27 de mayo de 2019
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FIN DE SEMANA

Los funcionarios de Prisiones denuncian que son incapaces de impedir el acceso de todo tipo de objetos prohibidos a los prisiones españolas

Preservativos, zapatillas, botes, huesos sirven de escondite para introducir en la cárcel lo ilegal

Los funcionarios de prisiones denuncian la falta de medios y de personal en las cárceles españolas para poder incautar los artilugios y herramientas que entran desde el exterior, que suponen un serio problema para la seguridad de muchos internos y trabajadores. Huesos de jamón con los que fabrican cuchillos, teléfonos móviles ocultos en preservativos, lámparas, zapatillas y botes. Como también todo tipo de droga escondida en la ropa de menores entran a diario en las cárceles españolas.

A diario los funcionarios de Prisiones incautan todo tipo de objetos que desde el exterior intentan colar en los distintos centros penitenciarios de España. A pesar de su labor, los trabajadores denuncian que se ven superados por la falta de medios y de personal.

Muchos delincuentes tratan de colar dentro de los centros penitenciarios a través de sus familiares y vistas todo tipo de artilugios y drogas escondidos en zapatillas, lámparas de mesa, tubos de pasta de dientes o latas de refresco. Los reos tienen prohibido la tenencia y uso de este tipo de aparatos, como teléfonos móviles, con los que intentan comunicarse con el exterior.

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Un cuchillo incautado hecho con un hueso 

Esto puede suponer un grave problema incluso para la sociedad, pues muchos de los presos que residen en las cárceles españolas están condenados por delitos relacionados con el yihadismo o son potenciales yihadistas. Las células islamistas de las prisiones utilizan todo tipo de métodos para que sus miembros se comuniquen entre sí y se organicen aun dentro de prisión, incluso,  introduciendo pen drive que se van pasando de uno en uno.

Desde la organización profesional de trabajadores penitenciarios "Tu abandono me puede matar" han denunciado esta situación. “Porque esto no compromete solo la seguridad de las prisiones, sino también de la sociedad”, aseguraron a Elcierredigital.com.

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Las latas de refresco son objetos habituales para tratar de introducir material prohibido.

La falta de personal, junto con la avanzada media de edad de los trabajadores de prisiones, hace de su trabajo una ocupación peligrosa. En muchas ocasiones se ven desbordados para prevenir que entren objetos prohibidos. “El trabajo que hacemos se debe a la pericia, la intuición y la experiencia de los funcionarios” aseguran desde la asociación y añaden que “no se da formación y los pocos recursos que hay se destinan al tratamiento, que tampoco es efectivo”.

De esta manera, indican que “existen dos vías por las que los delincuentes acceden a este material: una, a través del propio interno cuando vuelve de un permiso de libertad temporal y otra a través de los familiares que van a comunicar a las cárceles. Te sorprendería la cantidad de droga que cabe en un pañal de un bebé”, afirman.

Y es que, los funcionarios no están autorizados para realizar registros a los familiares de los presos y, mucho menos, a los menores que los acompañan. Además, “si a un preso le pillan intentando introducir drogas, lo máximo que se le puede hacer es castigarle con treinta días de privación de paseos, mientras que en la calle si te pillan son mínimo mil euros de multa. Aquí, en la cárcel, no hay multa económica alguna” comentan desde esta organización penitenciaria.

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La droga se introduce en las cárceles  a través de los pañales de los menores que acompañan a los visitantes

Otro hecho que denuncian es que las comunicaciones entre familiares se dan todos los días, pero solo una o dos veces al mes las autoridades realizan registros con perros en las celdas de los internos. "Los famosos vámpiros solo vienen a las cárceles españolas de vez en cuando", señalan.

En cuanto a la falta de personal, el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz, llegó a afirmar que la ratio de trabajadores por presos es de un funcionario por cada cuatro reos, pero desde "Tu Abandono Me Puede Matar" afirman que eso no es del todo real. “Esa estadística está hecha teniendo en cuenta si todos los funcionarios estuviéramos trabajando a la vez y sin descanso. La realidad es que la ratio es de un trabajador para unos 100 o 120 internos”, aseguraron.

El grave problema es que desde huesos de jamón con los que fabrican cuchillos, teléfonos móviles ocultos en lámparas, zapatillas y botes; como también todo tipo de droga escondida en los pañales de los menores, entran a diario en las cárceles españolas sin que nadie ponga coto a tal desmán y despropósito.

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