierto que vivían en una casa ocupada, pero tenían luz y agua caliente.

Tres años antes María Gombau y Gabriel Salvador Carvajal ya figuraban en los registros municipales, después de una petición realizada en 2016 por el Juzgado de Instrucción 2 de Paterna para que los servicios sociales de Godella intervinieran en un “conflicto de convivencia vecinal”. Pero esa investigación se paralizó porque la familia dejó temporalmente el municipio.

María Gombau recibía desde 2017 tratamiento psiquiátrico en el centro de salud de Godella, pero eso no constituía por si solo un motivo para retirar la custodia de los niños. La Fiscalía de Menores, la otra vía para retirar la custodia, no recibió una alerta hasta la misma semana del crimen, cuando la abuela materna denunció el caso.

Gabriel Salvador Carvajal.

La abuela llamó ese mismo lunes a la Policía, porque su hija María no contestaba a los mensajes, pero los agentes acudieron al domicilio no vieron nada anormal en la casa. Como seguía sin poder comunicar con su hija y sus nietos, la mujer llamó de nuevo ese mismo miércoles al teléfono de atención a la infancia de la Generalitat valenciana, desde donde se avisó a los servicios sociales de Godella, que abrieron un expediente: Pidieron datos a la abuela de los niños, al colegio público de Rocafort donde asistía Amiel y al centro de salud de Godella.

Aunque ya todos los mecanismos estaban en marcha era tarde y no consiguieron evitar la tragedia inesperada: Esa misma noche, o quizá el jueves por la mañana, la madre presuntamente mató a los niños y los enterró con una participación del padre todavía por determinar, que se decidirá cuando se celebre el juicio oral.

Durante las posteriores investigaciones la Policía supo que Gombau y Gabriel Carvajal hablaban desde hacía tiempo de que el mundo estaba dominado por una secta de pederastas. Pero el proceso se agravóa primeros de febrero, adoptando la pareja los síntomas claros de un brote psicótico, seguramente agravado por el consumo regular de drogas, especialmente marihuana.

 

Cuando la Guardia Civil los interrogó por separado, Gabriel se derrumbó y confesó que María esperaba que los niños se reencarnaran en el cuerpo de ella tras matarlos, aunque no supo decir dónde estaban los cuerpos. Tras doce horas de intensa y angustiosa búsqueda, la Guardia Civil halló los cadáveres de los menores. María había decidido colaborar e indicó a los agentes del Grupo de Homicidios dónde había enterrado a sus hijos tras encontrarlos ya muertos, según la primera versión de la madre.

A mediados de febrero, Gabriel Salvador, el padre, fue despedido del trabajo por su impuntualidad. Y María llamó al colegio para dar de baja al niño, porque se iban del pueblo, según explicó. En el centro escolar les respondieron que tenían que ir a tramitar la baja personalmente. Ante la falta de respuesta el colegio llamó en dos ocasiones a la madre para saber qué ocurría con ese trámite y ésta les respondió que estaban con la mudanza y no tenían tiempo. Evidentemente era mentira.

Cronología de una tragedia

Antes de todo lo ocurrido hubo varios "avisos" que inquietaron a la familia de Godau. El 17 de febrero María, que dormía esa noche en casa de su madre, tomó a la bebé en brazos durante la noche y estuvo durante varias horas caminando con ella por los campos y caminos de Rocafort. Uno de los parientes encontró a la joven y a la niña tras recorrer con su moto la zona. Este episodio no fue comunicado a la Fiscalía de Menores.

Maria Gombau, la madre.

Un día después, el 18 de febrero, María repitió el mismo comportamiento. La Guardia Civil de Moncada puso en marcha otro operativo urgente para buscar a la joven antes de que la familia presentara incluso la denuncia por desaparición, pero el dispositivo policial se suspendió poco después cuando aparecieron María y su hija. Como no había ninguna denuncia por maltrato ni sospecha en ese momento de que la madre pudiera hacer daño a sus hijos, la Guardia Civil no informó de esta actuación a la Fiscalía de Menores.

El 11 de marzo, tres días antes de los asesinatos una patrulla de la Policía Local de Godella acudió a la casa de campo ocupada por la joven pareja y sus hijos. Otra vez la abuela dio la voz de alarma tras recibir en su móvil un mensaje de wasap que le envió su hija: "Me voy a reunir con el Creador", le dijo. 

Entonces Gabriel Salvador Carvajal salió con su hija en brazos y habló con los policías, pero estos no detectaron ninguna situación de riesgo para los menores. María restó importancia a su propio mensaje y pidió a los agentes que se marcharan.

La abuela de los niños seguía inquieta y el 13 de marzo el Teléfono del Menor contactó con los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Godella para poner en conocimiento una información facilitada de nuevo por la abuela de los menores. Tras pedir información al centro de salud de Godella y al colegio de Rocafort donde estaba matriculado el mayor de los niños, una trabajadora social abrió un expediente por el posible desamparo de los menores. Ese mismo día la abuela de los niños acudió al juzgado de guardia de Valencia para denunciar el riesgo que corrían sus nietos.

El magistrado inició unas diligencias previas y remitió esa misma tarde por fax la denuncia a la comisaría de la Policía Nacional de Burjassot-Godella, junto con un oficio que instaba a adoptar "las medidas oportunas en relación con la situación de los menores" como medida preventiva para protegerlos. Pocas horas después, los niños morían asesinados. Demasiado tarde.

 

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