25 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

Un robo a un cliente destapó el sórdido prostíbulo y la situación inhumana en la que se encontraban las víctimas

Liberados doce travestis explotados sexualmente por una banda de venezolanos en el madrileño barrio de Salamanca

Un cliente supuestamente drogado al que le roban 14.000 euros en un piso de la Calle Príncipe de Vergara, en Madrid, denunció los hechos a la Policía. Era el comienzo de una operación en la que se ha detenido a una banda encabezada por varios venezolanos y un colombiano, que prostituía a travestis llegados de Suramérica.

Tras la denuncia del mencionado cliente, un grupo de agentes de la Policía Nacional accedió en noviembre pasado  a un prostíbulo situado en la madrileña calle del Príncipe de Vergara, en pleno barrio de Salamanca. El club de alterne estaba situado en un piso que no levantaba sospechas. Aunque algunos vecinos relataban haber visto a gente desconocida que entraban en el apartamento, convertido en un sórdido burdel clandestino.

El hombre que denunció el robo, afirmó que estuvo en el prostíbulo y que contrató los servicios de travestis, pero que en un momento dado alguien le drogó. Las sustancias que le introdujeron de algún modo, según explicó, le provocaron un sueño profundo que hizo que el cliente pasara toda la noche allí. Al día siguiente,  tras abandonar el inmueble, se dio cuenta de que le habían sustraído 14.000 euros de su tarjeta de crédito.

Inicio de la investigación

El denunciante, además, contó  a los agentes que había visto cosas en el piso que también podrían ser delictivas, como la situación tan extraña en la que se encontraban las personas que se prostituían, las lamentables condiciones de higiene o los candados que había en las neveras y armarios de las distintas estancias. La descripción del cliente abrió otra investigación por parte del Grupo de Trata de Seres Humanos de la Jefatura Superior de Madrid.

Un agente de la Policía Nacional.

Ya en el piso de la calle Príncipe de Vergara, los agentes comprobaron todo lo que les había narrado el cliente. Las condiciones de insalubridad eran efectivamente deplorables, los travestis dormían hacinados en literas, los armarios y las neveras estaban blindados por los mencionados candados para evitar que los explotados pudieran coger una pieza de fruta más de las previstas en la racionalización de la comida que habían establecido los encargados, que también traficaban con droga.

Los prostituidos podían comprar casi de todo, pero a precios muy caros. De hecho, hasta mantenían una elevada deuda con los propietarios. Tras registrar el piso, los agentes detuvieron a los cinco responsables de la red de trata de personas y liberaron a una docena de travestis que estaban siendo explotados. Todos procedían de países de Suramérica, la mayoría, de Brasil.    

 

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