28 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Un juzgado de Sabadell reabre la causa cerrada hace quince años por la llegada de nuevos indicios que apuntan al novio de una anterior investigada

Reapertura caso Helena Jubany: Un posible juego de rol, el suicidio de una imputada y un nuevo sospechoso

Helena Jubany, la bibliotecaria muerta.
Helena Jubany, la bibliotecaria muerta.
El Juzgado de primera instancia nº 2 de Sabadell (Barcelona) acordó hace unos meses reabrir las actuaciones del caso de la muerte de Helena Jubany, asesinada en el 2001 en aquella ciudad catalana. La investigación del crimen se cerró sin resolverse el 2005 y el delito prescribirá cuando hayan pasado 20 años, que para quienes no fueron imputados entonces será el 2021. Para quienes sí lo fueron, prescribe el año que viene.

Helena Jubany salió de su trabajo en una biblioteca el jueves 29 de noviembre de 2001 para dirigirse a una sesión de cuentacuentos en un centro cívico de Sabadell. Aquel mismo día por la noche, llamó por teléfono a una amiga para concretar los planes del siguiente fin de semana. Luego se conectó a Internet, según las investigaciones, entre las 23.46 y las 00.18 horas del viernes.
 
Aquella noche durmió en su casa y el viernes 30 se conectó desde las 9.55 hasta las 10.18 horas y habló con otro amigo suyo. La hora de su desaparición fue establecida entre las 11.30 y las 15.00 horas cuando Helena tenía que entrar en su trabajo en la biblioteca pública de Sentmenat.
 
Como la joven no llegaba, su jefa intentó localizarla en casa sin éxito. El sábado, su padre llamó al trabajo para preguntar por Helena, ya que habían quedado para comer en Mataró y la joven no se presentó. Le contestaron que aquel día Helena no trabajaba por lo que no extrañó su ausencia. Sin embargo, llama de nuevo el lunes porque no da con ella y se encienden entonces todas las alarmas y a las 20.30 su padre Joan denuncia la desaparición de la joven en la comisaría de Sabadell.

La joven asesinada.

Helena no permaneció mucho tiempo desaparecida, ya que a las 04.45 horas del 2 de diciembre de 2001, Alfredo, un vecino de la calle Calvet d’Estrella de Sabadell se despertó asustado al oír un fuerte ruido, pero no le dió excesiva importancia hasta la mañana siguiente, cuando al abrir la ventana ve el cuerpo de una joven desnuda en el suelo. Se trataba de Helena Jubany Llorente, que supuestamente se había arrojado al vacío desde una azotea cercana.

Así lo indicaban los primeros indicios puesto que la ropa de Helena apareció perfectamente doblada en la azotea del edificio 50-52 de la calle Calvet d’Estrella. Sin embargo, otras pruebas provocan la desconfianza de la Policía, como que en la barandilla de la azotea del edificio colindante, el número 48, se encontraran restos de cabello de la joven y unas cerillas a medio usar.

La Policía pensó entonces que Helena había dejado la ropa en una azotea y se había arrojado desde otra colindante. Esa fue la hipótesis trasladada a la familia en un primer momento. Más tarde, se sospecharía de un macabro juego de rol practicado de manera voluntaria por todos los participantes, que tuvo un inesperado y trágico final.

Pero el informe de la autopsia que incluía un análisis toxicológico arrojó otros datos el 10 de diciembre de 2001. Según éste, Helena habría tomado un cóctel de benzodiacepinas (Lormetazepam, Alprazolam, Midazolam), cafeína y etanol. Todos los fármacos eran sedantes. Los compuestos activos se encontraban en medicamentos como el Trankimazin, Dormicum, Loramet, Noctamid y Aldosomnil. La cantidad ingerida implicaba que la joven estaría dormida o en estado de coma cuando murió. Es decir, imposible arrojarse sola al vacío. Alguien la había arrojado. La misma autopsia reveló varias quemaduras realizadas con la ropa interior puesta, en concreto en el tórax, el cráneo y la pelvis.

En su momento, el investigador Javier Durán aseguró que las escaleras de acceso a la azotea eran muy empinadas y el cuerpo tuvo que ser subido entre varias personas o una sola muy fuerte. Ya en la azotea, piensa que pusieron el cuerpo en el suelo donde habrían tratado de quemarlo para dificultar su identificación.

Entre una azotea, donde fue encontrada la ropa de Helena, y la otra, desde donde se arrojó, existe un muro que se puede saltar fácilmente. Según Durán, los asesinos habrían intentado lanzarla desde la misma azotea donde apareció la ropa, pero quizá la posibilidad de algún testigo inesperado u otra circunstancia les hizo desistir y cambiar de lugar. De hecho, unos vecinos escucharon un fuerte ruido de madrugada y al poco tiempo llegó su hija a casa. Pudo ser la llegada de esta joven lo que hizo precipitar los acontecimientos.

                                          Uno de los anónimos. / https://helena.jubany.cat

Mientras tanto, Joan Jubany, padre de la víctima entregó a la Policía dos mensajes anónimos que su hija había recibido antes de su muerte. Los mensajes estaban en poder de una amigo de Helena que los tenía para hacer un estudio caligráfico. El primero de ellos llegó en septiembre junto a una horchata y un croissant y decía: "Hemos pasado por aquí, esperamos que te guste y que te lo comas todo. Ya nos veremos. Hasta pronto". El segundo, enviado el 9 de octubre decía: "A ver si te lo comes todo, pórtate bien, no nos hagas un feo, es seguro que te vas a reír mucho. A la tercera ya nos invitarás tú. A ver si nos vemos otra vez en alguna excursión de la UES. Hasta pronto". En esta ocasión el mensaje iba acompañado de un bote de zumo de melocotón y unas pastas.

