05 de diciembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Llevaba 33 cartuchos del calibre 12 destinados a la familia de su mujer, mató a Liset y a Montserrat, sus cuñadas, y dejó grave a su suegra Consuelo

Crimen de los clanes de Aranjuez: Así asesinó Juanín "por accidente" de cuatro disparos de escopeta a sus cuñadas

Exclusiva Juan Méndez, Juanín, declarando ante la jueza.
Juan Méndez, Juanín, declarando ante la jueza.
Desde la cárcel Juan Mendoza “Juanín” apura los días que restan para el juicio por la matanza de la familia de su mujer en 2019,en concreto sus dos cuñadas, mientras las acusaciones presentan sus escritos para sentarle en el banquillo. La más dura, la que representa a Montserrat, una de las asesinadas, y a su madre Consuelo, también herida grave en el tiroteo, ya que pide prisión permanente revisable para el homicida confeso.

La acusación del letrado Juan Manuel Medina, la que solicita la pena más firme para Juanín, reproduce a continuación los hechos terribles que nunca tuvieron que suceder ya que sobre Juanín pesaba una orden de ingreso en prisión desde 2014 para cumplir tres años por tráfico de drogas y un año y medio más por otra causa. Pasó casi 5 años eludiendo a la Justicia, algo inexplicable para los testigos y su propia familia quienes aseguran que su domicilio habitual no era un secreto para nadie.

Lo cierto es que el 9 de junio de 2019 pasadas las 21:00 horas Juan Mendoza, Juanín, no estaba en la cárcel, estaba en su vivienda planeando su venganza. A esa hora Juanín ya llevaba tiempo acechando a la familia de su mujer desde la ventana de la cocina que ofrecía una vista inmejorable del patio interior de los bloques donde habitaban el homicida y las víctimas.

Juanín, loco de celos porque su mujer Celes le había abandonado harta de malos tratos, masticaba su venganza aferrado a una escopeta de caza de dos cañones cargada. En su cintura llevaba una riñonera llena de cartuchos para asegurar su objetivo, y encima de la cama de su dormitorio guardaba una mochila llena de munición. En total, 33 cartuchos del calibre 12 llenos de odio, destinados a la familia de su mujer, los culpables según el homicida de que su mujer le abandonara y de herir su orgullo de marido cornudo.

Liset, Juanín y Montse.

Según las acusaciones, en el momento en que Juanín confirmó que frente a su ventana se agrupaba el mayor número de miembros de la familia de su mujer, se aprestó a disparar. En ese momento, a escasos metros del asesino, se encontraban los padres de su mujer Celes, los tres hermanos de ésta y nueve menores, hijos y vecinos de las víctimas.

El primer disparo rebotó en el asfalto a pocos centímetros de sus objetivos retumbando entre las paredes del patio vecinal. Liset, de 35 años y hermana de Celes, reaccionó indignada y se plantó frente a la ventana agitando los brazos recriminando a Juanín sus disparos y advirtiéndole de la presencia de menores de edad que podrían resultar heridos, sin sospechar de las verdaderas intenciones del homicida. Liset no tuvo tiempo para más, un segundo disparo de Juanín la alcanzó de lleno sin posibilidad de defenderse o escapar. Once postas le destrozaron el pecho y el cuello dejándola tendida herida de muerte delante de sus hijos. Su hermana Montse, de 23 años, corrió a socorrerla, momento que aprovechó Juanín para recargar y dispararle a menos de cinco metros de distancia alcanzándola de lleno.

Los momentos que se vivieron a continuación fueron indescriptibles. Herida de muerte, Montse se desplomó sobre su hermana agonizante y sobre el hijo de 11 años de ésta última que se esforzaba en taponar las heridas de su madre con una camiseta ensangrentada. Sin embargo Juanín no había terminado con su venganza, aún le quedaba un cartucho en su escopeta y un objetivo al que finalmente encontró a través de la mirilla del arma. Consuelo, la madre de su mujer y de sus dos hermanas agonizantes corría con su nieta de nueve meses de edad a la que intentaba poner a salvo. En ese momento, recibió el cuarto disparo en sus piernas provocándole una fractura abierta de tibia y peroné, aunque salvando su vida en último extremo.

Las acusaciones continúan su relato con un Juanín que decide atrincherarse en su casa realizando una llamada al 091 en la que reconoce expresamente haber asesinado a dos personas. No fue una llamada para pedir auxilio para las víctimas. La llamada respondía exclusivamente al temor de Juanín a que la familia de las víctimas pudiera tomarse la justicia por su mano y pedía que la Policía lo sacara de allí con vida, insistiendo incluso en que mandaran más de una patrulla para asegurarse el rescate.

                           Otra imagen de Juan Méndez, Juanín.

La llamada de Juanín ni siquiera fue la primera, antes que él varios testigos llamaron a la policía y a los servicios de emergencia. Llamadas desesperadas, con las víctimas tendidas en un charco de sangre y el asesino gritando desde la ventana con la escopeta aún caliente y la riñonera repleta de munición. Tras unos minutos de negociación Juanín se entregó. La policía halló en su casa la escopeta cargada apoyada en posición de disparo y los 33 cartuchos  preparados para su uso.

Fue “un accidente” y culpó de la matanza a su mujer

Juan Mendoza, Juanín, está desde entonces en prisión. En su declaración ante la juez del caso reveló de manera involuntaria el motivo de la matanza. Tras llorar y clamar al cielo dramáticamente ante Su Señoría asegurando que había sido un accidente: “Yo quería matar al hermano porque sacó una pistola, no a las mujeres, pero se quitó y le dí a las otras”. Juanín terminó culpando de todo a su mujer Celes por abandonarle para irse con otro. “Yo no tengo culpa de nada, todo el daño lo ha hecho ella por irse con el marido de mi hermana” y todo esto entre reproches a las víctimas por supuestamente burlarse de él. Entre grito y llanto hasta se atrevió a decir que sólo disparó dos veces y la segunda se le había escapado el tiro.

La jueza no se creyó nada y le despachó de vuelta a la cárcel y ahora, un año después, la Fiscalía madrileña pide 25 años de cárcel por cada uno de los dos asesinatos con alevosía de las hermanas Liset y Montserrat y 13 años más por la tentativa de asesinato de Consuelo, la madre de ambas. Igualmente pide el fiscal un año por tenencia ilícita de armas. La acusación que representa a la familia de Liset aumenta sus peticiones a 30 años de cárcel por cada uno de los dos asesinatos, 14 por la tentativa de asesinato y un año más por tenencia ilícita de armas. Es el marido de Monserrat el que a través de su acusación solicita la pena  más dura: Dos condenas de prisión permanente revisable por cada uno de los asesinatos y 15 años por la tentativa de asesinato, o alternativamente 30 años por cada asesinato y 15 por la tentativa, además de 1 año por tenencia ilícita de armas.

En el aire, la investigación ha dejado para el momento del juicio, la tarea de revelar quién le proporcionó el arma a Juanín, persona hasta ahora desconocida, ya que aunque los investigadores han averiguado a quién pertenecía el arma, el propietario asegura que se la habían robado.

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