08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Los jóvenes que viven en esta instalación entran y salen sin control y pueden estar días sin aparecer sin que nadie intente hacer nada

El controvertido centro de los menas de Hortaleza demuestra el abandono de la Comunidad de Madrid hacia los menores

En Hortaleza hay un centro de acogida de menores de régimen abierto. Es imposible entender cómo se ha llegado a este concepto. ¡Un centro abierto! ¿Qué menor vive en un hogar abierto del que sale y entra a su antojo? ¿Qué se pensaría de una familia que dejara salir a su hijo de 12 o 13 años donde se le antojara y no volviera a dormir en días, sin poner denuncia por su desaparición?.¿O qué padre podría consentir que su hijo no fuera al colegio y se quedara en el parque con los amigos?

En España los menores deben estar vigilados en todo momento por sus padres o tutores. Estos son los responsables de que sus hijos vayan al colegio y tengan una vida estable y organizada. De no ser así, asuntos sociales podría actuar hasta quitarles la custodia a los padres y de no encontrar una familia de acogida, quedarían al amparo de la Comunidad de Madrid que contaría con un centro como el de Hortaleza, el cual, paradójicamente, haría legales todas las desatenciones por las que se sanciona a los padres.

Un joven saltando el muro del centro de Hortaleza. 

Los menas son niños en situación de riesgo social por estar abandonados a su suerte. Son menores inmigrantes que luchan por salir adelante en un país de ricas oportunidades. Ellos son felices creciendo en una ciudad como Madrid, lejos de los problemas de los que han escapado en sus países de origen. Hortaleza es el centro de primera acogida que los recibe  para protegerles y tutelarles ofreciéndoles  el refugio y la seguridad de la que han carecido. Son menores, niños, inmigrantes, pero pequeños. Marroquíes, subsaharianos, búlgaros, españoles, etc. Son niños.  Adolescentes de carne y hueso, como nuestros hijos , nuestros sobrinos o nietos. Niños antes que inmigrantes y su condición infantil los hace vulnerables en todos los aspectos de la vida. Hortaleza es su casa, para muchos de ellos, su primer hogar, quedando muy lejos de los estándares necesarios para merecer esa calificación.

Cuando atraviesas la reja del recinto para acceder al parque que rodea el edificio, el alma se te cae a los pies. Grupos de chavales están siempre sentados en la puerta o en los alrededores saliendo y entrando a su antojo y haciendo uso de un recurso de protección a modo de motel o pensión. Nadie les obliga a nada. Mientras están dentro del edificio deben respetar las normas, cuando salen fuera nadie controla sus acciones sin tener en cuenta si vuelven o no.

Miseria y abandono en el centro de Hortaleza

El mobiliario de los años ochenta difícilmente se sostiene, ventanas viejas que cierran mal, camas estrechas y colchones tirados por los suelos entre pasillos estrechos que no cumplen ninguna de las normativas que se le pide a cualquier centro de educación privado que se quiera abrir. La sensación de abandono, pobreza y desatención es latente en cuanto atraviesas la vieja puerta. Las ventanas no cierran y muchas persianas ni suben, ni bajan. El personal que trabaja con los chicos se muestra cariñoso y entregado bajo unos uniformes viejos y raídos más propios de una película de miedo que de un centro de protección de menores.

Las trabajadoras sociales se dejan la piel para atender a todos los chavales luchando por tratar de conocerles sin dar a basto en su labor, absolutamente vocacional, porque no hay sueldo que pague trabajar en tan precarias condiciones, pues ni siquiera su seguridad está garantizada quedando siempre expuestos a los arrebatos de los menores impulsivos que presentan trastorno del comportamiento y que nada tienen que perder cuando se amotinan frustrados por no conseguir algo deseado.

Los jóvenes entran y salen de Hortaleza cuando quieren. 

En el centro no solo hay inmigrantes. Hay también niños españoles en situación abandono por múltiples razones. Cuando se convive en una familia, los hijos salen de casa y vuelven a la hora pactada con sus padres y siempre que sea posible deben ir acompañados por adultos, para que a medida que se van acercando la mayoría de edad, nuestros menores tienen más libertad y autonomía, pero aun así en cualquier familia que se precie de serlo, el menor consensua y pacta sus actividades y sus horarios en función de lo que más beneficie a su desarrollo y no solamente en base a su interés o divertimento. Los adultos velan por los intereses de sus hijos.

La Comunidad De Madrid debería hacer los mismo con los chicos que tiene a su cargo. No son delincuentes, no han cometido delitos. Son solo niños abandonados sin custodia adulta, desprotegidos y jugando a ser mayores. Niños a los que se aplica el razonamiento absurdo que iguala al menor no delincuente con un adulto responsable y le otorga la capacidad para salir de su casa cuando quiere sin tener ni hora, ni fecha de regreso y lo mas terrible, que nadie le eche de menos cuando falte, ignorando que cuando se consiente tanto, el delito está garantizado.

En los alrededores del Centro de Hortaleza viven menores en los parques. Un niño de 15 años ingresó hace poco en este centro y despareció durante algunos días sin que nadie apuntara su falta, alegando   que son muchos y es imposible controlarlos.  No hay recursos. Falta personal y profesionales que puedan asumir un centro saturado que alberga más del doble de menores de los que está preparado para atender.

Otros jóvenes saltando el muro del centro de menores. 

Las instituciones tanto públicas como privadas o subvencionadas firman continuamente acuerdos de colaboración para poner en marcha proyectos que mal se llevan a cabo por falta de recursos. Falta dinero. Dinero.  Recursos económicos para poder montar un centro digno o varios si fuera necesario. A la altura de nuestros pequeños inmigrantes o no inmigrantes, niños que serán ciudadanos en el futuro y que se encuentran viviendo en un oasis dramático sin atención, afecto, cuidado y protección, porque nuestras instituciones no son capaces de priorizar el valor más preciado que tiene una sociedad, los niños.

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