Gracias a este segundo anónimo la Policía investigó dentro de la Unión de Excursionistas de Sabadell (UES) a la que Helena pertenecía. Por otra parte, Helena bebió del zumo, creyendo que todo aquello era un juego, sintiéndose indispuesta y mareada por la tarde. Entonces la joven encargó analizar el contenido del zumo a un médico de Barcelona, que determinó que la bebida contenía benzodiacepinas, un principio activo similar al que luego apareció en su cuerpo. Helena llegó a desconfiar de un joven de la UES al que había rechazado, Xavi, y con el que cenó en una ocasión pidiendo una horchata.

Los amigos de la fallecida proporcionaron a la Policía una lista de integrantes de la UES y a los agentes les llamó rápidamente la atención el nombre de Montserrat Careta. ¿Por qué? Porque vivía en el edificio desde donde arrojaron a Helena, el número 48 de la calle Calvet d’Estrella. Sin embargo, todos los testigos aseguran que la relación entre ambas chicas era excelente. Montserrat mantenía una relación sentimental con otro integrante del grupo, Santiago Laiglesia, con quien convivía en el mismo domicilio.

Helena Jubany.

Según los testigos, la única persona del UES con quien Helena había tenido problemas era Ana Echaguivel, también integrante del grupo excursionista, con quien había discutido en julio.

Mientras, la Policía comenzó los interrogatorios. Montserrat Careta, aseguró que la última vez que supo algo de Helena fue el jueves 29 de noviembre, alrededor de las 19.00 horas, cuando telefoneó a Helena a la biblioteca en respuesta a un mensaje previo de la fallecida. Helena le propuso que fueran juntas a escuchar al Cuentacuentos, pero Montse rechazó la oferta porque había quedado con su novio.

En la declaración policial, Montserrat recuerda que el 30 de noviembre de 2001, viernes, fue a ver un partido de fútbol del Sabadell, en el Estadio de la Nova Creu Alta, quedó con su novio Santiago a las 19.00 horas y aquella noche durmieron juntos en casa de Santiago, que vivía con sus padres. El día 1 de diciembre, la pareja se fue de excursión con el grupo y al regreso, ella se fue sola a su casa. Poco después los investigadores confirmaron que la mañana del 30 de noviembre no fue a trabajar.

El abogado Santiago Laiglesia

Santiago Laiglesia, novio de Montserrat, declaró haber tenido muy poca relación con Helena. Es abogado y el viernes 30 de noviembre se fue a casa de su novia después del trabajo para preparar unos bocadillos para la excursión del sábado y que luego durmió en su casa hasta que el sábado por la mañana fue a recoger a Montserrat. Pero Santiago cambió su declaración y llamó a la Policía para informar que en realidad la noche del viernes la pasaron ambos en su casa y no cada uno en la suya. Después asumió la defensa de Montserrat cuando fue detenida.

Otra de las sospechosas, Ana Echaguivel, dijo no haber hablado con Helena desde julio, cuando se enfadaron en una sesión de cuentacuentos y que discutieron por alguna cuestión sin importancia.

Santiago Laiglesia/ El Caso.

Los anónimos fueron sometidos a peritaje y los expertos concluyeron que el segundo anónimo había sido escrito por dos personas diferentes e identificaron a dos de las sospechosas como autoras del mismo: Ana Echaguivel y Montserrat Careta. El 12 de febrero de 2002, los agentes de la Policía Nacional detuvieron a ambas.

En el domicilio de Montserrat encontraron una caja de Noctamid vacía y otra entera. La Policía también encontró cajas de cerillas vacías o con pocos fósforos y agendas y hojas escritas por Montserrat, similares a los anónimos, que servirían para un nuevo análisis caligráfico.

Tras estas detenciones se descubrió que el novio de Montserrat también tenía acceso al Noctamid porque su madre lo utilizaba. Santiago Laiglesia llegó a estar investigado, pero no entró en la cárcel. El juez ni siquiera vió indicios suficientes para llevarlo a juicio. Sin embargo, se decretó auto de prisión para Montserrat, que tres meses después de entrar en el centro penitenciario de Wad-Ras (Barcelona), se suicidó eligiendo el aniversario del día que lo había hecho su hermano. Dejó una nota antes de suicidarse: "Soy inocente porque no he causado la muerte de Helena y, para ser homicida, hay que ser ejecutor de una muerte. Me voy con la conciencia tranquila".

Ana Echaguivel fue puesta en libertad con cargos.  Los investigadores creen que Helena Jubany estuvo 48 horas retenida antes de morir. Finalmente el juez sobreseyó el caso en 2005 sin juzgar a nadie por falta de pruebas.

Ahora, quince años después, el abogado de la familia, Benet Salellas, presentó este verano nuevas pruebas que desmontarían la coartada de Santi Laiglesia, uno de los principales sospechosos del crimen. En concreto, los nuevos indicios sugieren que Santiago habría comprado el Noctamid presuntamente usado, para sedar y dormir a Helena.

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